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Artículos de ‘Número 20’

En Extremadura, luchar contra los tópicos, contra los complejos y contra las mentiras repetidas tantas veces que acabamos creyéndolas es una tarea importante en la que participan políticos, comunicadores, líderes sociales, profesores.

Pero esa lucha es muchas veces contraproducente: está tan llena de buenas intenciones como de falta de rigor, tan impregnada de autocomplacencia como ayuna de datos, tan repleta, otra vez, de lugares comunes como exenta de argumentos meditados e irrefutables. En resumen: las más de las veces se consigue lo contrario de lo que se persigue. Los extremeños son inteligentes y si descubren que faltan argumentos y sobran generalidades, más que crecer en autoestima, abundan en derrotismo.

En este contexto de lucha contra los lugares comunes y el pesimismo histórico, surge la revista Imagen de Extremadura. Desde el primer número quedó claro que esta publicación iba a convertirse en un arma eficaz contra los complejos inexplicables. Y era eficaz porque aunaba el deseo de quebrar tópicos con el rigor y el dato real. No se trataba de decir que somos normales, modernos, activos, creadores, originales y estamos en el mundo, viviendo y participando de sus transformaciones, sino de demostrarlo con hechos, con personajes, con cifras.

Imagen de Extremadura ha presentado la región real, sin afeites ni engaños, sin proclamas ni vergüenzas. Ésta es la realidad, ni se ensalza ni se adorna, ahí está y luego pensemos lo que queramos. Si nos fijamos en sus 19 números, podríamos seleccionar los especiales, que a lo largo de estos años nos han deleitado con álbumes de fotos maravillosas de Extremadura, capaces de dejarnos suspendidos ante tanta belleza. Ha habido también especiales sobre Cáceres, sobre Guadalupe o en torno a la nueva era del vino extremeño.

Ese especial resultó paradigmático de la transformación de la región, de su realidad y de cómo Imagen de Extremadura ha conseguido retratar un cambio de mentalidad: del vino en cantidad, al vino de calidad; de la monovariedad de uva a la búsqueda de coupages y variedades nuevas que se adapten al mercado y a los gustos actuales; de tener media docena de marcas a presentar una oferta puntera que se codea en los mercados internacionales con los mejores vinos.

Pero más allá de los números monográficos, han sido los números bimestrales los que han sido capaces de dibujar en cada entrega la Extremadura de hoy. Creadores, lugares, iniciativas, paisajes, emprendedores… Cada número era una sorpresa que invitaba a descubrir una región que los tópicos, una vez más los tópicos, nos escondían. En Imagen de Extremadura descubríamos una cafetería-librería en Hervás, un lugar virtual llamado Netescopio, un hospital para especies en peligro, un convento con historia ignorada en Belvís de Monroy. ¿Pero esto es Extremadura? Sí, claro que sí, esto es también Extremadura, esa gran desconocida, pero no tanto para los forasteros cuanto para los nativos. E Imagen de Extremadura ha ido dando pistas número a número para descubrir el entorno y sorprendernos.

Podríamos realizar un ejercicio de selección. Hagamos una antología de reportajes aparecidos en la revista. Confeccionemos un florilegio de cinco que resuma la realidad de la región y el estilo de la revista. Vayamos, por ejemplo, al número 6. Se publicó en septiembre-octubre de 2007. Traía un dossier titulado “Extremadura femenino plural”.

En él se contaba la historia de mujeres que desde diferentes ámbitos profesionales hacen Extremadura.

Profesoras y magistradas, empresarias y galeristas, deportistas, cineastas, artistas, diseñadoras, actrices, cantantes, investigadoras… No se trataba de una declaración de intenciones. Estaban ellas con sus nombres, sus retratos, sus currículos, demostrando la evolución de una región donde Ángeles Baños y María Llanos coleccionan arte y lo venden, Irene Cardona y Maite Ruiz de Austri dirigen cine, Ana González Salvador y María del Mar Lozano Bartolozzi investigan y enseñan en la Universidad de Extremadura. Docentes, juezas, médicas… Mujeres extremeñas apartando los estereotipos sin anunciarlo ni hacer de ello una excepción o una rareza, mujeres ejerciendo su profesión, descollantes y ejemplares… y la revista Imagen de Extremadura contándolo.

En el número 7 de esta publicación, un reportaje sobre la exportación de productos extremeños nos revelaba que no solo llevamos jamón a Japón o cerezas a Alemania, sino que somos una potencia exportadora en conservas, en verdura, en fruta y también en máquinas y aparatos mecánicos, en corcho y sus manufacturas y en preparaciones alimenticias diversas.

Imagen de Extremadura contaba cómo Extremadura se abre al mundo a través de la iniciativa empresarial. El estereotipo reza que esta región se encierra en sí misma, que vendemos mal y poco, aunque seamos una potencia a descubrir. En este dossier quedaba claro que también sabemos vender bien y mucho. Por ejemplo, productos ecológicos que desde Sat Biosphera llegan a las tiendas especializadas de media Europa. O melocotones, nectarinas, peras y ciruelas que empezamos a exportar en los años 90 y hoy se han convertido en una de las puntas de lanza de nuestro comercio exterior.

Exportamos turrón a medio mundo y cava al otro medio. Vendemos aplicaciones ofimáticas ideadas y conformadas en Extremadura y trajes de caballero de Fuentecapala desde Navalmoral a China, Rusia o Estados Unidos. Los recambios agrícolas de Casamayor Librada se compran desde los años 90 en los cinco continentes. Los embalajes de Iberhipac se exportan a todo el mundo, al igual que nuestras pizarras, nuestros mármoles, nuestro granito, nuestros mecanizados, nuestro vino…

Datos, cifras, listas de exportadores y de empresas importadoras… Todo ello recogido por Imagen de Extremadura para retratar fielmente la realidad comercial de una región que hace veinte años exportaba con timidez y hoy lo hace con solvencia.
En eso también hemos cambiado: los tópicos de finales del siglo XX no sirven ya en estos albores del XXI. Y eso lo ha desmenuzado esta revista.

En veinticinco años de autonomía, Extremadura ha evolucionado sin parar. Esa mejora ha protagonizado todos los números de esta revista. En el número 8, un reportaje personalizaba los cambios del cuarto de siglo retratando a la que se ha dado en llamar la Generación del Estatuto. Jóvenes que en 2008 tenían 25 años, extremeños con diferente formación e intereses variopintos, pero conscientes todos de ser la generación mejor formada en la historia de Extremadura.

