Subscribe to Imagen de Extremadura

TEXTO: J. R. Alonso de la Torre

DE BODEGA EN BODEGA… DE VINO EN VINO… El vino extremeño, que hace una década era sinónimo de cantidad y granel, se ha convertido ya en un artículo de alta calidad, en un producto mimado desde el cuidado en la viña y el esmero en la vendimia hasta el diseño de la botella. Ése sería el resumen de la historia reciente, un resumen que se basa en datos y nombres, en una realidad que vamos a repasar recorriendo la geografía extremeña del vino.

Hace algo más de un año, les contábamos en esta revista que el mundo del vino extremeño se agitaba al ritmo de proyectos, novedades y rumores. Hoy, a pesar de la crisis y los problemas, esos proyectos ya son realidad, los rumores se han convertido en noticias positivas y las novedades están encima de la mesa y se pueden escanciar en una copa.

Empecemos, pues, por lo más reciente. Hace algo más de un año, se oía que Fernando Toribio, de las bodegas Toribio de Puebla de Sancho Pérez, se había embarcado con dos socios en el nacimiento y desarrollo de una nueva bodega situada en Oliva de Mérida. Pues bien, ese proyecto ya está aquí. La bodega se llama Pago de los Balancines, cuenta con 100 hectáreas de viñedo y falta el edificio, pero ya hay vino. O mejor, vinos: acaban de presentar sus primeras producciones: Alunado y Huno, dos nuevos vinos modernos y atrayentes.

Otra de las novedades de nuestra anterior entrega era el despegue en Villafranca de los Barros de otra bodega flamante. Ya ha despegado y es muy artesanal, muy de primor. Su nombre: Pago de las Encomiendas. Sus vinos: Nadir y Xentia. El segundo es un tinto de primer orden; Nadir es un vino rosado que proyecta por primera vez un rosado extremeño al estrellato máximo. Se trata de un vino que puede competir con los reyes del rosado, los vinos navarros, sin timidez alguna. Hay más novedades, como el tinto Marqués de Valdueza, una marca conocida por la alta calidad de su aceite que ahora se pasa también al mundo del vino. Y en este capítulo de primera plana, no podemos pasar por alto la novedad de que Bodegas y Viñedos de Trujillo siga fuerte con su apuesta por el exclusivo tinto Habla con sus números, sus coupages y sus monovarietales, pero también apueste por un vino de gama media, asequible de precio y digno en su calidad. Su nombre, medio filológico, medio monacal: Habla del Silencio.

DESDE EL NORTE

Tras la primera página, podemos comenzar nuestro periplo enoturístico por la región. Comenzamos al norte por las bodegas de la cooperativa de la Sierra de Gata. Esa zona está marcada por la cultura del pitarra, un vino que no parece tener un futuro muy halagüeño fuera de sus circuitos tradicionales. En las guías turísticas perezosas, se sigue relacionando Extremadura con “ese recio vino de pitarra que toman los parroquianos en las tabernas”. Pero ni tan siquiera en Gata apuntan al futuro basándose en el pitarra, sino que apuestan por la uva verdejo, tan característica de los vinos de Rueda, para ocupar un espacio en el mercado.

Bajando hacia el sur y entrando ya en el ámbito de la Denominación de Origen Ribera del Guadiana, llegamos a Trujillo y nos detenemos en las bodegas Las Granadas Coronadas. Es una de las clásicas de la subzona Montánchez-Cañamero. La bodega es un edificio espectacular situado al abrigo de la Sierra de Lagares. Entre sus vinos destaca el mítico reserva Torre Julia, que ha modernizado su etiqueta y redoblado su exigencia de calidad.

No salimos de Trujillo pues aquí se encuentra Bodegas y Viñedos de Trujillo. Su apuesta fundamental es el vino Habla, del que ya han sacado cinco números. Pero han sorprendido recientemente lanzando al mercado su Habla del Silencio, del que ya hemos… hablado. Esta bodega es un ejemplo de política comercial y marketing. Por sus magníficas instalaciones pasan continuamente los grandes del vino y la restauración en España, y el resultado es que los Habla aparecen en las cartas de varios restaurantes imprescindibles.

