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En Extremadura, luchar contra los tópicos, contra los complejos y contra las mentiras repetidas tantas veces que acabamos creyéndolas es una tarea importante en la que participan políticos, comunicadores, líderes sociales, profesores.

Pero esa lucha es muchas veces contraproducente: está tan llena de buenas intenciones como de falta de rigor, tan impregnada de autocomplacencia como ayuna de datos, tan repleta, otra vez, de lugares comunes como exenta de argumentos meditados e irrefutables. En resumen: las más de las veces se consigue lo contrario de lo que se persigue. Los extremeños son inteligentes y si descubren que faltan argumentos y sobran generalidades, más que crecer en autoestima, abundan en derrotismo.

En este contexto de lucha contra los lugares comunes y el pesimismo histórico, surge la revista Imagen de Extremadura. Desde el primer número quedó claro que esta publicación iba a convertirse en un arma eficaz contra los complejos inexplicables. Y era eficaz porque aunaba el deseo de quebrar tópicos con el rigor y el dato real. No se trataba de decir que somos normales, modernos, activos, creadores, originales y estamos en el mundo, viviendo y participando de sus transformaciones, sino de demostrarlo con hechos, con personajes, con cifras.

Imagen de Extremadura ha presentado la región real, sin afeites ni engaños, sin proclamas ni vergüenzas. Ésta es la realidad, ni se ensalza ni se adorna, ahí está y luego pensemos lo que queramos. Si nos fijamos en sus 19 números, podríamos seleccionar los especiales, que a lo largo de estos años nos han deleitado con álbumes de fotos maravillosas de Extremadura, capaces de dejarnos suspendidos ante tanta belleza. Ha habido también especiales sobre Cáceres, sobre Guadalupe o en torno a la nueva era del vino extremeño.

Ese especial resultó paradigmático de la transformación de la región, de su realidad y de cómo Imagen de Extremadura ha conseguido retratar un cambio de mentalidad: del vino en cantidad, al vino de calidad; de la monovariedad de uva a la búsqueda de coupages y variedades nuevas que se adapten al mercado y a los gustos actuales; de tener media docena de marcas a presentar una oferta puntera que se codea en los mercados internacionales con los mejores vinos.

Pero más allá de los números monográficos, han sido los números bimestrales los que han sido capaces de dibujar en cada entrega la Extremadura de hoy. Creadores, lugares, iniciativas, paisajes, emprendedores… Cada número era una sorpresa que invitaba a descubrir una región que los tópicos, una vez más los tópicos, nos escondían. En Imagen de Extremadura descubríamos una cafetería-librería en Hervás, un lugar virtual llamado Netescopio, un hospital para especies en peligro, un convento con historia ignorada en Belvís de Monroy. ¿Pero esto es Extremadura? Sí, claro que sí, esto es también Extremadura, esa gran desconocida, pero no tanto para los forasteros cuanto para los nativos. E Imagen de Extremadura ha ido dando pistas número a número para descubrir el entorno y sorprendernos.

Podríamos realizar un ejercicio de selección. Hagamos una antología de reportajes aparecidos en la revista. Confeccionemos un florilegio de cinco que resuma la realidad de la región y el estilo de la revista. Vayamos, por ejemplo, al número 6. Se publicó en septiembre-octubre de 2007. Traía un dossier titulado “Extremadura femenino plural”.

En él se contaba la historia de mujeres que desde diferentes ámbitos profesionales hacen Extremadura.

Profesoras y magistradas, empresarias y galeristas, deportistas, cineastas, artistas, diseñadoras, actrices, cantantes, investigadoras… No se trataba de una declaración de intenciones. Estaban ellas con sus nombres, sus retratos, sus currículos, demostrando la evolución de una región donde Ángeles Baños y María Llanos coleccionan arte y lo venden, Irene Cardona y Maite Ruiz de Austri dirigen cine, Ana González Salvador y María del Mar Lozano Bartolozzi investigan y enseñan en la Universidad de Extremadura. Docentes, juezas, médicas… Mujeres extremeñas apartando los estereotipos sin anunciarlo ni hacer de ello una excepción o una rareza, mujeres ejerciendo su profesión, descollantes y ejemplares… y la revista Imagen de Extremadura contándolo.

En el número 7 de esta publicación, un reportaje sobre la exportación de productos extremeños nos revelaba que no solo llevamos jamón a Japón o cerezas a Alemania, sino que somos una potencia exportadora en conservas, en verdura, en fruta y también en máquinas y aparatos mecánicos, en corcho y sus manufacturas y en preparaciones alimenticias diversas.