Licenciadas en Bellas Artes y profesores de software libre en la Universidad de Extremadura, apicultoras de Fuenlabrada de los Montes y policías locales en Zafra, empresarios de tarimas flotantes o estilistas de peluquería, veterinarias, concejalas, auxiliares administrativas, arqueólogos, deportistas, toreros… Una selección de jóvenes con 25 años que, a simple vista, sin conocer sus vidas ni sus aspiraciones, ya dejaban en la foto un aire de orgullo de ser, de pertenecer, de crecer aquí, viviendo aquí, aspirando, deseando, ilusionándose en Extremadura.

Repasando estos diecinueve números, apabulla la sensación de frescura y optimismo que manifiestan los personajes que en ella aparecen. En ningún momento se lanzan mensajes que orienten tus pensamientos, basta con hojear, detenerse en artículos, fotos y titulares sueltos, repasar datos o releer al azar declaraciones y crónicas para entender que esta tierra vive un periodo de ilusión más allá de una crisis episódica o una anécdota desesperante. Es leer y recuperar el orgullo, si estaba perezoso y escondido; leer y entender paisaje y paisanaje, leer y sentir punzadas de orgullo y explosiones de autoestima.

Los extremeños somos gente abierta y acogedora, somos hospitalarios como nadie.

A veces, en estas regiones que no destacan por un PIB estratosférico ni una situación geográfica central y referente, es necesario que te halaguen desde fuera para que acabes de creerte lo que intuyes o te dicen desde dentro. Son regiones que parecen necesitar que las quieran. Craso error el depender de la opinión ajena para creer en uno mismo, seas un país, seas un individuo. Pero si de cariño extranjero se trata, en el número 12 de Imagen de Extremadura quedó patente el amor a Extremadura de quienes llegaron un día y decidieron quedarse.

Son los nuevos extremeños, y parecen opinar lo mismo o parecido: no se sienten forasteros, sino unos extremeños más; coinciden al señalar el rasgo que destacan los turistas que nos visitan en las encuestas a pie de hotel: somos una región abierta y acogedora, somos hospitalarios como nadie.

Alemanes, ecuatorianos, galeses, rumanas, italianos, israelíes, holandeses, brasileñas, argentinos… Todos coinciden en señalar lo bien que se está aquí, la calidad de vida que nos envuelve, la tranquilidad, la pureza del aire… Son los intangibles, datos que hacen la vida más agradable, pero que no recogen las encuestas que manejan los mercados.
Los intangibles no se ven, se disfrutan. Los extremeños estamos tan acostumbrados a ellos… Es natural, hemos nacido con ellos. Por eso, a veces, no nos percatamos de ese tesoro. Quienes llegan de fuera los descubren enseguida y se sienten atrapados por esos atractivos de la región que no se manifiestan en los porcentajes, pero sí en las páginas de Imagen de Extremadura.

Esa magia que no se toca, se paladea, está presente en el quinto reportaje de esta especie de Top Five. Aparece en el número 12 y se titula “La raya judía”. En él se condensan algunas de las claves de esta región fronteriza. Por un lado, su historia mestiza, marcada por la cultura judía, mudéjar y cristiana. Por otro, la influencia portuguesa, que ha impregnado nuestra historia y deja su impronta en nuestro presente.

A caballo entre Lisboa y Madrid, Extremadura era el espacio de la guerra, donde se enfrentaban los ejércitos de los dos países. Acabadas las contiendas y abolidas las fronteras, ese carácter de eje ibérico es en el siglo XXI uno de los atractivos de la región y razón estratégica de su desarrollo.

La Raya como comarca ha estado presente a lo largo de los 19 números de la revista. Este reportaje que destacamos tiene la gracia de aunar dos mestizajes, dos influencias, dos estilos. Lo judío y lo portugués como señales de nuestra historia. Valencia de Alcántara frente a Castelo de Vide, judería frente a judería, fortaleza frente a fortaleza.
En esta frontera perdida y un poco libertaria, las culturas convivían y los pueblos se desarrollaban sin persecuciones ni tragedias tan comunes en otras latitudes peninsulares. Este reportaje incide en el carácter de Extremadura como tierra de acogida y paz, donde es fácil sentirse a gusto y donde la sociedad avanza, apartando con energía renovada cada tópico, cada lugar común, cada estereotipo… Y lo hace con la ayuda de esta revista: Imagen de Extremadura, que ya lleva veinte números explicando la región como es, sin envoltorios, sin complejos, con el orgullo que da conocer la realidad y que te guste.

Es difícil no entregarse a esa solución de la literatura portátil con los nombres que han llenado estas páginas: a lo largo de los números de la revista Imagen de Extremadura han aparecido perfiles de extremeños y extremeños de perfil, embebidos cada uno en su novela, como una estadística humana en la que reconocernos, un relato que componemos donde otros sólo encuentran la regularidad de los números.

FÍSICA DE PARTÍCULAS
A esta abundancia de biografía corresponde el lector con imágenes que se suceden: si le habían parecido una novela, ahora esas vidas más o menos remotas parece que dibujan un mapa, o que trazan una carta astral, o que en el caos de cada trayectoria se acercan a la física de partículas, o que tienen mucho de fotografía o proyección, de secuencia y movimiento.

De otro modo no se puede entender la relación que establecen estos nombres: padres fundadores de la Extremadura actual, como Fernando Pérez Marqués o Godofredo Ortega Muñoz, a los que acudimos al amparo de una tradición intelectual; balizas del siglo, como Luis Chamizo, Felipe Trigo, Juan Barjola o Manuel Martínez Mediero, que marcan el final de una época y su inicio, el contrato con la Europa de postguerra y sus otras vanguardias, el remate anunciado de la dictadura; iconos de las conquistas del siglo, como Jesús Delgado Valhondo y su red social en miles de cartas por todo el mundo, o Pureza Canelo y su presencia poética; testigos de la estridencia con que se desdibujan las fronteras, como Wolf Vostell y Ángel Duarte… Nombres, al fin, de la creatividad contemporánea en Extremadura, nombres en tropel de la música, de la imagen, del deporte, Huecco, Almudena Cid, el portero César, Miguel de Tena, Soraya, Esther Merino, Bebe, todos ya siglo XXI.

Esas biografías son resultado tanto de las leyes de una hipotética física regional como, sobre todo, del caos de la contemporaneidad en su trayectoria: son partículas que se disparan, partículas que se cruzan y fusionan, que señalan en su curso caótico, en el azar de sus relaciones, el sentido del tiempo que pasa a su alrededor.

TRENDING TOPIC
Podemos entender estas relaciones, la constelación que forman, como una cartografía, el mapa de los extremeños en el mundo en el instante largo de su historia reciente, que es como decir el de los extremeños que miraron hacia el futuro y el de los que lo tienen de cara.