En la misma subzona, Cañamero ofrece su tradición y sus viñas magníficas. Aquí sigue destacando el buen hacer de Ruiz Torres con sus conseguidos Attelea. No lejos de allí, en Alía, las bodegas El Cumbrón son otra de las iniciativas recientes en la Extremadura vitivinícola.

MANOS FEMENINAS

Descendiendo hacia el sur, en Don Benito, encontramos las bodegas Catalina Arroyo. Esta mujer fue pionera en Extremadura. Tras ella llegó Isidora, en las bodegas Franco Sánchez de Miajadas. Después, Dolores Morenas en Los Santos de Maimona siguió jalonando el mundo del vino extremeño con manos femeninas. Hoy, Amelia Coloma en las bodegas Coloma de Alvarado, Eva Medina en las bodegas Medina Hermoso de Medina de las Torres, Yolanda Piñero en las bodegas Viña Santa Marina de Mérida o María Otero en las bodegas Otero Vaquera de Maguilla constituyen un elenco de enólogas y viticultoras extremeñas que están revolucionando modos y maneras.

Amelia Coloma investiga, busca, experimenta, juega… El resultado son coupages y monovarietales, armonías y variedades tan interesantes que el vino extremeño ha ganado en riqueza y diversión gracias a ellas. Apunten estos vinos francamente sorprendentes: Coloma merlot, Coloma garnacha o Alba, un exquisito vino dulce. Con uva garnacha de viñas viejas, Dolores Morenas elabora el tinto Finca El Musinal en su bodega de Los Santos de Maimona, un vino que resulta francamente peculiar y agrada sin duda a quienes quieren salir de la monotonía del tempranillo. Dolores también tiene el Zagalón Oro con 90% de moscatel y 10% de Chardonnay, que, envejecido en barricas nuevas sin tostar, regala al paladar una generosa riqueza de matices. Más mujeres: María Otero y sus vinos Bureo, luchando por ser vinos de pago y obteniendo magníficos resultados con sus tintos envejecidos en barrica 6, 12 y 18 meses. Por cierto, magnífico rediseño de la imagen de las botellas el que ha llevado a cabo María Otero.

Al lado de Mérida, Yolanda Piñero, en bodegas Viña Santa Marina, sigue su labor en pos de la calidad y la perfección. Su tinto reserva Torremayor sigue siendo uno de los grandes. Acabamos con Eva Medina Hermoso, siempre sonriente, siempre buscando nuevos caminos a los vinos de sus bodegas de Medina de las Torres, las más meridionales de Extremadura. Eva juega con los vinos. Es exigente con la calidad pero divertida con la presentación: botellas alegres, nombres atrevidos como Envidia, uvas seleccionadas que no dejan indiferente: vino con rosas, vino romano y Dominium, un tinto que puede presidir cualquier mesa sin temor a fallar.

HACIA LA CAPITAL DEL VINO

Siguiendo la línea del Guadiana, nuestro viaje es jalonado por bodegas ya comentadas: Santa Marina, Coloma… Ya en Olivenza, casi en Portugal, las bodegas Puente Ajuda son referencia y desde sus magníficas instalaciones hacemos zigzag y nos adentramos en la tierra de las cooperativas: Santa María Egipciaca de Corte de Peleas, Santa Marta, Aceuchal… Vinos que lideran el mercado en su zona de influencia y que juegan fuerte a la exportación.

Ya sean estos vinos de las cooperativas, ya sean los vinos de bodegas familiares, el caso es que los caldos extremeños compiten en el extranjero contra los vinos de países emergentes como Nueva Zelanda, Australia, Sudáfrica o Chile. Copados los grandes mercados europeos, el vino extremeño, que tiene cierta pujanza en el Reino Unido y Alemania, pelea por hacerse un hueco en los mercados chino e indio, tiene bastante fuerza en los países del Este europeo y una presencia creciente en Estados Unidos.