Imagen de Extremadura contaba cómo Extremadura se abre al mundo a través de la iniciativa empresarial. El estereotipo reza que esta región se encierra en sí misma, que vendemos mal y poco, aunque seamos una potencia a descubrir. En este dossier quedaba claro que también sabemos vender bien y mucho. Por ejemplo, productos ecológicos que desde Sat Biosphera llegan a las tiendas especializadas de media Europa. O melocotones, nectarinas, peras y ciruelas que empezamos a exportar en los años 90 y hoy se han convertido en una de las puntas de lanza de nuestro comercio exterior.

Exportamos turrón a medio mundo y cava al otro medio. Vendemos aplicaciones ofimáticas ideadas y conformadas en Extremadura y trajes de caballero de Fuentecapala desde Navalmoral a China, Rusia o Estados Unidos. Los recambios agrícolas de Casamayor Librada se compran desde los años 90 en los cinco continentes. Los embalajes de Iberhipac se exportan a todo el mundo, al igual que nuestras pizarras, nuestros mármoles, nuestro granito, nuestros mecanizados, nuestro vino…

Datos, cifras, listas de exportadores y de empresas importadoras… Todo ello recogido por Imagen de Extremadura para retratar fielmente la realidad comercial de una región que hace veinte años exportaba con timidez y hoy lo hace con solvencia.
En eso también hemos cambiado: los tópicos de finales del siglo XX no sirven ya en estos albores del XXI. Y eso lo ha desmenuzado esta revista.

En veinticinco años de autonomía, Extremadura ha evolucionado sin parar. Esa mejora ha protagonizado todos los números de esta revista. En el número 8, un reportaje personalizaba los cambios del cuarto de siglo retratando a la que se ha dado en llamar la Generación del Estatuto. Jóvenes que en 2008 tenían 25 años, extremeños con diferente formación e intereses variopintos, pero conscientes todos de ser la generación mejor formada en la historia de Extremadura.

Licenciadas en Bellas Artes y profesores de software libre en la Universidad de Extremadura, apicultoras de Fuenlabrada de los Montes y policías locales en Zafra, empresarios de tarimas flotantes o estilistas de peluquería, veterinarias, concejalas, auxiliares administrativas, arqueólogos, deportistas, toreros… Una selección de jóvenes con 25 años que, a simple vista, sin conocer sus vidas ni sus aspiraciones, ya dejaban en la foto un aire de orgullo de ser, de pertenecer, de crecer aquí, viviendo aquí, aspirando, deseando, ilusionándose en Extremadura.

Repasando estos diecinueve números, apabulla la sensación de frescura y optimismo que manifiestan los personajes que en ella aparecen. En ningún momento se lanzan mensajes que orienten tus pensamientos, basta con hojear, detenerse en artículos, fotos y titulares sueltos, repasar datos o releer al azar declaraciones y crónicas para entender que esta tierra vive un periodo de ilusión más allá de una crisis episódica o una anécdota desesperante. Es leer y recuperar el orgullo, si estaba perezoso y escondido; leer y entender paisaje y paisanaje, leer y sentir punzadas de orgullo y explosiones de autoestima.

Los extremeños somos gente abierta y acogedora, somos hospitalarios como nadie.

A veces, en estas regiones que no destacan por un PIB estratosférico ni una situación geográfica central y referente, es necesario que te halaguen desde fuera para que acabes de creerte lo que intuyes o te dicen desde dentro. Son regiones que parecen necesitar que las quieran. Craso error el depender de la opinión ajena para creer en uno mismo, seas un país, seas un individuo. Pero si de cariño extranjero se trata, en el número 12 de Imagen de Extremadura quedó patente el amor a Extremadura de quienes llegaron un día y decidieron quedarse.

Son los nuevos extremeños, y parecen opinar lo mismo o parecido: no se sienten forasteros, sino unos extremeños más; coinciden al señalar el rasgo que destacan los turistas que nos visitan en las encuestas a pie de hotel: somos una región abierta y acogedora, somos hospitalarios como nadie.

Alemanes, ecuatorianos, galeses, rumanas, italianos, israelíes, holandeses, brasileñas, argentinos… Todos coinciden en señalar lo bien que se está aquí, la calidad de vida que nos envuelve, la tranquilidad, la pureza del aire… Son los intangibles, datos que hacen la vida más agradable, pero que no recogen las encuestas que manejan los mercados.
Los intangibles no se ven, se disfrutan. Los extremeños estamos tan acostumbrados a ellos… Es natural, hemos nacido con ellos. Por eso, a veces, no nos percatamos de ese tesoro. Quienes llegan de fuera los descubren enseguida y se sienten atrapados por esos atractivos de la región que no se manifiestan en los porcentajes, pero sí en las páginas de Imagen de Extremadura.