Cruzándose unas con otras, esas notas perfilan el mapa de una Extremadura idealizada en sus límites y unos extremeños que juegan con las ideas del pasado para bordearlas, para enmascararse en los otros. Ocurre, por ejemplo, con América: en el arco vital de muchos perfiles resulta esencial, pero no la escolar, la vieja América del callejero que ya está, para nuestra fortuna, viviendo con nosotros, sino la América universo que es Nueva York, referencia permanente, trending topic de muchas entrevistas. La misma América a la que llegaron tantos exiliados es la que ahora encuentran y en la que viven y trabajan José Manuel Calderón, Gecko Turner o el novelista Jesús Torrecilla. Ese mapa se estira con Huecco, que va de las Hurdes a California. Y hasta Europa: aquí, a la Europa que siempre ha estado cerca, Portugal, y allí, donde la poeta Mª José Flores nombra desde un profundo silencio interior, en Italia. Y más allá, Barjola y Wolf Vostell, y en este atlas dinámico de la ciudadanía, Néstor Mogollón, Nadine Schaaf, Claudia Toma, Luigi Guiliani y muchos más.

LA EXTREMADURA ASTRAL
Con todo, la cartografía respeta algunas reglas y necesita rigor, exigencias que tienen poco que ver con el intervalo de una vida, un intervalo que, cuando se une a otros, en la distancia, se confunde con una carta astral, con esa mecánica del deseo –que no de la exactitud– que tienen los astros, cuando trazan líneas y vínculos con más esperanza que precisión, como una disciplina de la voluntad.

El tiempo de estos extremeños ya no es acontecer, sino devenir, llegar a ser, tiempo que pasa segmentado por el impulso y la memoria: ésta es la carta que dibuja algunos nombres como flechas que atraviesan una época y unen el pasado y el presente; es la relación que establecen Huecco y la fusión, Gecko Turner y el soul, Miguel Murillo y la memoria reciente, Ada Salas y el silencio. Entonces sí adivinamos a Delgado Valhondo, que mantuvo a Extremadura conectada con el mundo, o a Enrique Díez-Canedo, que antes vivió ese mundo y su tiempo, con mucha más claridad que el más detallado de los mapas. Tiene mucho de capricho, pero también de devenir, de voluntad de cambio, que en el mismo número de la revista aparezcan Luis Chamizo y un poeta joven.

DESEO, PELIGRO
Este juego entre mapa y carta astral explica algunos de los hiatos que se encuentran en los perfiles de la revista. Exacto –cartográficamente hablando– será decir que Ángel Duarte pasó, en su caos ordenado, de Madrid a París, o que Godofredo Ortega Muñoz estuvo aquí y allá, o que Fernando Pérez Marqués desarrolla en Extremadura su vida y obra.

Pero las líneas de fuerza que marcan esas vidas son muy distintas, y en la memoria, en la lectura retrospectiva, lo correcto es decir que Fernando Pérez Marqués nos asegura la modernidad clásica –la que une lo mejor del pasado con el presente– en un tiempo de dificultades, y que Ortega Muñoz y Wolf Vostell forman parte de esa clase que Tony Judt llama viajeros del tiempo, y que tal condición los vuelve extremeños al completo por muy lejos que se encontraran de su centro.

Desconcierto: encontramos escritores, pintores, deportistas, empresarios en los que reconocernos, aunque sólo sea porque no se parecen nada a nosotros y ese es un oportuno signo de los tiempos. Si nos alejamos, estos perfiles forman una imagen: aquí aparece Jesús Amigo, y Perico de la Paula y Pedro Peralta, y un poco más allá, en la Raya, Felipe Brandão o Mónica Martins, y el augurio –me veían un futuro de pintor– de Eduardo Naranjo, el desasosiego del teatro de Juan Copete, los personajes de Antonio Gil Martínez. Todo está aquí, en estos nombres que giran sin cesar.

EXTREMADURA. UN CUENTO DE HADAS DIALÉCTICO.
Un ejercicio de composición avanzada propone la suma de cada uno de los perfiles de extremeños que aparecen en la revista: una identidad en cambio, fragmentada, lateral, liminar, con fisuras y con la vaga coherencia de nuestra globalización.

Quien quiera concluir de estas notas un perfil de Extremadura al uso quedará desolado, incapaz de añadir uno de esos adjetivos que condenan en una línea una vida o un territorio; lo advierte Irene Sánchez Carrón: cuando escribo me preocupa mucho la comunicación. Contemporáneos como todos, contemporáneos al fin a su tiempo han sido y son Manuel Martínez Mediero, Concha García, Pureza Canelo y María Rosa Vicente –nada tan de estos años como su si me siento de algún sitio es de Extremadura–; contemporánea es la mirada al paisaje de Ortega Muñoz y la poética dividida de Elena García de Paredes, como lo son las parejas de extremeños portugueses que fotografía Pedro J. Gómez, frontera líquida de esa identidad.

En fin, esta proyección de la Extremadura del XXI confunde y no se detiene en la relación de lo global y lo local, pero como todas las proyecciones puede parecer, en el momento de la lectura de cada página, una sombra: hoy no podemos entenderlo, si acaso seguir con curiosidad su cuento de hadas dialéctico.

DEVENIR
Nombres y cifras, el desfile de apuntes biográficos tiene mucho de montaje del lector, y supone, en el fondo, mucho de devenir, de voluntad de futuro de estos extremeños. Ah, la lucha de clases aplicada a la identidad y al protagonismo. ¿Alguien ha contado todos los nombres de la revista, también los que aparecen en pie de foto, los que se resuelven en una lista, los que quedan como ejemplo?, ¿y los Cuarenta revolucionarios que no conocemos, los que llenan su número 19, el femenino plural del número 6? Muchos, muchos nombres, muchas vidas que consiguen, de tan distintas, por fin, un relato completo del presente, un relato de la Extremadura del XXI, la Extremadura astral.

MIRIAMBARRAL - UNA IMAGEN DE MARCA
La publicidad, la moda y el mundo editorial son los campos en los que Miriam Barral se mueve desde que en 2006, y gracias a varios cursos y un máster en Foto Creativa, descubrió que su vocación no era la economía sino la imagen. Fue entonces cuando esta gallega supo que lo que hasta ese momento era un hobby, “aquella pequeña pasioncilla que yo llevaba dentro”, podía convertirse en un medio de vida.

Hoy vive en Madrid y, después de trabajar como ayudante de fotografía en distintos estudios, actualmente asiste a Pablo Albacete, con quien ha participado en campañas publicitarias para multinacionales de telefonía móvil y ropa. También para Marca Extremadura. Esta imagen la captó durante el making of del rodaje de la campaña nacional “Somos Extremadura”.

Aunque la mayor parte de los spots se rodaron en distintas localizaciones de Extremadura, con José Manuel Calderón fue distinto. “Se optó por crear una película con fotografías, un vídeo en stop motion basado en su trayectoria”, de ahí que se rodase en interior.

