En Extremadura, luchar contra los tópicos, contra los complejos y contra las mentiras repetidas tantas veces que acabamos creyéndolas es una tarea importante en la que participan políticos, comunicadores, líderes sociales, profesores.
Pero esa lucha es muchas veces contraproducente: está tan llena de buenas intenciones como de falta de rigor, tan impregnada de autocomplacencia como ayuna de datos, tan repleta, otra vez, de lugares comunes como exenta de argumentos meditados e irrefutables. En resumen: las más de las veces se consigue lo contrario de lo que se persigue. Los extremeños son inteligentes y si descubren que faltan argumentos y sobran generalidades, más que crecer en autoestima, abundan en derrotismo.
En este contexto de lucha contra los lugares comunes y el pesimismo histórico, surge la revista Imagen de Extremadura. Desde el primer número quedó claro que esta publicación iba a convertirse en un arma eficaz contra los complejos inexplicables. Y era eficaz porque aunaba el deseo de quebrar tópicos con el rigor y el dato real. No se trataba de decir que somos normales, modernos, activos, creadores, originales y estamos en el mundo, viviendo y participando de sus transformaciones, sino de demostrarlo con hechos, con personajes, con cifras.
Imagen de Extremadura ha presentado la región real, sin afeites ni engaños, sin proclamas ni vergüenzas. Ésta es la realidad, ni se ensalza ni se adorna, ahí está y luego pensemos lo que queramos. Si nos fijamos en sus 19 números, podríamos seleccionar los especiales, que a lo largo de estos años nos han deleitado con álbumes de fotos maravillosas de Extremadura, capaces de dejarnos suspendidos ante tanta belleza. Ha habido también especiales sobre Cáceres, sobre Guadalupe o en torno a la nueva era del vino extremeño.
Ese especial resultó paradigmático de la transformación de la región, de su realidad y de cómo Imagen de Extremadura ha conseguido retratar un cambio de mentalidad: del vino en cantidad, al vino de calidad; de la monovariedad de uva a la búsqueda de coupages y variedades nuevas que se adapten al mercado y a los gustos actuales; de tener media docena de marcas a presentar una oferta puntera que se codea en los mercados internacionales con los mejores vinos.
Pero más allá de los números monográficos, han sido los números bimestrales los que han sido capaces de dibujar en cada entrega la Extremadura de hoy. Creadores, lugares, iniciativas, paisajes, emprendedores… Cada número era una sorpresa que invitaba a descubrir una región que los tópicos, una vez más los tópicos, nos escondían. En Imagen de Extremadura descubríamos una cafetería-librería en Hervás, un lugar virtual llamado Netescopio, un hospital para especies en peligro, un convento con historia ignorada en Belvís de Monroy. ¿Pero esto es Extremadura? Sí, claro que sí, esto es también Extremadura, esa gran desconocida, pero no tanto para los forasteros cuanto para los nativos. E Imagen de Extremadura ha ido dando pistas número a número para descubrir el entorno y sorprendernos.
Podríamos realizar un ejercicio de selección. Hagamos una antología de reportajes aparecidos en la revista. Confeccionemos un florilegio de cinco que resuma la realidad de la región y el estilo de la revista. Vayamos, por ejemplo, al número 6. Se publicó en septiembre-octubre de 2007. Traía un dossier titulado “Extremadura femenino plural”.
En él se contaba la historia de mujeres que desde diferentes ámbitos profesionales hacen Extremadura.
Profesoras y magistradas, empresarias y galeristas, deportistas, cineastas, artistas, diseñadoras, actrices, cantantes, investigadoras… No se trataba de una declaración de intenciones. Estaban ellas con sus nombres, sus retratos, sus currículos, demostrando la evolución de una región donde Ángeles Baños y María Llanos coleccionan arte y lo venden, Irene Cardona y Maite Ruiz de Austri dirigen cine, Ana González Salvador y María del Mar Lozano Bartolozzi investigan y enseñan en la Universidad de Extremadura. Docentes, juezas, médicas… Mujeres extremeñas apartando los estereotipos sin anunciarlo ni hacer de ello una excepción o una rareza, mujeres ejerciendo su profesión, descollantes y ejemplares… y la revista Imagen de Extremadura contándolo.
En el número 7 de esta publicación, un reportaje sobre la exportación de productos extremeños nos revelaba que no solo llevamos jamón a Japón o cerezas a Alemania, sino que somos una potencia exportadora en conservas, en verdura, en fruta y también en máquinas y aparatos mecánicos, en corcho y sus manufacturas y en preparaciones alimenticias diversas.
Imagen de Extremadura contaba cómo Extremadura se abre al mundo a través de la iniciativa empresarial. El estereotipo reza que esta región se encierra en sí misma, que vendemos mal y poco, aunque seamos una potencia a descubrir. En este dossier quedaba claro que también sabemos vender bien y mucho. Por ejemplo, productos ecológicos que desde Sat Biosphera llegan a las tiendas especializadas de media Europa. O melocotones, nectarinas, peras y ciruelas que empezamos a exportar en los años 90 y hoy se han convertido en una de las puntas de lanza de nuestro comercio exterior.
