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ASSINATURA CONVIDADA
Iván de la Nuez, ensaísta, comissário de exposições e colaborador do diário El País, foi director do Centro de Imagen La Virreina de Barcelona até há algumas semanas e trabalha actualmente como Director de Actividades Culturais do Centro de Cultura Contemporánea (CCB) na mesma cidade. Nasceu em Cuba.

ALCÁÇOVA
“Ao entardecer cheguei aos amados muros da minha cidade. Doía-me todo o corpo, como se me tivessem batido. Vinha desassossegado e abatido, mas encontrei a calma quando cheguei finalmente à margem do Guadiana, contemplando o céu alaranjado que se abria infinito diante dos meus olhos, cortejando os regatos e as frondosas alamedas. Oh, Badajoz é maravilhosa! A alcáçova descansava serena na sua colina, dourada pelo sol do fim do dia, deixando-se acariciar pela brisa suave do poente.”

REGRESSO AO ESSENCIAL
O que fica depois de raspar, de eliminar a pintura que sobra? Resposta: a essência, o valor da sinceridade, o mais primário, a natureza, a intimidade. E o neo folk ou neo country de raiz norte-americana, nas suas mais distintas versões, está relacionado com tudo isto. Na Estremadura existem muito bons exemplos.

ENRIQUE DÍEZ-CANEDO, A VISITA DO SOL
Um dos grandes nomes da cultura estremenha e espanhola. Em 1909 e até 1911, muda-se para Paris, onde aprofunda os seus conhecimentos de poesia francesa e das correntes literárias da época. Com a República e depois de uma estadia em Montevideo, é nomeado embaixador em Buenos Aires, destino que aceita como mais uma mostra do seu compromisso como cidadão. Em 1938, em plena Guerra Civil, cansado e entristecido, instala-se no México, como professor.

UMA VIAGEM AO CORAÇÃO DA EXTREMADURA
Uma viagem pela história e lendas da Estremadura… são as minas e grutas da região, vestígios de um passado longínquo que contam mais do que calam, que nos sugerem respostas sempre desejadas. Falam-nos de seres humanos que há 7.000 anos praticavam canibalismo perto de Fuentes de León. De leões que vagueavam perto do que hoje é Cáceres, há 350.000 anos atrás. Ou da presença do mítico Hércules fundando Hornachos.

UM ESCRITOR LONGE DE CASA
É um dos escritores estremenhos mais interessantes das últimas décadas. Não vive na Estremadura, mas sim nos Estados Unidos, desde onde conseguiu que a sua sugestiva obra seja conhecida e apreciada em toda a Espanha. Jesus Torrecilla, que nasceu em Villar del Pedroso em 1954, deixou a Estremadura aos 10 anos de idade, para viver primeiro em Toledo, Madrid, Santiago, Santa Cruz de Tenerife e Santander e depois em Munique (Alemanha), Baton Rouge e Los Ángeles (Estados Unidos). Mas ainda mantém em Villar del Pedroso a casa que herdou dos seus pais e, fielmente, volta a ela todos os verões.

CENATIC, IDEIAS 100% LIVRES
Centro Nacional de Referencia de Aplicación de las Tecnologías de la Información y la Comunicación basadas en fuentes abiertas. Trata-se de uma fundação pública estatal constituída pelo Ministério de Industria, Comercio y Turismo e pela Junta de Extremadura, na qual também participam os governos autónomos da Andaluzia, Astúrias, Aragão, Cantábria, Catalunha e Baleares e as empresas Atos Origin, Sun Microsystems, Bull, Telefónica e a Sociedad de Gestión Pública de Extremadura (Gpex). É o único projecto estratégico espanhol em matéria de software open source.

CURRO VELÁZQUEZ, GUIONISTA E PRODUTOR EXECUTIVO
Êxitos recentes do cinema espanhol como Fuga de cérebros têm a sua assinatura polifacética: foi co-produtor executivo, guionista e coordenador da promoção desta longa-metragem. Tinha experiência: antes já tinha trabalhado nos guiões de três recentes séries televisivas espanholas de sucesso: Los hombres de Paco, Los Serrano e Periodistas. Ou em programas tão conhecidos como Homo Zapping ou El Show de Flo.

CÉSAR, O AFINCO DE UM DESPORTISTA
“Eu era um miúdo normal, dos que jogam futebol ao fim da tarde, depois de sair da escola. Até que um dia o futebol deixou de ser um jogo para se converter numa profissão. Nem sequer sabemos porque terminamos por dedicar-nos a isto.” César Sánchez Domínguez (Coria, 1971) explica a sua aterragem no futebol profissional, há vinte anos. O seu lugar no campo é a baliza e nestas duas décadas defendeu a do Real Valladolid, do Real Madrid, do Zaragoza, do Tottenham Hotspur e do Valencia Club de Fútbol, a sua equipa actual, com a qual acaba de renovar o contrato até 2010.