“Para sacar mayor partido a los retratos, tienes que meterte dentro de la historia de la persona, hacer que se sienta tan cómoda contigo que no se dé ni cuenta de que estás ahí disparando, que pases a ser uno más”, explica Miriam. “En un making of es más fácil, porque el protagonista está más preocupado por el rodaje que por las fotos. Eso nos dio pie a tirar más fotos sin que él se moleste.” Ésta es la explicación para que “en la imagen se vea a un Calderón tranquilo, relajado”, a pesar del ritmo de trabajo intenso, y el despliegue técnico y humano de las grandes producciones. También es cierto que el deportista se sintió a gusto con el equipo de esa misma producción. “El ambiente era muy distendido, íbamos bien de tiempo y estábamos contentos con el resultado. Eso se notaba en el humor de la gente, a pesar del cansancio acumulado.” Pero eso, matiza, “sólo sucede cuando disfrutas de tu trabajo”.

JESÚS GUTIÉRREZ - UN VIAJERO EN SU TIERRA
Jesús había pasado gran parte de la noche fotografiando el castillo y el antiguo cementerio de Magacela, un pueblo de Badajoz situado en lo alto de un cerro y habitado por poco más de 600 personas. “El trabajo se había complicado un poco por el frío y por la lluvia”, y cuando ya pensaba regresar a la furgoneta –su casa, cuando viaja– para reponer fuerzas con un café, algo le hizo detenerse.
“Se había creado una formación nubosa espectacular, que permitía el paso de una luz muy atractiva sobre la Iglesia de Santa Ana. Me volví a colocar mi reproductor de mp3 con música de Tony O’Connor y disfruté del regalo mientras hacía las fotos.”
Así recuerda Jesús Gutiérrez su encuentro con esta imagen, en la que jugó a alterar las proporciones de cielo, iglesia y tierra.
Formado como fotógrafo en Perth (Australia), donde distribuía fotos pegadas en cartones reciclados, este pacense de 42 años cree que los colores son un lenguaje. “Por eso tiendo a exagerarlos. Es como subirle el volumen a la música que te gusta.” A esta imagen le aplicó un procesado de HDR, “una técnica que incrementa el rango dinámico de la cámara y se aproxima más a la percepción del ojo humano”, explica.

Actualmente, Jesús trabaja como freelance. Su pasión es viajar. Desde que tenía 23 años ha estado en África del Sur, Egipto, Marruecos y distintos países de América Central y del Sur. Acaba de regresar de la India, pero todavía se acuerda que aquel instante, en Magacela. Le hizo sentirse “muy bien, aunque pequeño, muy pequeño”. “Me parece un sitio extraordinario, lleno de gente peculiar, lugares misteriosos, leyendas y arte… Extremadura goza de muchos lugares así y casi nadie los conoce. Están a la altura de los sitios más interesantes que yo haya visto en cualquier parte del mundo.”

CEFERINO LÓPEZ - LA CLAVE ESTÁ EN LA COMPOSICIÓN
El fotógrafo y diseñador Ceferino López, Cefe desde el instante que lo conoces, es el autor de la mayor parte de la historia gráfica democrática del Festival de Mérida.

Ha cumplido 25 años moviéndose, silenciosamente y cámara al cuello, por las noches de ensayos y estrenos en el Teatro Romano, captando lo que nuestra retina cree ver. Desde hace más de diez, también fotografía las piezas del Museo Nacional de Arte Romano. Por eso, para este emeritense nacido en 1954, que le propusieran retratar a los jóvenes que encarnan la llamada “Generación del Estatuto” significó un desafío tan solo a efectos de composición.

“Los problemas habituales en el retrato individual”, comenta, son “el de reflejar la personalidad del retratado, añadiendo la visión personal que el fotógrafo tiene del mismo, además de los técnicos derivados de la iluminación”. En este caso, como era colectivo, estas premisas se trasladaban “a un personaje intangible, imaginado, que es el concepto de grupo, el nexo de varias personas que conforman un determinado concepto”. “La solución pasa generalmente por ubicarlos físicamente” en el espacio que “refleja el concepto que se persigue”, añade.

De ahí que la imagen se tomase en el hemiciclo de la Asamblea de Extremadura. “Trabajamos con luz ambiente, y la única dificultad fue la distribución de los jóvenes para que la composición fuera correcta”. Optó por un seis-ocho-tres.

Cefe no necesitó grandes retoques posteriores y se sintió satisfecho con “el uso de la tecnología digital en un ambiente poco luminoso, con los resultados tan buenos que proporcionaba, liberándome de focos, trípodes y demás complicaciones, que hacen la foto menos espontánea”.

A este pionero de la polaroid, y autodidacta sin tregua, se le considera uno de los grandes artistas de la fotografía extremeña contemporánea.

Sus imágenes forman parte de colecciones como la Polaroid (USA), el antiguo Museo Español de Arte Contemporáneo (MEAC), el IVAM de Valencia o el MEIAC de Badajoz.

PEDRO URANGA - ¿TE HAS FIJADO EN EL DETALLE?
Pedro Uranga es de pocas palabras cuando trabaja, porque toda su concentración está dedicada a la imagen. Si a este director de fotografía le preguntas por sus impresiones sobre la iglesia del Conventual de San Benito de Alcántara, donde tomó ésta, usaría solo tres: “perfección, simetría, amplitud”.

También le viene a la cabeza alguna más: “frío” y, quizás, “soledad”, por la solidez de unos muros levantados en el siglo XVI, que hoy pertenecen a la Fundación que lleva el mismo nombre y que adquieren vida cuando alguien los visita o cada verano, con el Festival de Teatro Clásico de Alcántara.

Pero cuando Perico, como lo llaman los amigos, está en pleno proceso creativo o le preguntas el porqué, y sobre todo el porqué de Extremadura, no hay quien lo pare.

Dice que desde los 18 años ve la vida a través de un visor y, aunque ya ha cumplido los 44 y ha desarrollado casi toda su carrera en Madrid, tanto en el cine, como en publicidad o en medios, conoce la región de norte a sur y la ha retratado a conciencia.

Su relación con esta tierra le viene de familia. Su tío es de Torremocha; su mujer, de Cáceres. Y es capaz de enumerar, sin pensarlo mucho, qué otros detalles le llamaron la atención de Alcántara, donde fotografió el reportaje “Del fraile al chef”. Por ejemplo, “el río, la presa, el puente romano que sigue siendo conexión entre Portugal y España, la cantera, los chozos, un nido de cigüeñas negras que se ha quedado sumergido…”.

Así, al detalle, es como trabaja este profesional que ha obtenido diversos premios en publicidad o en prensa documental. Cuenta que heredó de su padre la pasión por la fotografía y que su primera cámara fue una Canon AE-1.