Llegamos por fin a Almendralejo, la capital extremeña del vino. Las bodegas se suceden en su entorno, y en el pueblo están las sedes de la D. O. Ribera del Guadiana, de la estación enológica de Extremadura o del Museo de las Ciencias del Vino. Además, hay tiendas magníficas para comprar vinos y utensilios que lo complementen como es el caso de Puzzle, que realiza catas y armonías entre vinos y patés, vinos y embutidos, etcétera. Otro lugar complementario muy interesante es la vinatería Pámpano, donde se puede probar cualquier vino extremeño de calidad, el que se quiera, sin ningún problema: descorchan la botella y sirven la copa.

En Almendralejo están las bodegas San Marcos, con magníficas instalaciones. Uno de los socios de esta bodega-cooperativa es Antonio Rosado, que preside el Consejo Regulador de la D. O. Ribera del Guadiana. Entre los buenos vinos de esta bodega, sorprende su rosado con algo de aguja Campo Bravo, delicioso y agradable. Otra bodega interesante es Viña Extremeña, la joya del enoturismo extremeño con su jardín botánico, sus museos y sus vinos reconocidos (Corte Real, Tentudía).

A la entrada de Almendralejo, llegando desde Mérida, el inconfundible edificio de bodegas Payva marca una etapa muy enoturística: bodega preciosa para visitar, gran restaurante para comer y vinos de la categoría de su Ortea, 100% tempranillo, 9 meses en barrica de roble, 25 meses en botella y fruto del trabajo de dos enólogos reputados: Juan Andrés Martínez y Hans Pindung.

En bodegas Payva elaboran un brut nature muy rico. Probándolo, nos internamos en el mundo del cava, que tiene su epicentro regional en Almendralejo. Destaca el cava Vía de la Plata de Aniceto Mesías, todo un personaje y campeón indiscutible del cava extremeño. Otro cava singular e imprescindible es el Privilegio de Romale Nature de las bodegas Antonia Ortiz-Romale, también de Almendralejo.

Uno de los hombres fundamentales del vino en Extremadura es Francisco María Moreno Camacho. Es el propietario, gerente y enólogo de la bodega Vinícola del Guadiana. Antes de regresar a su tierra y a su pueblo, fue el responsable de las bodegas Murrieta de Rioja. Hoy, su vino Basangus es uno de los grandes de Extremadura y en las discusiones sobre cuál es el mejor vino extremeño, Basangus siempre aparece en la disputa.

No nos podemos marchar de Almendralejo sin conocer los vinos que elabora Marcelino Díaz en sus bodegas. Empezamos por el cava brut Puerta Palma hecho con uva Macabeo. Con el mismo nombre, Puerta Palma, y acogidos a la D. O., estas bodegas tienen en el mercado un blanco de uva pardina y los tintos Puerta Palma Finca el Campillo reserva (tempranillo y graciano), Puerta Palma Cosecha (tempranillo, cabernet sauvignon y graciano) y Puerta Palma Finca las Tenderas (tempranillo y cabernet sauvignon). Además, como vino de la tierra de Extremadura, las bodegas Marcelino Díaz presumen del primoroso tinto Bonser, elaborado con tempranillo 100%.

VINOS MODERNOS

Los grandes bodegueros extremeños son aquellos que han sabido adaptar sus vinos al gusto que hoy impera en el mercado. A saber, un vino es moderno en Extremadura, en Zaragoza y en Dusseldorf si da mucha fruta en nariz y un toque de madera en boca sin pasarse demasiado. Por eso, los bodegueros extremeños apuestan por los vinos jóvenes sin barrica, los crianzas con 6 meses de barrica y los reservas de 12 meses en barrica, pero pocos se atreven a pasar de ahí porque el mercado se tornaría más complicado. Otro vino muy de moda es un híbrido entre el joven y el crianza, es decir, 3 meses en barrica y se consigue un equilibrio muy armónico.

Esta filosofía es marca de la casa en las bodegas Viñas de Alange, en las que participa la prestigiosa firma Alvear. La uva syrah tiene una presencia destacada en sus vinos, ya sea el Señorío de Alange Syrah o el PQ. Lo de la uva en Extremadura es un tema complejo. Ésta era una tierra de vinos blancos y uvas pardina. Al apostar por la calidad, se imitó lo que triunfaba y se optó por el vino tinto y la uva clásica de Rioja, la tempranillo. Afortunadamente, las uvas se han diversificado muchísimo en los viñedos de la región. El primer coupage de uva syrah con cabernet sauvignon lo hizo Yolanda Piñero en las bodegas Viña Santa Marina en 1999. La syrah da un matiz altamente perfumado en nariz, mucha suavidad en boca y un agradable regusto que apetece paladear.

