TEXTO: J. R. Alonso de la Torre
Una vivienda inteligente es ese edificio en el que entras en el cuarto de baño, buscas la llave de la luz algo azorado y, de repente, la bombilla de bajo coste se enciende sin necesidad de actuar sobre ningún interruptor. Pero la inteligencia de ese edificio no radica en el encendido de su iluminación, sino en su apagado. Ahí está la clave: al poco de salir del baño, el sensor de movimiento desactiva la luz y la vivienda deja de gastar energía aunque el inquilino se haya olvidado de apagar el interruptor.
Un edificio inteligente, por tanto, sería aquel que permite ahorrar energía. Si además es capaz de almacenarla, liberarla cuando conviene y la recoge por sí mismo del entorno, entonces estaremos ante un edificio bioclimático además de inteligente. Si más allá del ahorro energético y consumo racional de agua, la vivienda está construida con criterios de solidez ecoambiental y sostenibilidad, nos encontraremos ya ante un edificio indestructible, que sobrevivirá al tiempo.
Extremadura es pionera en construcción sostenible porque ya en 2004 se entregaron en la región las primeras veinte viviendas bioclimáticas en Talavera la Real. Eran energéticamente autónomas, aprovechaban la energía solar, los recursos naturales y las condiciones climáticas. A estas viviendas talaveranas siguieron otras en Zalamea de la Serena y Burguillos del Cerro. Cinco años después de esta entrega primera de viviendas inteligentes, la Consejería de Fomento de la Junta de Extremadura se ha convertido en precursora del desarrollo de la eficiencia energética en arquitectura poniendo en marcha el proyecto EDEA en el Polígono Capellanías de Cáceres. Este proyecto consiste en construir dos viviendas. Una seguirá los patrones de las viviendas protegidas que levanta la Junta de Extremadura por toda la región. La otra será experimental y en ella se probarán las distintas estrategias de sostenibilidad, eficiencia energética y aplicación de energías renovables. Se compararán los datos arrojados por las dos viviendas a lo largo de las cuatro estaciones del año para así evaluar gastos, ahorro, evolución… Este proyecto, en el que también participan diversas entidades y empresas, permitirá extraer consecuencias y aplicarlas en la arquitectura extremeña.
Pero mucho antes de que en Extremadura se construyeran institutos y auditorios bioclimáticos, pabellones polideportivos y de congresos domóticos o sedes de entidades financieras sostenibles y tecnológicas, la inteligencia ya había llegado a nuestra arquitectura. Porque qué mayor rasgo de inteligencia que las casas de los pueblos extremeños, con sus dos pisos: el superior para el invierno y el de abajo para el verano. Casas de labradores con gruesos muros que aíslan del calor veraniego, con paredes encaladas para reflejar el sol y pararlo, con patios interiores sombríos y floridos alrededor de un pozo para refrescar las siestas y sosegar las tertulias del atardecer de agosto.
Inteligencia natural de la arquitectura popular extremeña: basada en la experiencia histórica, en las condiciones del entorno, en las necesidades físicas, en la adaptación al clima y al medio. Casas que buscan la luz en invierno desde las plantas superiores y las terrazas elevadas, que en verano se esconden en la umbría del bajo y huyen del sol abriendo vanos que escapan de la luz directa. En los pueblos extremeños, lo bioclimático se conoce desde hace mil años y la inteligencia se aplica a la arquitectura gracias a un proceso natural de supervivencia o, cuando menos, de vivencia cómoda y razonable.
Si entramos en la sede de Caja Rural en Badajoz, en las naves de la empresa Infostock en Don Benito o en el gimnasio del colegio público Dulce Chacón de Cáceres, notaremos un aprovechamiento de elementos pasivos de ventilación, al igual que nuestros bisabuelos tenían un arte especial para aprovechar las corrientes de aire en sus viejas casas blancas de Ceclavín o Fregenal. También descubriremos actuadores, sensores y temporizadores para ejecutar acciones de iluminación, calefacción, refrigeración… Al igual que nuestros bisabuelos sabían cuándo bajar persianas, cerrar puertas o trasladarse a determinada alcoba de la casa. Y si las casas bioclimáticas de Talavera, Zalamea o Burguillos ya dependían de la energía solar en 2004 y se orientaban atendiendo al propio sol y a los vientos, las viejas casas extremeñas siempre han aprovechado el sol como podían, ya fuera a base de claraboyas o ventanales orientados al sur en los pisos superiores.
mentalmente, perdurables. Se levantaban a base de piedras que se colocaban una sobre otra, sin ninguna masa que las uniera, con techumbre vegetal,La arquitectura inteligente, domótica, tecnológica e indestructible se impone en Extremadura. Pero no surge de la nada, sino de una tradición y una actitud ancestral del extremeño ante la construcción que ya manifestaba sus ansias de perdurabilidad en el chozo, ejemplo paradigmático de la más humilde de las arquitecturas tradicionales y vernáculas. El chozo de pastores y campesinos es lo sostenible en su versión más pura, es el ejemplo más claro de la arquitectura de lo disponible, respetando la naturaleza y el entorno, pero también aprovechando cuanto el medio le ofrece. Los chozos extremeños eran austeros, polivalentes, construidos a escala humana y, fundaPalacio en planta circular, con pocas ventanas y se extendieron por toda la región. Los había completamente vegetales y portátiles y también construidos íntegramente de piedra y con chimenea. Aún nos podemos encontrar chozos en casi todas las comarcas de Extremadura, lo que certifica su carácter de arquitectura indestructible. Son el primer eslabón conservado de la arquitectura tradicional e inteligente de Extremadura.
Los tiempos han evolucionado y la inteligencia se aplica a la edificación con parámetros sofisticados y modernos, pero en la base de cada construcción sostenible, bioclimática e inteligente que hoy se crea hay una base tradicional. En Plasencia se levanta una piscina bioclimática que fascina ya sobre plano. Tendrá un gran lateral acristalado para aprovechar el sol del invierno, laterales panelables que se abrirán automáticamente para airear y refrescar con corrientes el interior en verano. Fascina, sí, pero esos hallazgos tecnológicos colman las mismas necesidades y se basan en las mismas soluciones que aplicaron nuestros ancestros en sus básicas viviendas rurales.