Reconoce que la paciencia es una de las claves de sus imágenes. “Paciencia para esperar el mejor momento de luz”, para captar el movimiento apenas imperceptibles y crear un time-lapse. O para componer uno de esos cuidados “bodegones” que, incluso, pueden tener como protagonista a la inocencia de un bebé. Característica ésa, la naturalidad, que es la que persigue con su cámara.

TERESA BENÍTEZ - EL TIEMPO ES UN SÍMBOLO
Cuando Teresa Benítez, fotoperiodista de Badajoz, recibió el encargo de realizar un reportaje sobre mujeres extremeñas, quiso que cada una de ellas “mostrara algún elemento identificativo del ambiente en el que se desenvolvían laboralmente”. Elementos simbólicos que reflejasen su visión sobre la mujer. “Una mujer inquieta, que no tiene temor” a trabajar en sectores en los que apenas tenía presencia hasta hace unos años.

Como se trataba de un retrato colectivo, la fotografía se hizo en la sede de ORMEX (Organización Regional de Mujeres Empresarias Extremeñas). “A la hora de trabajar en grupo, por pequeño que sea, siempre va a requerir más tiempo, sólo coordinarlo ya requiere esfuerzo. Que exista un ambiente distendido y que todos puedan estar cómodos también es importante”, asegura.

Y, finalmente, fueron esos símbolos los que acabaron protagonizando la anécdota de la jornada. Teresa cuenta que “los envases que traía Cristina no pesaban nada, se caían. Y Susana llamó a un amigo que le trajo el precioso galgo que aparece en la imagen. Mientras organizábamos la foto, el animal comenzó a ponerse nervioso y hubo que calmarlo en varias ocasiones para poder posar”.

Aunque suele realizar trabajos de este tipo, como la Agenda del IMEX, éste lo recuerda con cariño: “De cada una de ellas recuerdo algo grato y agradable. Como tienen distintas edades y experiencias, me divertí… Lo mejor es que siempre aprendes algo”.

Teresa es pacense y autodidacta. Reconoce que su trabajo como reportera gráfica en El Periódico de Extremadura, entre 1994 y 2004, le ayudó a estar más en contacto con la realidad extremeña. Aunque hoy sigue colaborando con la prensa regional y nacional, ha desarrollado trabajos más artísticos, como la foto-fija de la película “Un novio para Yasmina”, las imágenes del Expotren de Marca Extremadura o una exposición colectiva en el MEIAC, con fotógrafas como Isabel Muñoz, Ouka Lele y Morgana Vargas Llosa.

Su peculiaridad geográfica ha provisto a Extremadura de una marca genética proclive al paso de viajeros; porque históricamente ha sido territorio intermedio, de paso; lo cual nos ha enriquecido en vez de disolvernos. El Norte extremeño mantiene la impronta de la reciedumbre castellana. El Oeste no puede entenderse sin la vecindad de Portugal. La parte oriental, con toda la comarca de los Montes y Las Villuercas, mira a La Mancha. Y el Sur, recibe marcadas influencias andaluzas. El propio título de Extremadura parece aludir no tanto a una topografía concreta como a una extremada realidad física y mental, pero nunca cerrada. Extremadura es transición, comunicación y realidad abierta. Abierta incluso al mar, aun siendo un bien que le falta, porque históricamente la región ha contado con sus navegantes, descubridores y relaciones diversas allende los mares.

La arteria principal que surca Extremadura de Norte a Sur, La Vía de la Plata, es posiblemente el itinerario histórico más antiguo de la Península Ibérica. Desde Artúrica Augusta, la actual Astorga, hasta Emérita Augusta, nuestra Mérida, sirvió a la romanización como ruta principal de comunicación. Siglos más tarde, se prolongaría hasta Sevilla por el sur y hasta Santiago de Compostela hacia el norte, merced a los peregrinos. Esta singular calzada supone para el viajero moderno un itinerario turístico, cultural, monumental y gastronómico que puede realizarse tomando como eje la A-66.

Hoy día es innegable la relación entre literatura y el turismo. Ambas actividades de algún modo nos llevan a mundos distintos, a formas de vida e historias que enriquecen nuestra forma de pensar y nos aportan felicidad. La diferencia es que los libros actúan solamente en nuestra imaginación, mientras que los viajes nos muestran la realidad. Sin embargo, literatura y turismo pueden funcionar muy bien unidos. Porque, convenientemente conjugados, libros y viajes nos aportan doble felicidad.

Nos llevan de una ciudad a otra, de un país a otro, por paisajes diversos y diferentes culturas. Esos viajes nos permiten salir de nuestra realidad, de lo cotidiano, y nos muestran la vastedad y la grandeza de este mundo. Pero hay también otro tipo de viajes, que se hacen sin medio de transporte, sin salir de nuestras casas y que, de una forma misteriosa, nos permiten alcanzar la extensión de los infinitos territorios de la imaginación. Esos viajes no se agotan, porque, entre otras cosas, son los que quizá haremos algún día físicamente. Y tales viajes, en tanto no se emprenden, aguardan en la paciencia de los estantes, en el silencio grave y estático de las bibliotecas o en las privadas librerías familiares. Porque hay itinerarios relatados, descritos en los tratados parsimoniosos de los científicos, de los buscadores intrépidos del origen de los ríos, de las grutas recónditas, de las tribus remotas… En las íntimas memorias de los peregrinos; en las biografías de santos, navegantes, soldados y mercaderes.

REALMENTE NO SABEMOS CUÁNDO COMENZÓ EL TURISMO, ENTENDIDO COMO AFICIÓN A VIAJAR POR PLACER.
Y no sólo hay viajes por el mapa de la tierra, sino que también hay viajes hacia las interioridades de la música, al color de una pintura, al solemne interior de las catedrales… Como los hay desgranado las concavidades del alma, hacia el fondo de una conversación. Porque el “viaje” existe cuando hay deseo de evadirse, de salir de uno mismo y escapar hacia lo “otro”, donde sabemos que la cotidianidad se rompe. Nos transportamos y nos dejamos arrastrar por el deseo de encontrar, descubrir, sorprendernos y gozar con lo nuevo y lo viejo.

Realmente no sabemos cuándo comenzó el turismo, entendido como afición a viajar por placer. Las personas han recorrido el mundo por pura curiosidad desde la más remota antigüedad. De hecho, se ha calificado a Herodoto como el primer gran reportero y el primer turista famoso. El célebre periodista y escritor polaco Ryszard Kapuszcinky, en su libro Viajes con Herodoto va mucho más allá y, haciendo uso de un término rabiosamente actual, llega a considerarlo “el primer globalista”.