Traducción de Mónica Martins

PRESENTACIÓN

La Extremadura moderna nacida de la Democracia y la Transición está organizada en una “red” de comarcas que no todos conocemos suficientemente bien. Una estructura que ayuda a la vida diaria de los ciudadanos, y también a la Administración en su tarea. Este número especial de Imagen de Extremadura quiere “presentar” a sus lectores, sobre todo a aquellos que a menudo se han preguntado por esa estructura, todas las comarcas de la Extremadura actual. Algo así como un mapa de imágenes sobre el mapa geográfico y la realidad.

Queremos agradecer el trabajo de tantos y tantos medios de comunicación, así como diputaciones, ayuntamientos, mancomunidades, grupos de acción local y amantes de la historia y la cultura regionales, cuya información, bien en comunicación personal bien a través de la lectura de sus publicaciones, webs o reclamos publicitarios -sobre todo en lo que respecta a los textos que aquí aparecen, muchas veces extractados de otros más amplios-, es la base de este número especial, cuya lista de referencias y agradecimientos ocuparía varias páginas. El esfuerzo de todas estas personas, muchas veces tan entusiasta como anónimo, tiene aquí también su homenaje.

01 LAS HURDES

Las Hurdes es una comarca más hermosa que fabulosa, en el sentido que algunos han querido darle a esta palabra: misteriosa. Ríos transparentes
y serpenteantes en las zonas de montaña, flanqueados por choperas y alamedas bellísimas, grandes extensiones repobladas con pinos (ya desde la posguerra civil) y los más hermosos y delicados bosquecillos, vaguadas y bancales que conservan aún la vegetación original.

02 LÁCARA

Posee dos zonas bien distintas, como son las vegas del río Guadiana y las zonas de dehesa y bosque mediterráneo. En cada una de ellas predomina un tipo de vegetación propio de ese ecosistema, con su fauna característica. Entre los ecosistemas podemos hablar de: encinares y alcornocales densos con matorral y vegetación arbustiva y herbácea del bosque mediterráneo; de encinares y alcornocales clareados, es decir, adehesados con escaso matorral; y de zonas semiesteparias de pastos con matorral mediterráneo de porte bajo.

03 MONFRAGÜE

Como eje de la comarca, el Parque Nacional de Monfragüe, que representa uno de los enclaves más extensos y representativos de bosque y matorral mediterráneo. Fue el primer espacio natural protegido en Extremadura. Esta área natural puede considerarse como un valle surcado por los ríos Tajo y Tiétar. Monfragüe es de una gran “simplicidad” orográfica: el Tajo flanqueado por pequeñas alineaciones montañosas paralelas como eje longitudinal y extensas penillanuras cubiertas de dehesas a norte y sur. Es en el eje central montañoso donde se localiza la mayoría de nidos de las aves rapaces que han dado fama a este lugar y reciben visitantes de todo el mundo.

04 OLIVENZA

Es uno de los territorios más singulares y menos conocidos de la región. Está compuesta por once municipios: Alconchel, Almendral, Barcarrota, Cheles, Higuera de Vargas, Nogales, Olivenza y sus pedanías, Táliga, Torre de Miguel Sesmero, Valverde de Leganés y Villanueva del Fresno. Su paisaje ofrece suaves lomas y llanos, salpicados de encinares interminables, dehesas, pastizales y campos de cereal; es, además, una comarca ribereña, muy marcada por el río Guadiana.

Como su nombre indica, se encuentra en el suroeste de la provincia de Badajoz. Cuenta con algunas de las más pobladas y singulares dehesas de la región, y con densos bosques que ofrecen enclaves que parecen todavía vírgenes. “Pasa” por ella la famosa Sierra Morena, con picos como La Mira, en Salvatierra de los Barros, o Santa María, en Salvaleón. Pero no sólo hay montañas, sino también muy hermosos ríos, como el Ardila, el Bodión, el Zaos o el Godolid. Fregenal de la Sierra o Jerez de los Caballeros son, sin duda, dos de las más bellas localidades de la región.

El elemento vertebrador del paisaje de la zona, el río Guadiana, gracias a una importante infraestructura de canales y acequias, es el recurso natural sobre el que se ha cimentado toda la riqueza agrícola de esta comarca. Ello ha favorecido el potencial económico de dos centros comerciales tan relevantes como Don Benito o Villanueva de la Serena, que gracias a su ventajosa posición geográfica, han hecho de las Vegas Altas una de las comarcas con mayor proyección y riqueza de Extremadura.

El agua es la principal riqueza de esta zona, generando paisajes tan espectaculares, y hasta hace poco secretos, como Los Canchos de Ramiro. Pero también hay en ella admirables espacios construidos por la mano del hombre, como la hermosa localidad amurallada de Galisteo, o la también amurallada, y aún más célebre -gracias sobre todo a su catedral y a su casco histórico- Coria, que es, sin duda, uno de los ejes, por número de habitantes y por situación geográfica, de esta comarca.

Una comarca con un territorio de 2.500 kilómetros cuadrados habitada por unos 40.000 habitantes. Una comarca donde podemos ver paisajes muy distintos: llanos para el cereal, dehesas, fértiles campos de regadío. Donde poblaciones como Miajadas o Trujillo bordean los 10.000 habitantes y otras como Santa Cruz de la Sierra, Villamesías o Alcollarín no llegan a los 500. Una comarca “construida” en y con la riqueza que ofrece la diversidad.