Pero hay más variedades de uva muy interesantes e incluso curiosas. Entre las últimas, la única absolutamente autóctona, la eva o beba de Los Santos, con la que se elabora uno de los mejores vinos blancos de la región, el Viña Maimona de la Cooperativa Virgen de la Estrella de Los Santos de Maimona. Otra uva curiosa, en este caso foránea, es la alsaciana gewürztraminer, que ha adaptado en Puebla de Sancho Pérez Alejandro Romero para elaborar Almonazar, un blanco perfumado y delicioso (rosa, manzana, fruta) en su bodega de El Raposo. Alejandro es el prototipo de bodeguero que hace vinos de autor: ecológicos, experimentales, exquisitos… Con esa uva alsaciana, bodegas Peña del Valle hace otro blanco muy rico en Almendralejo. En Peña del Valle apuestan por diferentes vinos monovarietales que se superan de año en año.

Con esto de las uvas y los gustos del consumidor, hemos dado un par de saltos en nuestro recorrido y nos hemos dejado atrás Villafranca de los Barros con sus dos cooperativas punteras y su bodega Pagos de la Encomienda, de la que ya hablamos al referirnos a sus vinos Xentia y Nadir. En Fuente del Maestre, las bodegas López Morenas se han convertido en el gran coloso del vino extremeño. Llegan a envasar y comercializar el 30 % del vino que se elabora en Extremadura y surten a grandes superficies de cabernet sauvignon de calidad envasado en tetrabrik.

OTRO NOMBRE DE INTERÉS

El recorrido se va acabando. Ya solo nos quedan los vinos de Matanegra, una zona especialmente apta para el viñedo y situada en torno a Zafra, y los vinos de garaje de Oliva de la Frontera. En el primer caso, además de las bodegas Medina Hermoso, Romero, Dolores Morenas y Cooperativa Virgen de la Estrella, tenemos otras dos y ambas son fundamentales en la historia reciente del despegue de los vinos de Extremadura. Una es la bodega Medina de Zafra, famosa por sus vinos Jaloco o Marqués de Badajoz, y por sus dos bodegas, la del pueblo, con su plaza de toros y sus instalaciones históricas, y la de la carretera de Córdoba, con sus instalaciones amplias y modernas.

En Puebla de Sancho Pérez está otra de las grandes. Se trata de la bodega de Fernando Toribio. La calidad de sus vinos está certificada por tantos premios que a Fernando le da un poco de reparo referirlos. Sus vinos, bajo la denominación Viña Puebla, destacan, ya sean rosados (el mejor puntuado de los vinos extremeños en algunas ediciones de la guía Peñín), blancos o tintos como el Viña Puebla Esencia, un clásico que siempre colma.

Para acabar nuestra excursión enoturística, nos dirigimos a un pueblo del que no se habla cuando se trata de uvas y viñedos, pero que sí está dando mucho que hablar si tratamos de vino. Nos referimos a Oliva de la Frontera. En su Semillero de Empresas habilitó una nave José Daniel Mejías, la convirtió en bodega, adquirió el material más moderno del mercado y comenzó a elaborar sus vinos Alaude y Quinta Alaude Alius. José Daniel Mejías fue enólogo en algunas bodegas extremeñas, después trabajó en varias bodegas catalanas y hoy es el prototipo extremeño de lo que ha dado en llamarse ‘vinos de garaje’. Calificativos aparte, la verdad es que en las mejores tiendas de vinos de la región y en los restaurantes con los sumilleres más reputados, los vinos extremeños de bodegas Alaude ocupan un lugar destacado. Son el mejor ejemplo del esfuerzo y los logros últimos de una tradición vitivinícola extremeña que ya camina de la mano de la modernidad y lo hace con paso firme.