El regreso a la esencia. Una forma distinta, y al mismo tiempo tan antigua como el hombre, de producir. Es la agricultura ecológica. Un método de producción que prescinde del uso de sustancias químicas (pesticidas, fertilizantes artificiales y aditivos) para obtener unos alimentos diferentes, más naturales. Ésa es la apuesta a la que está regresando el campo extremeño, que había dejado de lado esta práctica. Actualmente, y según datos de la Consejería de Agricultura y Desarrollo Rural de la Junta de Extremadura, hay 85.805 hectáreas dedicadas a esta modalidad agrícola, que ocupa nada menos que a 3.817 productores, lo que sitúa a la región como la tercera potencia nacional en este sector, sólo por detrás de Andalucía y Castilla-La Mancha.
TEXTOS: Javier Álvarez
Se trata de productos diferentes, con más costes de producción y una menor salida en el mercado, pero que poco a poco se van imponiendo. Hace años que ya tienen un hueco propio en los países del norte de Europa y ahora, aunque lentamente, la idea de la agricultura ecológica comienza a calar en España. No es de extrañar, si se tiene en cuenta los beneficios que ofrece. Tanto para el consumidor –este producto conserva su valor nutricional y su sabor– como para el productor –tiene mayor valor añadido– y, por supuesto, el medio ambiente.
Extremadura, debido a sus condiciones climáticas, sus producciones extensivas y el interés de agricultores y ganaderos, se situó en los primeros puestos de la producción ecológica nacional ya en el año 1992. En la región, la mayor superficie se alcanza en el año 2002 con 164.000 hectáreas. A partir de dicho año se produce un descenso más o menos acusado hasta que hacia 2005 la superficie se mantiene en torno a las 65.000 hectáreas. En 2008 la superficie dedicada a la producción ecológica aumentó un 23,46%. Así, actualmente se podría elaborar un completo menú sólo con este tipo de productos. Desde los entrantes y unos frutos secos hasta la carne, sazonada con especias ecológicas, para terminar con unos pasteles y helados. Todo ello acompañado, por supuesto, por una botella de vino ecológico.
Pero también existen ya cremas cosméticas realizadas con aceites de oliva ecológicos, jabones, mieles, plantas aromáticas y medicinales, etcétera.
Ningún sector escapa a esta posibilidad. En su mayoría se trata de productores de explotaciones familiares que apuestan tanto por la diversificación de sus productos –que les permite abrirse con garantías nuevos mercados hasta ahora inexplorados– como por dotar sus producciones de un valor añadido.
Destacan, por ejemplo, las más de 35.000 hectáreas dedicadas al olivar ecológico, que se ha convertido en uno de los cultivos más importantes y mejor adaptados en agricultura ecológica. Al mismo tiempo, en apenas cuatro años se han triplicado los viñedos que se explotan por este sistema, que alcanzan ya las 928 hectáreas. Hay algunos casos especialmente destacables, como el de la almendra, donde la superficie ecológica supone el 40% respecto al total. En el caso de la carne, para que ésta sea considerada como producto ecológico es necesaria la inclusión de todo el proceso, por lo que también se han adscrito al sistema mataderos, salas de despiece y fábricas de pienso. Y si de algo puede presumir la Extremadura ecológica es del nivel de los centros de investigación agrarios que hay en la Comunidad, tanto públicos como privados. Vegenat, Intaex, Cetaex, Censyra… A todos ellos se sumará en breve el Centro Nacional de Investigación y Desarrollo de Agricultura Ecológica y Alta Montaña de Plasencia, que ocupará un antiguo edificio de la empresa pública tabaquera Cetarsa. En él se investigará de forma especial cómo renovar los cultivos de las comarcas del norte extremeño centradas actualmente en el tabaco, y para ello se contará con un importante grupo de científicos.
Juan Jesús Collado, responsable de la Asociación de Empresarios Ecológicos de Extremadura, explica que cada vez existe una mayor concienciación de los consumidores por “un mercado que está en auge”. Además, destaca la “fidelización de los clientes”. A su juicio, el hecho de que un producto lleve la etiqueta de ‘ecológico’ es “un valor añadido más”. En España está aumentando el consumo, “pero todavía el sector depende de los mercados del norte de Europa”. Por último, recuerda que esta ‘moda’ o ‘necesidad’ no nació de los empresarios, sino “de los propios consumidores de esos países del norte”.