09 LA VERA

Los pueblos de esta comarca están situados en la vertiente sur de la Sierra de Gredos, lo que ha determinado el clima y el medio natural característicos de este territorio. Hacia el sur se encuentra el río Tiétar, en el que desembocan las gargantas y arroyos que nacen en la sierra. Su economía ha dejado de ser eminentemente agraria para dedicarse al turismo.

La Sierra de Gata es una de las sierras que componen el Sistema Central. Sus cumbres marcan el límite entre las provincias de Cáceres y Salamanca. Al oeste se encuentra Portugal, y otra conocida sierra: la de la Estrella. Se trata de una de las comarcas más hermosas de Extremadura, y quizá por su alejamiento del centro de la Península haya podido conservar muchos de sus atractivos sin los estragos del desarrollismo o del turismo incontrolado.

La Sierra de Montánchez, que separa las cuencas del Tajo y el Guadiana dibujando una línea divisoria entre las dos provincias extremeñas, ofrece al visitante una naturaleza en armonía con sus aprovechamientos tradicionales agrícolas y ganaderos. Su Historia es rica y variada, pues en esta zona dejaron sus huellas lusitanos, celtas, romanos, visigodos, árabes… Desde el castillo almohade de Montánchez, una de sus poblaciones más conocidas y hermosas, puede divisarse toda la riqueza paisajística de esta comarca.

Sabemos de los primeros asentamientos humanos en esta comarca gracias a las pinturas rupestres de Berzocana y Cañamero, los verracos de Carrascalejo, el castro de La Coraja en Aldeacentenera y el llamado Tesoro de Berzocana. Y a partir de ellos, la Historia fue tan compleja como fértil, dando lugar a hechos y creaciones de primera magnitud, como el Real Monasterio de Guadalupe, declarado Patrimonio de la Humanidad y, sin duda, uno de los emblemas de la España de su época y de la Extremadura actual.

Alguien escribió en el pasado que ésta es tierra de miel y lana, de leche, higos y almendras. Luego se sumaron el tabaco y el pimentón. La comarca de Campo Arañuelo limita al sur con Los Ibores; al norte con el río Tiétar, que la separa de La Vera; al oeste con el Parque Nacional de Monfragüe y, otra vez, el Tiétar; al este, se convierte en el límite, en otra Raya, de Extremadura.

Está situada en el sudeste de la provincia de Badajoz y es vecina de las de Córdoba y Sevilla. Quizá sea una de las comarcas menos conocidas de la región, pero es, sin duda, una de las más atractivas, con un patrimonio histórico-artístico riquísimo: desde el menhir prehistórico de la Cardenchosa a los conjuntos arquitectónicos de Llerena, Berlanga o Azuaga, pasando por el teatro romano de Casas de Reina, la necrópolis visigoda de Maguilla o el castillo medieval de Villagarcía de la Torre.

Esta comarca, conocida sobre todo por las ruinas romanas de Cáparra y el bellísimo pueblo abandonado de Granadilla (con una magnífica rehabilitación) la componen quince pequeños municipios, enclavados en una zona llena de atractivos naturales: Ahigal, Cabezabellosa, Cerezo, La Granja, Guijo de Granadilla, Jarilla, Marchagaz, Mohedas de Granadilla, Oliva de Plasencia, Palomero, La Pesga, Santa Cruz de Paniagua, Santibáñez el Bajo, Villar de Plasencia y Zarza de Granadilla.

16 TENTUDÍA

Esta comarca está integrada por municipios que forman parte de dos zonas naturales del sur extremeño: la Sierra y la Campiña, lo que ha originado desde antaño importantes rasgos diferenciales entre unas y otras localidades. La parte occidental (Bodonal de la Sierra, Segura de León, Fuentes de León, Cabeza la Vaca) ha estado tradicionalmente vinculada a Fregenal de la Sierra y al modelo económico de aprovechamiento de la dehesa y el monte, mientras que los municipios orientales (como Bienvenida y Montemolín) están más cercanos a Llerena, con la que comparten los grandes llanos cerealísticos propios del sureste extremeño.

17 LA SERENA

Cuatro biotopos vertebran este territorio sorprendente por su variedad y de gran relevancia medio ambiental: sierras, dehesas, humedales y zona esteparia. Del enebro, el cantueso o la jara a la encina, pasando por el brezo y el madroño. Y una fauna espectacular, sobre todo en lo referente a las aves: cigüeña negras, grullas, águilas reales y perdiceras, buitres, alimoches…

Este enclave, que cuenta con un benigno microclima, es uno de los valles norteños más conocidos de Extremadura, con localidades ya famosas hace siglos y a las que llegan viajeros de todo el mundo, como Hervás o Baños de Montemayor, dos relevantes a la vez que discretos y encantadores centros turísticos. Atravesado por la famosa Ruta de la Plata o por las Cañadas Reales Soriana-Occidental y Vizana ha sido siempre lugar de paso, de ahí en buena medida su riqueza.

