Subscribe to Imagen de Extremadura

En esta entrega, no sólo miramos hacia la Raya con Portugal, sino hacia esas otras “rayas” que existen al sur, al norte y al este -quizá la más desconocida, y la que visitamos aquí con más detalle-. Tres miradas complementarias que bus-can algunos lugares representativos de esos puntos cardinales que merecen ser pensados con atención: por ello les dedicamos el dossier de este número.

RETABLO CURIOSO DE LA FRONTERA ORIENTAL
Textos: J.R. Alonso de la Torre
Extremadura limita al Noreste con Candeleda, que es un pueblo de Ávila que no lo parece porque huele a azahar y tiene avenidas flanqueadas por palmeras. En Candeleda se juntan el punto más alto de Castilla (Pico del Moro Almanzor, 2.592 metros) y el más profundo (pantano de Rosarito, 252 metros). Tiene 5.145 habitantes censados, pero en verano llega a 15.000 y se parece tanto a la Vera o Talayuela que su riqueza, además del turismo, se basa en el tabaco, el higo, el pimentón, el espárrago y el queso de cabra. Como casi todos los pueblos del Noreste de Extremadura, Candeleda ha bailado con dos provincias: perteneció a Toledo hasta que en 1833 fue adscrita a la provincia de Ávila. Sus vecinos solo van a la capital a hacer las gestiones obligatorias. Cuando el viaje no está marcado por la burocracia, prefieren acercarse a Talavera de la Reina.

Talavera es Toledo, pero se podría considerar medio extremeña, medio abulense y medio madrileña, una especie de tierra de todos. Podría decirse que Extremadura, por el Este, acaba en Talavera. Desde que el AVE empezó a acercarse a esta ciudad, la segunda más poblada de Castilla la Mancha (93.000 habitante censados), la construcción se ha disparado, pero los pisos no han multiplicado sus precios y se ha convertido en una opción interesante para los madrileños que viven en Móstoles o Alcorcón: venden sus pisos del Madrid periférico por 50, compran en Talavera por 30, viajan a sus trabajos en la capital en La Sepulvedana (6’15 euros trayecto y 85 minutos de viaje) y el fin de semana regresan a sus pueblos de origen en La Siberia, las Villuercas, el Tiétar o Plasencia, que les quedan a un paso.

Pero dejamos Talavera, descendemos hacia el sur y llegamos a uno de los enclaves más sobresalientes de nuestro retablo fronterizo oriental. Podríamos llamarlo el Treviño Extremeño o la Ruta de los Pueblos Renegados, pero para ser precisos, deberíamos referirnos a esta comarca como la antigua Villa de Naciados. La forman los pueblos cacereños de El Gordo y Berrocalejo y el pueblo toledano de Valdeverdeja.

Para ir a El Gordo y Berrocalejo hay que salir forzosamente de Extremadura, recorrer unos kilómetros de Castilla la Mancha y volver a cruzar la línea divisoria regional para regresar a Extremadura. La culpa de este rodeo la tiene el pantano de Valdecañas, que aísla estos dos municipios entre la región manchega y el embalse. Aunque un alcalde de El Gordo arrojó al fuego, durante una limpieza, la historia documental del pueblo, sabemos que perteneció desde la Edad Media, junto con Berrocalejo y Valdeverdeja, a la villa de Puebla de Naciados o Enaciados, que era la capital efectiva del Campo Arañuelo y englobaba también Talavera la Vieja, hoy desaparecida bajo las aguas del pantano.

Por aquí pasaba el Puente del Conde, en la calzada romana de Mérida a Zaragoza. Entre la reconquista de Toledo (1085) y la batalla de las Navas de Tolosa (1212), la comarca vivió su particular apogeo al ser frontera entre el reino aftasí de Badajoz y el reino cristiano de Alfonso VI. En ese periodo se funda la Puebla de Naciados. Sus habitantes eran llamados enaciados porque se dedicaban al tráfico de mercancías y a los negocios entre los reinos musulmán y cristiano.

Los enaciados eran considerados renegados porque, siendo súbditos del rey de Castilla, estaban muy unidos a los sarracenos por vínculos diversos. Los habitantes fronterizos de El Gordo, Berrocalejo y Valdeverdeja eran bilingües del romance y la algarabía, tenían cierta cultura y los reyes cristianos los utilizaban para labores diplomáticas y como traductores de sus embajadores a los reinos de taifas.