Tres son los principales beneficios de este tipo de agricultura: en primer lugar, un claro beneficio para el consumidor, puesto que al tratarse de alimentos 100% naturales –y pasar rigurosos controles de calidad– conservan todas sus propiedades nutritivas; es más, ofrecen mejor sabor y su calidad está certificada. En segundo lugar, la conservación del medioambiente: esta agricultura se desarrolla en producciones sostenibles que realizan un uso racional de los recursos naturales (agua, aire y suelo), lo que no compromete el medio ambiente para generaciones futuras; y al prescindir del uso de sustancias químicas de síntesis evitan la contaminación provocada por nitratos y pesticidas. Por último, un beneficio que cierra la cadena, el de los productores y sus zonas rurales: este tipo de agricultura permite, por una parte, que se acometa una diversificación de las producciones y un aumento del valor final, generando, además, más empleo que la agricultura habitual al requerir de un mayor volumen de trabajo, a la vez que recupera terrenos en desuso al buscar alternativas a otros productos con menos salida en el mercado.
CINCO EXPERIENCIAS EXTREMEÑAS
Bodegas Europeas
(Almendralejo)
Francisco Miguel Lavado, representante de esta empresa nacida en 2004, señala que desde el primer momento incluyó en su catálogo los vinos ecológicos. En total sacan al mercado 10.000 litros al año de esta variedad, casi la mitad de su producción. Apostaron por este tipo de producto ecológico “porque la ecología es una forma de vida; además, queríamos diferenciarnos un poco en un mundo tan competitivo como éste”. Lavado explica que el producto final presenta muchas diferencias cuando se parte de un viñedo ecológico: “Tiene un color más intenso y un aroma más afrutado… Y sabe más a vino”. Comenzaron exportando a Dinamarca y al norte de Alemania, “pero en esas zonas hay una gran presión sobre el precio”, por lo que actualmente están centrando sus esfuerzos en el mercado español, tanto en restaurantes como pequeñas tiendas.
Serpiente Verde
(Villanueva de la Vera)
Serpiente Verde o Finca la Mesa es lo mismo. Se trata de un espacio singular en el que se produce una amplia gama de especias, hierbas aromáticas y sopas deshidratas, según explica Patricia Travieso, propietaria de la firma. Iniciaron su producción en 1995, pero no fue hasta 2003 cuando comenzaron a comercializar el producto final. Su especialidad es el pimentón a granel, y de hecho el 80% de esta producción se vende en el extranjero. Pero también venden cuscús y otros platos preparados. Travieso garantiza que en sus especias “se nota la diferencia en el sabor y el aroma, y todo es cosecha natural del año”. Se refiere a que no se trata de acelerar la producción de forma artificial. En los cuscús y las sopas “el 100% son verduras, no hay aditivos, cuando en una sopa normal de este tipo hay apenas un 6% de verduras”.
Repostería Artesana Extremeña
(Badajoz)
José Joaquín González es el ayudante de gerencia de la empresa de Badajoz Repostería Artesana Extremeña. Una firma que ofrece una línea de hasta siete dulces con sello ecológico. Son perrunillas, merenguitos y bombones de distintas variedades. Iniciaron esta apuesta “porque vimos que en el mercado no había dulces y bollería ecológicos y pensamos que tendríamos un hueco. Así, además de tener acreditada una imagen de productos artesanales, reforzamos esa imagen de calidad y tradición”. Sus productos se distribuyen a través de las grandes superficies españolas y también han llevado a cabo algunas incursiones en tiendas de Bélgica y Suecia.
Jacoliva
(Pozuelo de Zarzón)
Jacoliva es una empresa familiar en la que tres generaciones se han dedicado a la elaboración de aceites vírgenes. Es una sociedad ya muy conocida porque en los últimos años no ha dejado de innovar, y en su cartera de productos incluye el aceite de oliva ecológico, que comercializa en innumerables formatos. Pero desde hace poco ha incluido un nuevo producto, los cosméticos ecológicos, realizados a partir de ese aceite. Toda una línea de productos que va desde el gel al champú, pasando por la leche corporal y la crema de manos. El aceite de oliva tiene una gran cantidad de vitamina E –antioxidante regenerativa– y es excelente para hidratar la piel.
Biofruex
(Arroyo de San Serván)
Esta central hortofrutícola de procesado de frutas y hortalizas ecológica presenta una estructura peculiar, puesto que se trata de una sociedad anónima en la que sus accionistas son, al mismo tiempo, proveedores. En su catálogo de productos ecológicos hay nectarinas, melocotones, ciruelas, peras, melones, sandías, nueces y brócoli. Trabaja en proyectos de I+D junto a algunos centros públicos de la Comunidad. Antonio Casallo, director de esta empresa que comercializa la producción ecológica de SAT Biosphera –con la que “va haciéndose sitio en el entorno europeo”– afirma que las tres palabras que definen a la empresa son “confianza, valor y esfuerzo”.