En todo caso, literatura y grandes viajeros siempre fueron de la mano. En la antigua Grecia todos querían ser Aquiles, inspirados por la fuerza del personaje de la obra homérica: un semidiós, a la vez muy humano; casi invencible, pero emocionalmente vulnerable; decisivo, heroico, rebelde, al mismo tiempo que irracional, inestable y preso de su deseo de gloria. El mismo Alejandro Magno cargaba con las historias de la Iliada en su cabeza y viajó a Troya para ir personalmente a rendir tributo al lugar donde se decía estaba la tumba de Aquiles. Plutarco narra esta visita. Como el propio Herodoto nos cuenta la que hiciera en su tiempo el rey persa Jerjes, cuando ordenó el sacrificio a Atenea de mil vacas y los magos ofrecieron libaciones a los héroes.

Pero también Ulises resultaba enormemente sugestivo para los antiguos. Porque en su camino de vuelta a casa, después de la guerra de Troya, se ve envuelto por los dioses en un largo viaje lleno de peligros y aventuras. Después de aquello, muchos viajeros han ido en pos de su propia curiosidad para tratar de hallar aquella mítica Ítaca, la gruta del cíclope Polifemo, el sitio donde habitaba la maga Circe o las sirenas.

TAMPOCO FUE OLVIDADA LA AVENTURA DE ALEJANDRO MAGNO Y EL ENCANTO DE SU PERSONALIDAD PERDURÓ A TRAVÉS DE LOS SIGLOS.
Tampoco fue olvidada la aventura de Alejandro Magno y el encanto de su personalidad perduró a través de los siglos. Fue la Edad Media la que popularizó su historia, haciendo que llegara su conocimiento no sólo a grupos escogidos de gentes doctas, como había sucedido en el pasado, sino también a personas de cultura media y hasta a analfabetos. Se sabe que quien desencadenó este interés y fervor por la historia de Alejandro fue el arcipreste Leo de Nápoles, que en el siglo X viajó a Constantinopla y conoció un manuscrito griego que contenía la historia del Pseudo Calístenes, de la cual hizo una copia que llevó consigo de vuelta a Nápoles. La curiosidad se desató en Europa y muchos quisieron ir a conocer aquellos lejanos lugares de los viejos helenos.

Así se empezó a hablar con insistencia de las “maravillas de la Antigüedad”. Según un manuscrito de la época, la más impresionante de ellas era la famosa estatua gigante conocida como el Coloso de Rodas, dedicada a Helios, dios del sol. Algunos viajeros medievales llegaron hasta Egipto y, al admirarse ante la visión de las pirámides, trataron de interpretarlas a la luz de la Biblia, de manera que consideraron que habían sido los silos construidos por José para salvar a Egipto durante los siete años de hambre, leyenda que se reproduce en una de las cúpulas de la catedral de San Marcos en Venecia.

Desde Marco Polo, proliferaron en la literatura relatos sobre los viajes al Oriente. Las grandes rutas comerciales de la seda y las especias funcionaron desde sus inicios como vías de intercambio culturales entre Europa y lo que para los occidentales era un mundo exótico y lejano.

A lo largo del siglo XVIII navegantes, exploradores y naturalistas recorrieron el globo. Descubrieron sus tierras, elaboraron mapas y compusieron preciosos relatos describiendo costas, paisajes, razas humanas y desconocidas especies animales y vegetales. Se convirtieron en testigos de un mundo amplísimo hasta entonces desconocido. Y a la vez trataron de descifrarlo. James Cook, Daniel Defoe, Bernardin de Saint-Pierre, Emilio Salgari… Son tantos los escritores que nos han hecho soñar con tierras lejanas… Viajes, viajeros, personajes, paisajes exóticos… Los libros han hecho famosos muchos lugares de los que de otro modo no tendríamos noticias. Es habitual encontrarse a incontables viajeros que quieren visitar localizaciones de una novela que han leído, ruinas o monumentos que han pasado a la posteridad gracias la literatura. A esto se le viene llamando actualmente de manera amplia “turismo cultural”.

Pero los turistas de hoy ya no son solitarios aventureros, sino que se mueven por oleadas, en busca del gran imaginario colectivo proporcionado por los libros. En Edimburgo uno de los monumentos más visitados es el construido en honor a Sir Walter Scott. También está allí el museo de los escritores; una casa del siglo XVII donde se muestran manuscritos de Robert Burns, Robert Louis Stevenson, Arthur Conan Doyle y el propio Scott, entre otros. Y en Normandía, en el barrio Henriville, muy cerca del centro de la ciudad de Amiens y de su estación de tren, puede visitarse la casa museo de Julio Verne. Entre las piezas conservadas en ella destacan manuscritos, cartas, dibujos, grabados, libros, fotografías, muebles y piezas de la vajilla del autor, que reciben más de 30.000 visitas anuales. Y no hay pueblo en La Mancha que, recordando a Cervantes, no tenga una señalización que te indique a la entrada: “En un lugar de La Mancha…”. De la misma manera que se prodigan por miles las ventas, mesones y tabernas con la denominación “Don Quijote”.

Hoy el mundo asiste a una explosión de la memoria: archivos, museos, monumentos y otros bienes patrimoniales, tanto materiales como inmateriales, que son expresiones inequívocas de los esfuerzos orientados al rescate, la reinterpretación y la conservación del pasado, con el propósito de hacerlo comprensible en su relación con el presente. En las últimas décadas, sobre todo, el turismo se ha transformado en una actividad masiva que no ha dejado de aumentar.

Jorge Luis Borges dijo: “No soy lo que soy por lo que he escrito sino por lo que he leído”. Y algunos han ampliado el axioma, llegando a decir que “somos lo que leemos”. Digamos mejor que somos lo que conocemos, ya sea a través de los libros o de la experiencia directa. Viajar es leer el mundo.

Unos viajes los elegimos y otros no, porque parece que algunos de esos viajes de la imaginación nos eligen a nosotros. Unos los planeamos y preparamos las maletas; otros, en cambio, nos llegan en las páginas de los libros. Y son finalmente felices itinerarios hacia islas sosegadas o ciudades iluminadas; hacia una Itaca radiante o una Jerusalén celeste. Esos que suceden hacia adentro de nosotros mismos o hacia la descubierta del otro.

Extremadura tiene su propio carácter y su historia específica, debido tanto a la morfología del terreno, como a la pertenencia de los territorios a diversos poderíos; el Imperio Romano, los visigodos, los reinos, moros primero, cristianos después, las diócesis, las órdenes militares y los señoríos medievales, cuya extensión ocupaba una posición estratégica entre las mesetas de la parte central y las grandes vegas de la zona meridional de la península. Desde la alta Edad Media, ésta ha sido una zona de arraigados intereses personales que hicieron imposible durante siglos su verdadera unión política y administrativa. La abundancia de torres, fortalezas y castillos, que todavía hoy caracterizan nuestros paisajes, son el recuerdo de esas luchas, que obligaron a defender todas las poblaciones y todos los puntos estratégicos, tanto los del fondo de los valles (molinos, vados, puentes…), como los ubicados en las alturas.