Esa magia que no se toca, se paladea, está presente en el quinto reportaje de esta especie de Top Five. Aparece en el número 12 y se titula “La raya judía”. En él se condensan algunas de las claves de esta región fronteriza. Por un lado, su historia mestiza, marcada por la cultura judía, mudéjar y cristiana. Por otro, la influencia portuguesa, que ha impregnado nuestra historia y deja su impronta en nuestro presente.

A caballo entre Lisboa y Madrid, Extremadura era el espacio de la guerra, donde se enfrentaban los ejércitos de los dos países. Acabadas las contiendas y abolidas las fronteras, ese carácter de eje ibérico es en el siglo XXI uno de los atractivos de la región y razón estratégica de su desarrollo.

La Raya como comarca ha estado presente a lo largo de los 19 números de la revista. Este reportaje que destacamos tiene la gracia de aunar dos mestizajes, dos influencias, dos estilos. Lo judío y lo portugués como señales de nuestra historia. Valencia de Alcántara frente a Castelo de Vide, judería frente a judería, fortaleza frente a fortaleza.
En esta frontera perdida y un poco libertaria, las culturas convivían y los pueblos se desarrollaban sin persecuciones ni tragedias tan comunes en otras latitudes peninsulares. Este reportaje incide en el carácter de Extremadura como tierra de acogida y paz, donde es fácil sentirse a gusto y donde la sociedad avanza, apartando con energía renovada cada tópico, cada lugar común, cada estereotipo… Y lo hace con la ayuda de esta revista: Imagen de Extremadura, que ya lleva veinte números explicando la región como es, sin envoltorios, sin complejos, con el orgullo que da conocer la realidad y que te guste.

Es difícil no entregarse a esa solución de la literatura portátil con los nombres que han llenado estas páginas: a lo largo de los números de la revista Imagen de Extremadura han aparecido perfiles de extremeños y extremeños de perfil, embebidos cada uno en su novela, como una estadística humana en la que reconocernos, un relato que componemos donde otros sólo encuentran la regularidad de los números.

FÍSICA DE PARTÍCULAS
A esta abundancia de biografía corresponde el lector con imágenes que se suceden: si le habían parecido una novela, ahora esas vidas más o menos remotas parece que dibujan un mapa, o que trazan una carta astral, o que en el caos de cada trayectoria se acercan a la física de partículas, o que tienen mucho de fotografía o proyección, de secuencia y movimiento.

De otro modo no se puede entender la relación que establecen estos nombres: padres fundadores de la Extremadura actual, como Fernando Pérez Marqués o Godofredo Ortega Muñoz, a los que acudimos al amparo de una tradición intelectual; balizas del siglo, como Luis Chamizo, Felipe Trigo, Juan Barjola o Manuel Martínez Mediero, que marcan el final de una época y su inicio, el contrato con la Europa de postguerra y sus otras vanguardias, el remate anunciado de la dictadura; iconos de las conquistas del siglo, como Jesús Delgado Valhondo y su red social en miles de cartas por todo el mundo, o Pureza Canelo y su presencia poética; testigos de la estridencia con que se desdibujan las fronteras, como Wolf Vostell y Ángel Duarte… Nombres, al fin, de la creatividad contemporánea en Extremadura, nombres en tropel de la música, de la imagen, del deporte, Huecco, Almudena Cid, el portero César, Miguel de Tena, Soraya, Esther Merino, Bebe, todos ya siglo XXI.

Esas biografías son resultado tanto de las leyes de una hipotética física regional como, sobre todo, del caos de la contemporaneidad en su trayectoria: son partículas que se disparan, partículas que se cruzan y fusionan, que señalan en su curso caótico, en el azar de sus relaciones, el sentido del tiempo que pasa a su alrededor.

TRENDING TOPIC
Podemos entender estas relaciones, la constelación que forman, como una cartografía, el mapa de los extremeños en el mundo en el instante largo de su historia reciente, que es como decir el de los extremeños que miraron hacia el futuro y el de los que lo tienen de cara.