Uno de los aspectos más importantes de esta comarca de paisajes variados, que cuenta con localidades tan atractivas y diferentes como Hornachos (una de las poblaciones más singulares de toda la región) o Almendralejo (Ciudad Internacional del Vino), es sin duda, su riqueza en productos agroalimentarios como el vino, el aceite y la aceituna.

20 LA SIBERIA

Esta comarca, cada vez más apreciada por viajeros de toda Europa, ofrece grandes atractivos naturales y paisajísticos, con la magnífica Reserva de Cíjara (uno de los espacios naturales más hermosos de Extremadura) como centro imaginario de la comarca, que cuenta con localidades con tanta historia como Herrera del Duque o Siruela. Además, junto a la vecina comarca de La Serena forman el territorio con más kilómetros de costa interior de España.

Comarca fronteriza con Portugal que ofrece hermosísimos paisajes a lo largo de su territorio. Territorio que ha sido habitado desde el Neolítico o el Calcolítico, como así lo atestiguan la gran abundancia de restos pertenecientes a estas épocas que han sido encontrados por toda la comarca, entre otros: ajuares, puntas de flechas y numerosos objetos de caza, además de un gran conjunto megalítico compuesto por unos 50 dólmenes y considerado uno de los mejores conjuntos de Europa.

Fueron los árabes quienes dieron nombre al río que dio nombre a su vez a este valle. El término “Xerit” ofrece varias interpetaciones etimológicas: “río angosto” o “río cristalino”. En todo caso, las dos sirven para el Jerte, que sólo parece ensancharse al acercarse ya a Plasencia. Pocos lugares de Extremadura son tan conocidos en todo el mundo como este valle poblado de esos miles de cerezos que florecen al llegar la primavera.

Esta extensa comarca, llena de encantos, parece, vista desde el cielo, un mosaico de tierras de cultivo, pastizales y dehesas arboladas. Fuera de nuestras fronteras, muchos la conocen por joyas como el famoso puente de Alcántara, la prestigiosa Torta del Casar, la magnífica plaza de Garrovillas o el paraje de Los Barruecos, donde se encuentra el Museo Vostell Mapartida de Cáceres.

Algunos viajeros conocen esta comarca por castillos como el de Feria, el de Medina de las Torres o el de Valencia del Ventoso; otros por las plazas -Grande y Chicha- de su localidad más conocida, Zafra, “la pequeña Sevilla”. Pero también son famosos algunos de los “productos” que ofrece su naturaleza, que nacen en ella o se alimentan de ella: la ganadería ovina y porcina y sectores como el de la vid o el olivo.

Nº 16

En el segundo número de esta nueva etapa de la revista -con un importantísimo crecimiento no sólo en la distribución “externa”, sino también en el número de lectores que la reciben en sus propios domicilios: ¡15.000 direcciones de correo postal!-, seguimos creciendo en una saludable ambición para ofrecer lo mejor a nuestros lectores: en esta entrega llegamos hasta el cielo. Sí, porque ofrecemos una inédita visión de Extremadura desde el espacio para luego sumergirnos en la red de redes, Internet, a explorar las nuevas culturas del blog y las redes sociales.

Pero también hay espacio para los nombres propios: la figura ya clásica del poeta Jesús Delgado Valhondo y la juventud del arquitecto Modesto García Méndez.

Y para algunas señas de Extremadura: su cultura arquitectónica de edificios indestructibles, de raíz tan ecológica como su agricultura en auge.

Por último, pero con no menos importancia, un extremeño del mundo, también reconocido en su tierra, a la que tan ligado está: el pintor Eduardo Naranjo.

A comienzos de los años 80, recién estrenada la autonomía de la región extremeña, tuvo lugar en la universidad de Cáceres un encuentro de filósofos en torno a la figura del pensador alemán Martin Heidegger. Al mismo acudimos unos pocos recién licenciados de la universidad de Madrid, y los tres filósofos de referencia del panorama español: José Luis López Aranguren, Javier Muguerza y Emilio Lledó, y fue organizado por el recién nombrado catedrático de Filosofía de la universidad cacereña, Isidoro Reguera, que a su vez era el referente español del filósofo austriaco Ludwig Wittgenstein. Un poco raro todo para tratarse de los años 80, más raro aún para tratarse de Extremadura. La participación fue absolutamente excepcional no sólo por la masiva asistencia de los jóvenes, sino, y sobre todo, por su ardor y entusiasmo. Claro que a la perplejidad por el debate filosófico de las aulas, se sumaba la “marcha” de las noches extremeñas, donde continuaba el mismo ardor y el mismo entusiasmo. Todos, profesores y alumnos, mezclados con todos; se debatía, se comía (¡qué quesos, qué embutidos!), se oía música, se bebía, y allí no se acostaba nadie. O mejor, no se acostaba nadie con la misma pareja con la que había llegado, ni lo hacía desde luego en las horas previstas para el sueño. El ambiente preludiaba el afán juvenil por pasar toda la noche en vela que bastantes años más tarde cundió en Madrid y en el resto de las ciudades españolas, pero entonces, ver a todos aquellos jóvenes adueñados del casco antiguo de una ciudad como Cáceres, repleta de casas y palacios renacentistas, de una monumentalidad y belleza tan extraordinarias como inesperadas, volvía a suscitar en el visitante la sensación de lo raro, muy raro para tratarse de los años 80, más raro aún para tratarse de Extremadura.