LAS FORTIFICACIONES SON TESTIMONIOS PRIVILEGIADOS, AUNQUE EN BUENA MEDIDA OLVIDADOS, DE NUESTRO PASADO.
Construidas con piedra local, con adobe o con ladrillos, las fortificaciones surgen del terreno sin desentonar, pero sin mimetizarse, ostentando su carácter amenazador y romántico a la vez. Amenizan un singular horizonte, muy pintoresco y variado, por su fisonomía llana (Magacela, Benquerencia, Almorchón, Puebla de Alcocer…) o montuosa (Trevejo, Santibáñez el alto, Eljas…); por su soledad salvaje (Monfragüe, Azagala…) o por la presencia de importantes núcleos de población en las proximidades (Cáceres, Coria, Zafra, Trujillo, Fregenal de la Sierra, Jerez de los Caballeros…). Tenemos alcazabas árabes (Badajoz, Reina…), recintos murados (Galisteo, Plasencia…) y castillos mastodónticos (Medellín). Ellos son testimonios privilegiados, aunque en buena medida olvidados, de nuestro pasado.

A todo ese patrimonio histórico y artístico de Extremadura se le puede dotar de vida. El llamado turismo literario, el que viene motivado por la lectura de un relato, puede marcar el vínculo entre turismo e Historia, entendiendo que los restos materiales están transmitiendo el pasado y la novela histórica constituye un medio útil para recrear el pasado del hombre y formar el imaginario colectivo. Hoy día, sobre este tipo de turismo se ha definido un público viajero elitista, apasionado, que busca una Historia tangible. Porque, si bien la Historia es intangible, los monumentos y antigüedades ejercen su atractivo por el aspecto físico, la grandeza, la monumentalidad y la estética, pero también por considerarse una reliquia del pasado, y vivir los ambientes del pasado histórico constituye un momento de búsqueda, de libertad, de alejamiento hacia nuevos horizontes. Por eso se crea entre viajeros y literatos una conexión muy fuerte. Ya que el viajero sabe bien que el escritor ha contado con las fuentes de la Historia y que necesita de esos testigos, de esos testimonios para documentarse, ambientarse e inspirarse. La Historia surge, entonces y por primera vez, de forma nítida, a la vez que el monumento, los vestigios y objetos del pasado que conforman el concepto de Legado o Patrimonio adquieren vida y pleno significado.

ESTA REGIÓN POSIBILITA AL QUE LA VISITA UN PRECIOSO VIAJE POR EL TIEMPO.
Y Extremadura se hace especialmente visible en su patrimonio histórico-artístico, que guarda incontables tesoros, y nos posibilita un precioso viaje por el tiempo, en el que brotan muy vivos los recuerdos romanos, visigodos, musulmanes y cristianos, en las piedras de las ruinas, los cascos históricos medievales y renacentistas.

En mi caso particular, construir relatos que tengan como escenario Extremadura se basa en un proyecto personal: en la necesidad de desentrañar los signos geográficos, históricos, humanos, culturales y espirituales extremeños; la conveniencia de enraizarlos en su espacio y la obligación de englobar esta materia en términos atrayentes, divertidos, universales y generosos.

IMAGEN DE EXTREMADURA TUVO VISIÓN DE FUTURO, APOSTÓ POR SUS TRABAJOS Y…  NO HABIDO DECEPCIÓN ALGUNA PARA QUIENES CREYERON EN ESAS MISMAS OBRAS.

Este pequeño apunte autobiográfico para decir que, desde la lejanía, he necesitado de cuando en cuando de pistas, de “guías”, para conocer los rostros que conformaban el borgiano mapa de esta región de la que vivía alejado físicamente, pero de la que no estaba realmente lejos. Una de esas guías ha sido, sin duda, Imagen de Extremadura, y esta sección en particular cuando se trataba de nombres nuevos: “Creativos siglo XXI”. Sin “del siglo”. Sin “para el siglo”. A secas. Como una marca. Una marca joven dentro de Marca Extremadura.

No es poco relevante el hecho de que algunos de estos nombres hayan alcanzado un reconocimiento notable tras su aparición en estas páginas: Imagen de Extremadura tuvo visión de futuro, apostó por sus trabajos y… no ha habido decepción alguna para quienes creyeron en esas mismas obras: ahí están, por citar sólo dos ejemplos, Jimina Sabadú (galardonada, hace unas pocas semanas, con el Premio Lengua de Trapo de narrativa, y con críticas excelentes parsu primera novela) o Fermín Solís (consolidado con su novela gráfica En el laberinto de las tortugas, precisamente sobre Buñuel en las Hurdes).

Y lo más importante: número a número, entrega a entrega, leíamos alguno de estos perfiles, conocíamos sus trabajos, y sabíamos que, aunque no hubiera llegado esa posterior popularidad, ya “merecían la pena” (como, imagino, los de aquellos que tengan hueco en el futuro de Imagen de Extremadura). El rigor en la selección era evidente. Éste, añadido a la “suficiente” variedad, nos ha mostrado, a lo largo de muchos números, un mapa que coincide con el territorio, un mapa con suficientes rasgos propios como para reconocerlo, como para saber cuán exacto es, cuánto hay en cada nombre en mayúscula de todo lo que nos gusta también en minúscula.

Urbano Pérez Sánchez, Fulgencio Valares, Agustín Arribas, Delmar, Modesto García… Es decir, textos, imágenes, músicas, arquitecturas…. La lista, por suerte, continúa.

01 - Planificación y coordinación de contenidos

Las reuniones que ponen en marcha cada número de esta revista son ya míticas para muchos lectores: ¿que se publicará en la siguiente entrega? ¿Qué descubriremos en las nuevas páginas? ¿En qué localidad o paraje situará su relato el escritor Jesús Sánchez Adalid? ¿Qué o quiénes protagonizarán la portada? ¿Qué novedades descubriremos a la vuelta de una página cualquiera?

Cada número de Imagen de Extremadura es una sorpresa y a la vez una certeza: datos reales que surgen del día a día de la Comunidad extremeña.

Ése es uno de los principios de la revista: contar “lo que hay y lo que es”, como dijera el clásico.
El, digámoslo así, consejo editor, formado por los responsables de Marca Extremadura y algunos conocedores de la realidad extremeña, no tiene prejuicios y se interesa por temas muy distintos, como también lo hacen nuestros lectores: de la cultura joven a la cetrería, del trabajo en Bruselas -en pleno corazón de la Unión Europea- a los deportes de riesgo, de las nuevas empresas al papel de los extranjeros que ya se sienten tan extremeños como nosotros… Todos estos temas pasan por el filtro del rigor y de la comprobación de datos, al modo de las más prestigiosas publicaciones del mundo.