Cruzándose unas con otras, esas notas perfilan el mapa de una Extremadura idealizada en sus límites y unos extremeños que juegan con las ideas del pasado para bordearlas, para enmascararse en los otros. Ocurre, por ejemplo, con América: en el arco vital de muchos perfiles resulta esencial, pero no la escolar, la vieja América del callejero que ya está, para nuestra fortuna, viviendo con nosotros, sino la América universo que es Nueva York, referencia permanente, trending topic de muchas entrevistas. La misma América a la que llegaron tantos exiliados es la que ahora encuentran y en la que viven y trabajan José Manuel Calderón, Gecko Turner o el novelista Jesús Torrecilla. Ese mapa se estira con Huecco, que va de las Hurdes a California. Y hasta Europa: aquí, a la Europa que siempre ha estado cerca, Portugal, y allí, donde la poeta Mª José Flores nombra desde un profundo silencio interior, en Italia. Y más allá, Barjola y Wolf Vostell, y en este atlas dinámico de la ciudadanía, Néstor Mogollón, Nadine Schaaf, Claudia Toma, Luigi Guiliani y muchos más.

LA EXTREMADURA ASTRAL
Con todo, la cartografía respeta algunas reglas y necesita rigor, exigencias que tienen poco que ver con el intervalo de una vida, un intervalo que, cuando se une a otros, en la distancia, se confunde con una carta astral, con esa mecánica del deseo –que no de la exactitud– que tienen los astros, cuando trazan líneas y vínculos con más esperanza que precisión, como una disciplina de la voluntad.

El tiempo de estos extremeños ya no es acontecer, sino devenir, llegar a ser, tiempo que pasa segmentado por el impulso y la memoria: ésta es la carta que dibuja algunos nombres como flechas que atraviesan una época y unen el pasado y el presente; es la relación que establecen Huecco y la fusión, Gecko Turner y el soul, Miguel Murillo y la memoria reciente, Ada Salas y el silencio. Entonces sí adivinamos a Delgado Valhondo, que mantuvo a Extremadura conectada con el mundo, o a Enrique Díez-Canedo, que antes vivió ese mundo y su tiempo, con mucha más claridad que el más detallado de los mapas. Tiene mucho de capricho, pero también de devenir, de voluntad de cambio, que en el mismo número de la revista aparezcan Luis Chamizo y un poeta joven.

DESEO, PELIGRO
Este juego entre mapa y carta astral explica algunos de los hiatos que se encuentran en los perfiles de la revista. Exacto –cartográficamente hablando– será decir que Ángel Duarte pasó, en su caos ordenado, de Madrid a París, o que Godofredo Ortega Muñoz estuvo aquí y allá, o que Fernando Pérez Marqués desarrolla en Extremadura su vida y obra.

Pero las líneas de fuerza que marcan esas vidas son muy distintas, y en la memoria, en la lectura retrospectiva, lo correcto es decir que Fernando Pérez Marqués nos asegura la modernidad clásica –la que une lo mejor del pasado con el presente– en un tiempo de dificultades, y que Ortega Muñoz y Wolf Vostell forman parte de esa clase que Tony Judt llama viajeros del tiempo, y que tal condición los vuelve extremeños al completo por muy lejos que se encontraran de su centro.

Desconcierto: encontramos escritores, pintores, deportistas, empresarios en los que reconocernos, aunque sólo sea porque no se parecen nada a nosotros y ese es un oportuno signo de los tiempos. Si nos alejamos, estos perfiles forman una imagen: aquí aparece Jesús Amigo, y Perico de la Paula y Pedro Peralta, y un poco más allá, en la Raya, Felipe Brandão o Mónica Martins, y el augurio –me veían un futuro de pintor– de Eduardo Naranjo, el desasosiego del teatro de Juan Copete, los personajes de Antonio Gil Martínez. Todo está aquí, en estos nombres que giran sin cesar.

EXTREMADURA. UN CUENTO DE HADAS DIALÉCTICO.
Un ejercicio de composición avanzada propone la suma de cada uno de los perfiles de extremeños que aparecen en la revista: una identidad en cambio, fragmentada, lateral, liminar, con fisuras y con la vaga coherencia de nuestra globalización.

Quien quiera concluir de estas notas un perfil de Extremadura al uso quedará desolado, incapaz de añadir uno de esos adjetivos que condenan en una línea una vida o un territorio; lo advierte Irene Sánchez Carrón: cuando escribo me preocupa mucho la comunicación. Contemporáneos como todos, contemporáneos al fin a su tiempo han sido y son Manuel Martínez Mediero, Concha García, Pureza Canelo y María Rosa Vicente –nada tan de estos años como su si me siento de algún sitio es de Extremadura–; contemporánea es la mirada al paisaje de Ortega Muñoz y la poética dividida de Elena García de Paredes, como lo son las parejas de extremeños portugueses que fotografía Pedro J. Gómez, frontera líquida de esa identidad.