Claro que ya en el siglo XVIII lo anunció el ilustrado Antonio Ponz que, en su ambicioso Viaje por España, sentenciaba después de recorrer la región: “las cosas de Extremadura son muy ignoradas”. Y así se entiende, por la inexplicable ignorancia hacia estas tierras de cerros azules, montes bajos y verdes dehesas, el tradicional olvido sufrido por la región. Hay palabras vinculadas a esta tierra que en el imaginario infantil de los años 50 y 60 tenían una resonancia inquietante y por momentos terrible. Era imposible no haber escuchado algo relacionado con la sangrienta represión en Badajoz durante la guerra del 36, o la sola mención de Las Hurdes suponía la evocación de la miseria, aunque también de un misterio porque, según el niño había oído referir, si el caminante o viajero preguntaba cómo llegar, la respuesta era: “Más adelante”, y cuando volvía a preguntar avanzados unos kilómetros, la respuesta era: “Las ha dejado atrás”, porque nadie quería pertenecer a esas tierras de hambre. También estaba el gracioso nombre de Las Batuecas, un lugar, junto con Babia, vedado para la imaginación infantil. O el de Alburquerque que no se sabe por qué sonaba a fortaleza pirata, o Viriato, el héroe entre los héroes, o alcornoque, la palabra que señala al árbol protagonista del campo extremeño junto a la encina y que aún hoy es sinónimo de zoquete. Pero todo eso pertenece ya a otras épocas. Hoy poca gente ignora que Extremadura es un privilegio y su deslumbrante patrimonio artístico ya está puesto en valor. Los extremeños son gente acogedora, hospitalaria y generosa, han llevado con serenidad su pasado y miran con la misma serenidad su futuro, lo que les permite no equivocarse o equivocarse poco. Poseen además la rara cualidad de la curiosidad. ¿O hay que recordar la impresionante nómina de conquistadores que partieron de estas tierras con el afán de encontrar otros mundos? Hermanos de nuestros admirados portugueses, poseen su mismo carácter atlántico, que les hace mirar al horizonte más que a sí mismos, y si entonces fue el afán de aventura lo que les lanzó al descubrimiento de otras tierras, hoy su afán les proyecta a subrayar otras aventuras culturales más allá de la propia.

Quería haber empezado este artículo hablando de una aventura cultural, la de los Premios Extremadura a la Creación, que conozco bien por pertenecer a uno de sus jurados desde hace años. Sin embargo, las digresiones en torno a los propios recuerdos vinculados a Extremadura han hecho que me quede poco espacio para valorarlos, aunque de las cosas bien hechas tampoco hace falta decir mucho: hablan por sí mismas. Este año se cumplen diez desde su creación y lo que sí creo que puede afirmarse es que estos premios pueden considerarse hoy como la moderna conquista cultural extremeña. Si lo que valora y legitima a un premio es su nómina de premiados, la sola mención de algunos de ellos da idea de la calidad de esa conquista. António Lobo Antunes, Juan Marsé, Rafael Sánchez Ferlosio Álvaro Siza, Gilberto Gil, Eugénio de Andrade, Ernesto Sábato, Juan Goytisolo, Eduardo Lourenço, Tomás Segovia, Alicia Alonso, Enrique Morente, la lista es larga e impecable. Nombres poco manoseados por campañas de promoción, nombres por tanto no previsibles en las nóminas de los variados premios del panorama nacional, pero nombres que escriben la historia de las letras y las artes. Lo mismo cabe decir de las modalidades referidas a los creadores de la región: su nómina muestra la sensibilidad y el paisaje intelectual de una tierra.

Feliz cumpleaños y feliz continuidad de estos premios, hoy somos nosotros, el resto de España, los que no podemos ignorarlos.

María Luisa Blanco, ha sido directora de, entre otros, los suplementos culturales de los diarios ABC y El País. Actualmente es directora de publicaciones del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

Una vida de campesino, recuerda Eduardo Naranjo de la España de posguerra, en los años finales de la autarquía. A él, hijo de labradores nacido en Monesterio en 1944, le aguardaba el campo, la tierra. Era impensable entonces que un niño como él pudiera elegir una ocupación artística. Así que su caso-”una cuestión de vocación” que se manifestó en la infancia-dependió de la “fortuna, de la casualidad”.

TEXTO: Liborio Barrera

“Como le ocurrió a Caravaggio cuando Cimabue lo descubrió. Mi Cimabue fue Eduardo Acosta”, cuenta el artista extremeño. Acosta, un pintor de Villagarcía de la Torre y docente en Sevilla, pasaba temporadas en Campanario y descubrió algunos de los dibujos de Naranjo en 1957. Sorprendido por su calidad, “le dijo a mis padres que me veía un futuro de pintor. Y ahí empezó mi historia”.