El papel de un verdadero “fact checker” es comprobar cada dato, asegurarse de que la información que se emite es veraz. Y el papel de quienes están al frente de Imagen de Extremadura es conseguir que estos datos sean leídos en artículos, reportajes y dossieres atractivos, bien escritos y bien ilustrados, ágiles y a la vez profundos. Ése es el reto en cada número.

02 - Redacción y elaboración de textos

Tras las reuniones dedicadas a los contenidos, que significan un sustancial intercambio de correos, de ajustes, de estudios y decisiones, donde finalmente se establece el enfoque de cada pieza escrita o fotografiada, pasamos al trabajo de los articulistas, redactores y editores.

¿Cuántas palabras tendrá este reportaje? ¿Cuál es el teléfono de este joven empresario innovador? Trasvase de información, y un listado de colaboradores entusiastas y puntuales.Un periodista telefonea a un bodeguero, un fotógrafo acuerda un viaje para ilustrar un texto sobre La Raya, ya están los permisos de tal o cual convento para pasar al interior y realizar algunas ilustraciones.

El proceso continúa.

Tras la entrega de los textos, llega su edición, el famoso “editing”. Pulcritud por encima de todo.
Los contenidos han de ser cuidados teniendo en cuenta una serie de reglas básicas, pero que conviene recordar siempre, incluidas las de la ortotipografía.

Se considera, por consenso, que el primer manual de ortotipografía fue la “Ortotypographie” de Jerónimo Hornschuch, publicada en latín en Leipzig en 1608. Desde entonces, esta disciplina estudia la combinación de la ortografía y la tipografía y concreta la forma en que la primera se aplica en obras impresas. Pues bien, todo ello es tenido muy en cuenta durante la elaboracion y corrección de estas páginas.

La versión electrónica
La versión electrónica de Imagen de Extremadura se anticipó, hace ya muchos números, a otras propuestas posteriores de lectura on line.

Está desarrollada ex profeso. Se trata de una solución profesional que reproduce casi el formato papel, de una forma visual y fiel al original, que ofrece todos los beneficios de aquél y agrega todo el potencial de las nuevas tecnologías. Esta versión aprovecha la inversión realizada en papel al tiempo que facilita una estrategia multicanal, con lo que puede incrementar la exposición de la revista a otros públicos a la vez que genera nuevas respuestas dentro del lector más tradicional.

Hasta hace muy poco ha sido, además, la única herramienta de este tipo diseñada íntegramente en Extremadura, lo que permite incorporar cualquier modificación, del tipo que sea.

Son muchos los lectores de Imagen de Extremadura que acceden a esta publicación desde los lugares más remotos del mundo. La versión electrónica es “su” revista.

03 - Diseño y maquetación de la revista

Como en cada paso del proceso de edición de esta revista, el equipo de diseño y maquetación trabaja duro, actualizándose cada poco.
El propio estilo se convierte en recurso y, por lo tanto, responde a una decisión de proyecto, donde la selección de una imagen o una ilustración depende de su capacidad para generar sentido.

Durante los últimos números se ha apostado, en el aspecto tipográfico, por el uso de una elegante “letra” helvética con todas sus varientes. Una tipografía que reúne atributos evidentes: claridad, orden, versatilidad y continua modernidad.

Por otra parte, la incorporación de un elemento gráfico, del que al principio, salvo en contadas ocasiones, carecía la revista: la ilustración, otorgó a Imagen de Extremadura un aspecto único y personal, que la diferencia claramente del resto de publicaciones existentes en nuestra Comunidad.

Número a número, Imagen de Extremadura ha contado con algunos de los mejores fotógrafos extremeños. Que han viajado de norte a sur, de este a oeste. Que han hecho noche esperando la mejor luz, que han bajado a las cuevas más profundas y han subido a los más altos campanarios para lograr la mejor imagen.

Cada fotógrafo ha recibido el encargo y ha sido informado del carácter del texto que debía “acompañar”. Había que lograr una simbiosis, y había que pensar también en crear, a la postre, uno de los mejores bancos de imágenes de Extremadura.

04 - Impresión y montaje de la publicación

El proceso de diseño e impresión de la revista, como otros aspectos fundamentales de la misma, salen a concurso público, y tras la resolución de éste se pone en marcha cada nueva etapa de Imagen de Extremadura, con un empuje renovado, con más ideas y propuestas, que la “repiensan”, que la enriquecen indudablemente.

Para seguir “escribiéndola”, “diseñándola”, “fotografiándola”… Y también para imprimirla y encuadernarla. El barniz de las cubiertas, el contraste de las imágenes, la cuidada encuadernación con lomo… detalles, pequeños y grandes, que buscaban poner en pie una publicación de referencia y no sólo un “producto” más.

Había que crear La Revista, es decir, el medio desde el que se expresaron algunos de los mejores creadores (y creativos) de Extremadura. Y, por supuesto, el soporte era para ello fundamental. Un soporte que tenía que nacer, en primer lugar, de una impresión (y aquí se nos permitirá el juego de palabras) excelente.

05 - Distribución y reparto de “Imagen de Extremadura”

Una distribución que lleva Imagen de Extremadura a, literalmente, todo el mundo, todos los países de la Tierra si es preciso… Como lema: el compromiso de ocuparnos con eficacia de la distribución íntegra de la revista, así como de la gestión de las suscripciones, envíos, stock, colaboradores, etc., a través de nuestro Call Center y de un acceso que Marca Extremadura habilitó para la gestión de los contactos de la revista.
Gracias a esta gestión se lleva a cabo un conocimiento exhaustivo de las suscripciones (altas, bajas, modificaciones y cancelaciones), de la totalidad de envíos (de papel y de la edición digital), de los contactos, del stock. Este sistema de gestión permite extraer informes exhaustivos (datos y tablas referidas al número de suscriptores por comunidades autónomas, por nacionalidades, por instituciones, personas que sólo desean recibir la versión on line, o en papel o las dos, controlar las devoluciones). Pocas publicaciones españolas cuentan con una distribución en diversos niveles tan fiel como la de Imagen de Extremadura.
Un extremeño de Buenos Aires recibe Imagen de Extremadura al mismo tiempo que un extremeño de Nueva York.

Un empresario alemán conoce cuáles son las denominaciones de origen del queso extremeño, y a continuación, por correo electrónico, realiza un pedido iniciático.  Casos así se producen cada poco.

Imagen de Extremadura es, en esos momentos, no sólo una revista, sino también un “catálogo” con los mejores productos de la región.
La distribución aplicada, en este tramo, a una difusión que va más allá de la primera lectura.