Tras la batalla de las Navas, la Puebla perdió su carácter fronterizo y los enaciados o renegados dejaron de tener utilidad política y comercial. Comienzan entonces un deambular histórico que los lleva de señor en señor. Dependerán de los castillos de Oropesa, Torrico y Alija, también de los Zúñiga placentinos. Pertenecerán a la provincia de Ávila. Después, una epidemia dispersará por El Gordo, Berrocalejo y Valdeverdeja a los vecinos de la Puebla de Naciados, que desaparecerá, heredando El Gordo el título de villa. En 1833, se acaba este peregrinar administrativo: Valdeverdeja pasa a Toledo y El Gordo y Berrocalejo, a Cáceres. Pero aún hoy, estos tres enclaves forman una especie de tierra de nadie vertebrada por una carretera donde nunca sabes si estás en Cáceres o en Toledo.

A un paso de Valdeverdeja está Puente del Arzobispo, otro pueblo curioso de la frontera oriental.

Ostenta la singular marca de ser el término municipal más pequeño de España: 1 kilómetro cuadrado frente a los 1.750 de Cáceres, el más extenso del país. El pueblo se fundó en 1383, cuando el arzobispo Pedro Tenorio construyó un puente sobre el río Tajo para que cruzaran por él los ganados trashumantes y los peregrinos a Guadalupe. El Puente del Arzobispo compite con Talavera por cuestiones ceramistas: ¿fue antes la cerámica talaverana o la del Puente, caracterizada por sus tonos verde, amarillo, naranja y, sobre todo, el azul conseguido a partir del cobalto que traían los arrieros desde las minas oscenses del valle de Gistaín? Sea como fuere, la industria ceramista del Puente está de capa caída. Hace diez años, había 80 fábricas en el pueblo. Hoy quedan unas 15.

Pero dejamos ya Toledo y en un rápido viaje hacia el Sur, llegamos a la frontera de Badajoz con Ciudad Real. Aquí está Helechosa de los Montes, que ostenta, con el vecino Villarta de los Montes, el curioso récord de ser el pueblo español más alejado de su capital provincial: está a 235 kilómetros de Badajoz. Helechosa está tan en la esquina que en su término municipal, en medio del pantano y de la fascinante reserva del Cíjara, se encuentra El cerro de las cuatro provincias, un islote donde en una célebre ocasión merendaron los gobernadores civiles de Cáceres, Badajoz, Ciudad Real y Toledo y, estando físicamente juntos, cada uno merendó en su propia provincia.

HELECHOSA DE LOS MONTES OSTENTA, CON EL VECINO VILLARTA DE LOS MONTES, EL CURIOSO RÉCORD DE SER EL PUEBLO ESPAÑOL MÁS ALEJADO DE SU CAPITAL PROVINCIAL: ESTÁ A 235 KILÓMETROS DE BADAJOZ

A pesar de las distancias y el aislamiento, en Helechosa hay ambulancia, médico y ATS las 24 horas, hace tiempo que consiguieron ver bien la televisión y tener cobertura de telefonía móvil y los escolares estudian gratis internos en el IES Universidad Laboral de Cáceres o en el instituto de Herrera del Duque, que queda a 50 kilómetros. En el pueblo hay medio centenar de trabajadores del plan Infoex contra los incendios, que velan por la conservación de las 32.000 hectáreas de la reserva del Cíjara. Además, tienen animales míticos como su cierva albina, personajes míticos como el naviero Silveira, que nació aquí y da empleo a más de 5.000 trabajadores, y tiendas míticas como La Cochera (‘Una cosa cualquiera búsquela en La Cochera’), donde pides lo que necesites, lo más peregrino, y en tres días te lo traen.

Acabamos este retablo oriental en Peñalsordo, pura frontera manchega al Sureste de Badajoz. Está a 209 kilómetros de la capital de la provincia, pero a un paso de Almadén, que queda a la vuelta de un montículo llamado el Peñón Pez porque en su cima hay un charco con forma de pescado. Por aquí se ha trabajado desde siempre en la aceituna y con el ganado. A mediados del siglo pasado, cien mujeres del pueblo se dedicaban a confeccionar cojines y a coser vestidos de ‘mariquita’ para las niñas, que se vendían fuera.