La historia de Eduardo Naranjo, uno de los nombres relevantes de la cultura extremeña, uno de los más internacionales, siguió desde ese descubrimiento inicial los pasos de cualquier artista en cualquier tiempo: formación académica, viajes, definición de un estilo, exposiciones (colectivas, individuales), acogida crítica, cotización, reconocimientos.

El apoyo inicial del Ayuntamiento de Monesterio, que le concedió una ayuda de 5.000 pesetas, el aliento de Acosta y la propia disposición del incipiente pintor acabaron convenciendo a los padres, que “vieron que ese niño podía llegar a trascender el oficio de campesino y ser un artista, aunque entonces se decía que los artistas pasaban hambre”.

Sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla (1960), donde descubrió a Murillo, “algún Velázquez”, a Zurbarán, y un año después en la Academia de San Fernando de Madrid, conformaron a un creador insatisfecho, a la busca de un trazo propio, que derivó (en pinturas, murales, grabados) en “un expresionismo colorista, neofigurativo” y más adelante en la abstracción.

París, después del 68
“Allí tomé contacto con el arte moderno. En los estudios que había hecho en España se llegaba hasta Picasso, ni siquiera entraba Miró. Después del impresionismo poco más había”. Un año después del Mayo del 68 en las calles de París, “los jóvenes creían aún que podían intervenir en los cambios del mundo”. Naranjo, que había sido becado por la firma Castellblanch, entró en la capital francesa en contacto con pintores, escritores, conoció de cerca los impresionistas, el arte de vanguardia. Pero tuvo “una reacción extraña. Pasé por un periodo de reflexión y volví de nuevo al realismo, a un realismo simple, con motivos rurales, de mi pueblo. Tomé una clara conciencia de que debía ser yo mismo. Sí, pintaba, hacía cosas bellas, disfrutaba; pero se confundía con lo que hacían otros jóvenes. Y el arte moderno tenía mucho de normas y estilos que había que seguir, y también una falta de autenticidad. De manera que volví a mi seno, a mí mismo. Y a partir de ahí he realizado una obra mía, sentida y sincera”.

De la oscuridad a la luz
De regreso a España, emergieron –“de mi subconsciente, impremeditadamente”– los motivos que dominaron sus cuadros durante más de una década: el mundo rural, el mundo onírico, de pesadilla, personajes del pasado, una especie de España en negro –de símbolos religiosos, con un ambiente de destrucción–. “Yo había sido una persona contenida, solitaria, introvertida, y a partir de ello había pintado. Quizá ahí se refleje una añoranza por el mundo perdido, a la manera de Proust, y el peso de las ausencias de gentes que conocí y que me afectaron. Ésa es una obra más compleja, más retorcida, asfixiante”. Expuso su primera muestra realista en 1972 (galería Loring de Madrid), ganó en 1974 el premio Luis de Morales de Badajoz con Sueños blancos. Intervino en exposiciones como Obras pequeñas de grandes maestros o El dibujo en el arte en la galería Kandinsky de Madrid en 1977, y en individuales como la de 1979 en la galería Biosca, también en Madrid. Un año después en Basilea. A mediados de la década de los 80 se produjo una mutación. En realidad, “una evolución –explica–. Me abrí a otros mundos, como muestro en El sueño con las musas, y derivé hacia una pintura más luminosa, que abarcaba la vida como es en sí. Poco a poco empecé a vivir más relajadamente, de un modo menos opresivo. Y esto se refleja en un artista sincero como yo. Fui experimentando hasta llegar al naturalismo de mi pintura actual”. Fueron los años del descubrimiento del mar, de Desnudo de hombre en el mar Menor (1984-1987), de Vista del mar en Santiago de la Rivera (1985), los de encargos para el teatro (La casa de Bernarda Alba, Hazme de la noche un cuento), para particulares –el extremeño Antonio Hernández Gil, que fue presidente de las Cortes–, los de los grabados de Poeta en Nueva York, de Lorca, los del reconocimiento –designación como académico de la Real Academia de las Artes y de las Letras de Extremadura, Medalla de Extremadura, inauguración de una calle con su nombre en Monesterio, académico de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría–, y como resumen la exposición retrospectiva de 1993 en el Centro de la Villa de Madrid, que pudo verse en Cáceres y Badajoz. En 2002 volvió a condensar su vida pictórica en otra exposición antológica de 128 obras. El artista que hoy pisa disciplinadamente su estudio madrileño es ése, reposado, tranquilo que en sus obras recientes dialoga con sus maestros: una Tauromaquia, en la que ha tenido en cuenta a Goya y la tradición pictórica, porque Naranjo no es muy taurino. O el que vuelve la mirada a su pueblo –“Nunca he perdido el contacto con Extremadura, porque el hombre es recuerdo, no un recuerdo añorante sino de lo que es, de lo que empezó a ser en ese lugar”– y pinta dos cuadros que parecen a la vez rurales y urbanos: paredes blancas traseras de una vivienda, antenas de televisión en el horizonte, un cielo de amanecida. O el que anuncia una próxima exposición en China posiblemente con Antonio López y un alumno chino de éste…