Exportamos turrón a medio mundo y cava al otro medio. Vendemos aplicaciones ofimáticas ideadas y conformadas en Extremadura y trajes de caballero de Fuentecapala desde Navalmoral a China, Rusia o Estados Unidos. Los recambios agrícolas de Casamayor Librada se compran desde los años 90 en los cinco continentes. Los embalajes de Iberhipac se exportan a todo el mundo, al igual que nuestras pizarras, nuestros mármoles, nuestro granito, nuestros mecanizados, nuestro vino…
Datos, cifras, listas de exportadores y de empresas importadoras… Todo ello recogido por Imagen de Extremadura para retratar fielmente la realidad comercial de una región que hace veinte años exportaba con timidez y hoy lo hace con solvencia.
En eso también hemos cambiado: los tópicos de finales del siglo XX no sirven ya en estos albores del XXI. Y eso lo ha desmenuzado esta revista.
En veinticinco años de autonomía, Extremadura ha evolucionado sin parar. Esa mejora ha protagonizado todos los números de esta revista. En el número 8, un reportaje personalizaba los cambios del cuarto de siglo retratando a la que se ha dado en llamar la Generación del Estatuto. Jóvenes que en 2008 tenían 25 años, extremeños con diferente formación e intereses variopintos, pero conscientes todos de ser la generación mejor formada en la historia de Extremadura.
Licenciadas en Bellas Artes y profesores de software libre en la Universidad de Extremadura, apicultoras de Fuenlabrada de los Montes y policías locales en Zafra, empresarios de tarimas flotantes o estilistas de peluquería, veterinarias, concejalas, auxiliares administrativas, arqueólogos, deportistas, toreros… Una selección de jóvenes con 25 años que, a simple vista, sin conocer sus vidas ni sus aspiraciones, ya dejaban en la foto un aire de orgullo de ser, de pertenecer, de crecer aquí, viviendo aquí, aspirando, deseando, ilusionándose en Extremadura.
Repasando estos diecinueve números, apabulla la sensación de frescura y optimismo que manifiestan los personajes que en ella aparecen. En ningún momento se lanzan mensajes que orienten tus pensamientos, basta con hojear, detenerse en artículos, fotos y titulares sueltos, repasar datos o releer al azar declaraciones y crónicas para entender que esta tierra vive un periodo de ilusión más allá de una crisis episódica o una anécdota desesperante. Es leer y recuperar el orgullo, si estaba perezoso y escondido; leer y entender paisaje y paisanaje, leer y sentir punzadas de orgullo y explosiones de autoestima.
Los extremeños somos gente abierta y acogedora, somos hospitalarios como nadie.
A veces, en estas regiones que no destacan por un PIB estratosférico ni una situación geográfica central y referente, es necesario que te halaguen desde fuera para que acabes de creerte lo que intuyes o te dicen desde dentro. Son regiones que parecen necesitar que las quieran. Craso error el depender de la opinión ajena para creer en uno mismo, seas un país, seas un individuo. Pero si de cariño extranjero se trata, en el número 12 de Imagen de Extremadura quedó patente el amor a Extremadura de quienes llegaron un día y decidieron quedarse.
Son los nuevos extremeños, y parecen opinar lo mismo o parecido: no se sienten forasteros, sino unos extremeños más; coinciden al señalar el rasgo que destacan los turistas que nos visitan en las encuestas a pie de hotel: somos una región abierta y acogedora, somos hospitalarios como nadie.
Alemanes, ecuatorianos, galeses, rumanas, italianos, israelíes, holandeses, brasileñas, argentinos… Todos coinciden en señalar lo bien que se está aquí, la calidad de vida que nos envuelve, la tranquilidad, la pureza del aire… Son los intangibles, datos que hacen la vida más agradable, pero que no recogen las encuestas que manejan los mercados.
Los intangibles no se ven, se disfrutan. Los extremeños estamos tan acostumbrados a ellos… Es natural, hemos nacido con ellos. Por eso, a veces, no nos percatamos de ese tesoro. Quienes llegan de fuera los descubren enseguida y se sienten atrapados por esos atractivos de la región que no se manifiestan en los porcentajes, pero sí en las páginas de Imagen de Extremadura.
Esa magia que no se toca, se paladea, está presente en el quinto reportaje de esta especie de Top Five. Aparece en el número 12 y se titula “La raya judía”. En él se condensan algunas de las claves de esta región fronteriza. Por un lado, su historia mestiza, marcada por la cultura judía, mudéjar y cristiana. Por otro, la influencia portuguesa, que ha impregnado nuestra historia y deja su impronta en nuestro presente.
A caballo entre Lisboa y Madrid, Extremadura era el espacio de la guerra, donde se enfrentaban los ejércitos de los dos países. Acabadas las contiendas y abolidas las fronteras, ese carácter de eje ibérico es en el siglo XXI uno de los atractivos de la región y razón estratégica de su desarrollo.
La Raya como comarca ha estado presente a lo largo de los 19 números de la revista. Este reportaje que destacamos tiene la gracia de aunar dos mestizajes, dos influencias, dos estilos. Lo judío y lo portugués como señales de nuestra historia. Valencia de Alcántara frente a Castelo de Vide, judería frente a judería, fortaleza frente a fortaleza.
En esta frontera perdida y un poco libertaria, las culturas convivían y los pueblos se desarrollaban sin persecuciones ni tragedias tan comunes en otras latitudes peninsulares. Este reportaje incide en el carácter de Extremadura como tierra de acogida y paz, donde es fácil sentirse a gusto y donde la sociedad avanza, apartando con energía renovada cada tópico, cada lugar común, cada estereotipo… Y lo hace con la ayuda de esta revista: Imagen de Extremadura, que ya lleva veinte números explicando la región como es, sin envoltorios, sin complejos, con el orgullo que da conocer la realidad y que te guste.