Los hombres trabajaban de albañiles o en las minas de mercurio de Almadén. Por el pueblo pasaba antiguamente el camino del azogue, por donde se trasladaba este material y otros minerales desde Almadén hasta Córdoba y Sevilla. Ya en el siglo XX, la explotación del mercurio atrajo a Almadén a peñalsordeños resistentes y fuertes como los Piqueras, Juan el Legionario o El Tremendo, que ganaban mucho dinero porque entraban donde nadie entraba y barrenaban donde nadie barrenaba. Las carreteras hacia Castuera, Don Benito y Badajoz ya son estupendas, pero hace 30 años eran infernales y el pueblo vivía más volcado hacia La Mancha que hacia Extremadura. Hoy todo ha cambiado. Al igual que en el resto de la frontera del Este, las comunicaciones y los servicios ejercen como fuerzas centrípetas. Entre El Gordo y Peñalsordo, la región dibuja un retablo oriental muy particular de colores vivos y raíces múltiples. Pero cuando preguntas, ni titubean: “Nos sentimos más extremeños que nadie”

UN ACCESO AL NORTE
Textos: Antonio Sáez Delgado
No todas las fronteras son iguales. Unas sirven para separar, otras para unir. Es una consecuencia lógica de la historia. La del norte de Extremadura, en vecindad con tierras de Salamanca, es un vivo ejemplo de ello. Una frontera diferente para los extremeños del norte y del sur, para cacereños y pacenses. Para los primeros, en especial para los placentinos, atravesar esa frontera era y sigue siendo un trámite habitual, un hábito extendido en su forma de vida cotidiana. Para los segundos, llegar hasta el norte de la provincia de Cáceres significaba hasta hace poco conocer la Extremadura más verde, en la que el agua y la vegetación se transforman en protagonistas. Por eso no todas las fronteras son iguales, porque cada uno de nosotros tiene dentro de sí mismo sus propios límites, sus propias rayas que cruzar.

La Ruta de la Plata se acerca al norte de Extremadura a través de un pueblo que vive en la memoria de mi infancia. Un pueblo de nombre serrano, que explica mejor que las fotografías su carácter y su ubicación: Baños de Montemayor. Allí, en pleno Valle del Ambroz, construyeron los romanos sus célebres termas hace dos mil años, que le han dado fama internacional y que continúan siendo, aún hoy, la base de su economía. Baños de Montemayor es un lugar ideal para el reposo, con una localización privilegiada en las estribaciones de la Sierra de Gredos y con uno de los balnearios más modernos de Europa, que incluye saunas, piscinas y circuito romano. Hasta sus aguas han peregrinado durante siglos los habitantes de la región y de toda España, disfrutando de una oferta de ocio saludable que está a la vanguardia del turismo termal.

Con una oferta de hostelería que nos lleva desde el clásico Hotel Balneario hasta la sorprendente propuesta de Turismo Rural de El Solitario, atravesando una gastronomía rica en cabrito, cordero y ternera, con los aderezos del pimentón de La Vera, es difícil encontrar un enclave en la Ruta de la Plata que simbolice tan bien ese concepto de “tránsito” que representa Baños de Montemayor, un lugar donde el pasado y el presente se dan la mano en la misma orilla del camino.

No muy lejos de allí, cruzando la raya salmantina, son el presente y el futuro los que abren sus puertas en la estación de esquí de La Covatilla, un nuevo lugar de peregrinaje para los amantes de este deporte en la Comunidad extremeña. Situada en la Sierra de Béjar, con una cota máxima de 2.369 metros y una mínima de 1.995, y con un desnivel de 374, La Covatilla se convierte en una magnífica opción de turismo deportivo especializado en la oferta familiar, gracias a la suavidad de sus pendientes. Los amantes de este deporte siempre miran hacia el norte, y por ello los extremeños consideran esta estación como suya, dada su proximidad a la raya entre Cáceres y Salamanca.

BAÑOS DE MONTEMAYOR, LA COVATILLA Y BÉJAR: TRES FORMAS DIFERENTES DE PEREGRINAJE, TRES MANERAS DE COMPRENDER LA FRONTERA COMO LO QUE AUTÉNTICAMENTE ES: UNA INVITACIÓN PARA PASAR AL OTRO LADO

Sin embargo, aunque este destino deportivo es reciente, el entorno en que se sitúa no lo es en absoluto, puesto que Béjar, la ciudad comercial más importante de la zona, fue siempre un lugar visitado por los cacereños, con una importancia destacada para su industria textil. Ubicada sobre un cerro, a pocos kilómetros de la frontera extremeña, Béjar representa el valor y el orgullo castellanos, con atractivos notables como sus murallas, el Palacio Ducal y la Plaza de Toros, de la que hay quien dice que es la más antigua de España y del mundo, tras haber celebrado su primer festejo en 1711.

Extremadura y Castilla separados por una raya verde, así es como deberían los mapas señalar esta zona. Una raya verde y líquida, fresca y fluvial. La piedra y el paisaje también van, poco a poco, adquiriendo nuevas tonalidades. Baños de Montemayor, la Covatilla y Béjar: tres formas diferentes de peregrinaje, tres maneras de comprender la frontera como lo que auténticamente es: una invitación para pasar al otro lado.