El artista por sí mismo
Y como el contemplativo que es, él mismo en el cuadro. Desde los 18 años, cuando se pintó por primera vez, “todo vitalidad y juventud” –aún conserva ese dibujo– hasta la última mirada este mismo verano, Naranjo ha ido plasmando su cuerpo o fragmentos de su cuerpo –una mano, un pie–, o usándose como fondo o personaje del cuadro. “Lo han hecho pintores como Goya o Rembrandt. Y bueno, uno es el modelo que tiene más a mano. Y hay en esa decisión como un deseo de conocerse, de contemplar en uno la huella del tiempo, de manera que me he visto envejecer pintándome.” En alguna ocasión escandalosamente, dice recordando con una sonrisa Yo pintando en julio el cráneo de un perro (1985-1991), en el que aparece desnudo. “Tal vez hay algo de narcisismo, sí; pero la composición me lo pedía.” “Es –concluye– una experiencia fascinante verse madurar, cómo tu cara juvenil, que no significa nada, solo juventud, cambia y se va cargando de vivencias.”

TEXTO: Jesús Sánchez Adalid

Sabed señor clavero que me adelanté con mi hueste hasta el pie de la sierra donde se asienta la plaza de Trevejo, para cumplir con el mandato de nuestro señor el rey de Castilla, según carta enviada a nuestro sacro convento de San Benito, en la que mandaba que vos dispusierais lo más oportuno para tomar con eficacia el citado castillo, y ponerlo libre de las manos de fray Diego Bernal y su gente, quienes con tanta deslealtad a las sagradas leyes de nuestra santa orden de caballería y gran desobediencia a los mandatos de nuestro señor el Rey han desoído a los muchos mensajeros enviados con severas órdenes de entregar las rentas debidas de la dicha fortaleza y sus territorios.

Con esto, llevé conmigo quinientos hombres de Trujillo muy curtidos en guerras y prácticos en el asedio de fortalezas, así como a un considerable número de peones y gentes de estos campos que me resultaban muy útiles en cortar árboles y componer los aparatos necesarios para escalar las murallas; y con ellos y con más de un centenar de leales y aguerridos caballeros llegueme hasta la falda de la loma de Trevejo. Allí nos recibieron sin miramientos ni afán alguno de conversaciones y componendas, por mucho que mandé a unos mozos a que les llevaran una vez más vuestras órdenes y condiciones a fray Diego Bernal. No sólo no atendieron a mis recomendaciones, sino que nos despacharon con voces de agravio y una lluvia de piedras y saetas que nos obligó a poner tierra de por medio y guardar distancia entre los primeros muros y la pendiente, que es muy repentina.

Desde un llano incómodo, pedregoso y muy poblado de tupidos rebolledos, dispuse que se comenzaran los trabajos, sin que nos tomáramos descanso, turnándose los hombres día y noche para tener muy bien cercada la plaza y no darles oportunidad de salir a reunir provisiones ni intentar buscar socorro en las vecinas tierras del reino de León, según vos dispusisteis en vuestra carta, mi señor clavero: “Hágase todo con mucha premura y sin dar ocasión de que se aprovechen los enemigos de nuestro señor el rey de Castilla de esta deslealtad y traición grande a su corona…”.

Conocidas son en todos estos señoríos las desavenencias que existen entre vos, mi señor clavero, y fray Diego Bernal; por lo que muchos caballeros y señores vecinos andan divididos y dispuestos a tomar las armas a favor de una causa u otra, a más de los oportunistas y aprovechados que están mirando como buitres desde sus atalayas, a ver las tornas, para echarse hacia un lado u otro según les resulte más rentable; que ya venían de tiempos atrás los pleitos, nada menos que desde que les fueron tomados estos montes a los agarenos.

Mas no les dimos tiempo para que pudieran reunir partidarios y provisiones. Únicamente los habitantes de la zona se apresuraron a refugiarse en el castillo, aportando toda la comida que tenían en sus graneros y despensas, el ganado y los objetos valiosos; como también las armas; de manera que no hallamos en muchas leguas gentes ni alimentos ni pertrechos. Pero como resulta que el castillo de Trevejo no es muy grande, al cumplirse la primera semana todo ese gentío empezó a asfixiarse dentro, por ser el calor del verano muy grande, los muros altos y los espacios reducidos. Debió don Diego y sus leales barruntar que el asedio se presumía que fuera largo, así que echaron fuera una mañana a los campesinos y los pastores, los cuales corrieron ladera abajo gimiendo desconcertados, muertos de miedo, pues suponían que nuestros hombres se vengarían en ellos. Mas dispuse que se les dejase ir en paz, advirtiéndoles que en adelante aquello sería ya dominio de su legítimo dueño, nuestro señor el rey de Castilla y que todas las rentas debían ir al administrador natural de la plaza, que es el clavero de nuestra Orden de Alcántara. Vos, mi señor fray Alonso de Monroy.

Contándose ya nueve días de asedio desde nuestra llegada, mis astutos centinelas se percataron de que algunos jinetes habían corrido por unos derroteros entre guijarros, seguramente escapados del castillo por algún túnel o puerta secreta. Echados en persecución mis hombres a los bosques, dieron con un muchacho de poco más de quince años, cuyo caballo se había tronchado una pata a dos leguas del castillo, en las pasaderas que cruzaban un arroyo.

Preguntado allí mismo al mozo cuál era su misión y a quién iba a pedir socorro para los castellanos, pronto dijo que nada menos que al maestre Mayor de Alcántara.

Alentado por tal noticia y temiendo que se complicaran más las cosas, dispuse inmediatamente el asalto la plaza para esa misma noche. Y debió Nuestro Señor estar servido de ponerse a favor nuestro, pues no bien amanecía cuando los de dentro traicionaron a fray Diego Bernal y nos franquearon las puertas.

Señor, este castillo de Trevejo resulta formidable, todo él de oscura piedra; una fortaleza diferente, original, de gran personalidad. En su altísimo cerro que domina páramos, huertas, vides, barbechos y bosques. Es un lugar impregnado de recuerdos y de añeja soledad. Los paredones son recios, hechos de graníticos sillares de limpias aristas cuadrangulares. La torre principal es como un espectro estático que se recorta en las alturas, y el resto de los recintos se desparraman irregularmente hacia las laderas, donde se abren antiquísimas tumbas anónimas escavadas en la roca viva, en torno a una vieja iglesia. La aldea pequeña tiene hermosas casitas de piedra y forma un conjunto perfecto. Más abajo, sorteando un valle, que es como una hendidura en la sierra, contempla uno la nobilísima Villamiel que blanquea la falda de un monte frondoso. ¡Qué visión tan completa!

Ya sabía yo mi señor clavero que estas comarcas próximas a la episcopal Coria habían tenido una Reconquista singular, pero no pensaba que la cosa llegó a tanto. Confluyeron aquí las órdenes militares de una manera sorprendente, sobre todo en aquellas feroces guerras contra los sarracenos almorávides y almohades, como avanzadilla arriesgada en territorios que durante un largo periodo fueron “tierra de nadie”, en el peligroso juego de vaivenes, idas y venidas, pérdidas y recuperaciones que se daba entre moros y cristianos. Después de la derrota de Alarcos, posiblemente regresaron los agarenos a muchos de sus dominios en aquellos montes amparándose en el empuje almohade. Pero la conquista definitiva de Coria por Alfonso VII el Emperador, y la restauración de la sede episcopal establecieron ya aquí un bastión cristiano que vino a variar el curso de las cosas. Llegaron las órdenes militares: los poderosos Templarios de Alconétar para controlar el portazgo del imponente puente romano en la Vía de la Plata; los freires de San Julián del Pereiro a Alcántara, nuestros nobles y venerables predecesores; los Fratres de la Espada, que después serán los de Santiago, a diversos lugares y la orden del Hospital de Jerusalén que se asentaron aquí, en las alturas de Trevejo.

Si como mandáis señor tenéis resuelto alzar el cerco de la fortaleza de Trevejo, de tal manera que la gobernéis en tenencia pacíficamente hasta que nuestro señor el rey de Castilla resuelva lo más oportuno en los pleitos pendientes, mandaré soltar los presos que en guerra fueron cautivados y pondré con mi hueste rumbo a la Ciudad de Coria.

Nota a este relato
La alta nobleza española se enfrentó al rey de Castilla Enrique IV (1454-1474) porque dispuso que sus principales colaboradores fueran escogidos entre personas que no tenían gran relevancia social. Ante esto, apoyan a su hermanastro Alfonso en la farsa de Ávila en 1465. Entre tanto, se produjo la guerra civil de la Orden de Alcántara, cuando el Clavero don Alonso de Monroy, que había ayudado a Enrique IV en las luchas contra su hermanastro, decide ser el aspirante oficial al cargo de maestre de la citada orden. El otro aspirante era Juan de Zúñiga, hijo de los condes de Plasencia. En las luchas entre el Maestre de la Orden de Alcántara y el Clavero de la misma fue tomado el castillo de Trevejo por fray Alonso de Monroy cuando éste se escapó de su presidio en el convento de Alcántara, arrebatándosela a fray Diego Bernal, comendador de la Orden de San Juan.

Posteriormente tuvo que devolver la fortaleza al Maestre una vez que el Rey se reconcilió con sus adversarios. Pero cuando surgieron de nuevo los problemas entre el Rey don Enrique IV y un grupo de nobles (Conde de Plasencia, Duque de Medina), este monarca le dio instrucciones al Clavero fray Alonso de Monroy, el cinco de junio de 1465, para que le arrebatase la fortaleza a Diego Bernal. Cuando el Clavero recibió las instrucciones juntó gente de guerra muy experimentada y se fue contra la fortaleza la cual tomó en una sola noche mediante escalas. Con este episodio, que realmente duraría pocos años, fue cuando estuvo el castillo de Trevejo en manos de la Orden de Alcántara.

Jesús Sánchez Adalid