UN TRIÁNGULO AL SUR
Textos: Ruy Ventura
Para quien llega desde Jerez de los Caballeros –donde sobresale, en palabras del poeta Nicolau Saião, “una torre singular” en medio de la “serena blancura” de esa tierra productora de “una conmoción inexplicable”–, Fregenal de la Sierra se presenta como una sucesión natural en el viaje, con su herencia fenicia, romana, islámica y templaria. Muy próxima a la localidad portuguesa más rayana –Barrancos– y a poquísima distancia de los límites administrativos que separan Extremadura y Andalucía, su localización en el mapa se configura como una encrucijada y, por ello, como punto de encuentro de pueblos y culturas. Al otro lado, Aracena y su sierra tienen una función semejante (tanto es así que, todavía en la Edad Media, llegó a ser gobernada por un rey portugués). Barrancos, Fregenal y Aracena parecen ser, además, los vértices de un triangulo que permite a los más atentos entender mucho de la estructura y de la argamasa de la identidad rayana.

Los libros nos dicen que entre los hijos más ilustres de Fregenal de la Sierra se encuentra el pintor Eugenio Hermoso. Si el artista de Badajoz que tanto aprecio, Luis de Morales, el Divino, presenta en sus tablas unas veces la dulzura de la mirada y de los gestos humanos y otras “la alucinatoria imagen de la carne”, las telas del autor serrano, que podemos apreciar principalmente en un museo de la ciudad del Guadiana, muestran tal vez mejor lo que nos atrae de estas tierras: la entereza del paisaje y de los rostros, la alegría en ocasiones expansiva y a veces recatada, la serenidad de un territorio peculiar, repleto de vegetación, resistente como sus habitantes.

El mejor sistema para llegar a conocer los cientos de miles de hectáreas que se extienden entre las dos localidades es, en mi opinión, caminar. No hay mejor manera para embebernos del paisaje y de la población de cualquier parte del mundo; esto, si no podemos aprovechar la mejor de todas, que es la de aquellos que lo dejan todo para vivir aquí, tal vez para siempre. Por la sierra de Aracena, y también por el territorio de Fregenal, son muchos los caminos pedestres (indicados o por indicar) que permiten al viajero la convivencia con el espacio. A pie, aunque también a caballo o en bicicleta, es posible descubrir cumbres y valles, bosques y claros, aldeas y campos, cultivos y matorrales, arquitectura popular y construcciones eruditas. En coche también es posible, pero no es lo mismo… Por los caminos o por las carreteras siempre es posible hacer paradas y alimentarnos no sólo de la contemplación visual, sino también, porque no sólo de espíritu vive el hombre, de los deliciosos productos que dan fuerza al cuerpo y estimulan el paladar, como los quesos, los derivados del cerdo negro, los champiñones sabiamente cocinados, etc.

Por entre un patrimonio natural riquísimo, sorteando encinas, alcornoques y castaños, hay mucho que ver en esta encrucijada de la Península. Desde los vestigios más remotos hasta la importante red de fortificaciones andaluzas y templarias, pasando por un impresionante conjunto de construcciones religiosas o por múltiples edificaciones vernáculas igualmente interesantes, en su rudeza y simplicidad, tenemos ingredientes para muchos días de conocimiento.

EL MEJOR SISTEMA PARA LLEGAR A CONOCER LOS CIENTOS DE MILES DE HECTÁREAS QUE SE EXTIENDEN ENTRE FREGENAL Y ARACENA ES CAMINAR

Si empezamos por la plaza mayor de Fregenal y pasamos por su castillo, por sus conventos e iglesias (entre las que destaco sobre todo la muy visitada Ermita de los Remedios) y por sus casas nobles, llegando, ya en Aracena, a la visita de su fortaleza (con sedimentos islámicos, portugueses y castellanos), de sus templos mudéjares o de un conjunto de esculturas al aire libre, y terminando con una bajada al interior de la tierra para apreciar con tiempo el esplendor de las estalactitas y estalagmitas de la Gruta de las Maravillas, veremos mucho, pero siempre habremos observado muy poco. Todo este territorio del sur extremeño pegado a Portugal es mucho más rico física y culturalmente, tiene mucho más que ofrecer al viajero, para existir, vivir y convivir en él. La orografía favorece la multiplicación de expectativas y el misterio. Y si en Fregenal de la Sierra la “Casa de la Sangre” nos recuerda los horrores de los que es capaz el ser humano, siempre será posible recuperar el ánimo y la esperanza visitando el Convento de la Paz, en la misma localidad, o bebiendo de cualquier fuente el agua que nos ofrece la Sierra de Aracena.