En fin, esta proyección de la Extremadura del XXI confunde y no se detiene en la relación de lo global y lo local, pero como todas las proyecciones puede parecer, en el momento de la lectura de cada página, una sombra: hoy no podemos entenderlo, si acaso seguir con curiosidad su cuento de hadas dialéctico.

DEVENIR
Nombres y cifras, el desfile de apuntes biográficos tiene mucho de montaje del lector, y supone, en el fondo, mucho de devenir, de voluntad de futuro de estos extremeños. Ah, la lucha de clases aplicada a la identidad y al protagonismo. ¿Alguien ha contado todos los nombres de la revista, también los que aparecen en pie de foto, los que se resuelven en una lista, los que quedan como ejemplo?, ¿y los Cuarenta revolucionarios que no conocemos, los que llenan su número 19, el femenino plural del número 6? Muchos, muchos nombres, muchas vidas que consiguen, de tan distintas, por fin, un relato completo del presente, un relato de la Extremadura del XXI, la Extremadura astral.

MIRIAMBARRAL - UNA IMAGEN DE MARCA
La publicidad, la moda y el mundo editorial son los campos en los que Miriam Barral se mueve desde que en 2006, y gracias a varios cursos y un máster en Foto Creativa, descubrió que su vocación no era la economía sino la imagen. Fue entonces cuando esta gallega supo que lo que hasta ese momento era un hobby, “aquella pequeña pasioncilla que yo llevaba dentro”, podía convertirse en un medio de vida.

Hoy vive en Madrid y, después de trabajar como ayudante de fotografía en distintos estudios, actualmente asiste a Pablo Albacete, con quien ha participado en campañas publicitarias para multinacionales de telefonía móvil y ropa. También para Marca Extremadura. Esta imagen la captó durante el making of del rodaje de la campaña nacional “Somos Extremadura”.

Aunque la mayor parte de los spots se rodaron en distintas localizaciones de Extremadura, con José Manuel Calderón fue distinto. “Se optó por crear una película con fotografías, un vídeo en stop motion basado en su trayectoria”, de ahí que se rodase en interior.

“Para sacar mayor partido a los retratos, tienes que meterte dentro de la historia de la persona, hacer que se sienta tan cómoda contigo que no se dé ni cuenta de que estás ahí disparando, que pases a ser uno más”, explica Miriam. “En un making of es más fácil, porque el protagonista está más preocupado por el rodaje que por las fotos. Eso nos dio pie a tirar más fotos sin que él se moleste.” Ésta es la explicación para que “en la imagen se vea a un Calderón tranquilo, relajado”, a pesar del ritmo de trabajo intenso, y el despliegue técnico y humano de las grandes producciones. También es cierto que el deportista se sintió a gusto con el equipo de esa misma producción. “El ambiente era muy distendido, íbamos bien de tiempo y estábamos contentos con el resultado. Eso se notaba en el humor de la gente, a pesar del cansancio acumulado.” Pero eso, matiza, “sólo sucede cuando disfrutas de tu trabajo”.

JESÚS GUTIÉRREZ - UN VIAJERO EN SU TIERRA
Jesús había pasado gran parte de la noche fotografiando el castillo y el antiguo cementerio de Magacela, un pueblo de Badajoz situado en lo alto de un cerro y habitado por poco más de 600 personas. “El trabajo se había complicado un poco por el frío y por la lluvia”, y cuando ya pensaba regresar a la furgoneta –su casa, cuando viaja– para reponer fuerzas con un café, algo le hizo detenerse.
“Se había creado una formación nubosa espectacular, que permitía el paso de una luz muy atractiva sobre la Iglesia de Santa Ana. Me volví a colocar mi reproductor de mp3 con música de Tony O’Connor y disfruté del regalo mientras hacía las fotos.”
Así recuerda Jesús Gutiérrez su encuentro con esta imagen, en la que jugó a alterar las proporciones de cielo, iglesia y tierra.
Formado como fotógrafo en Perth (Australia), donde distribuía fotos pegadas en cartones reciclados, este pacense de 42 años cree que los colores son un lenguaje. “Por eso tiendo a exagerarlos. Es como subirle el volumen a la música que te gusta.” A esta imagen le aplicó un procesado de HDR, “una técnica que incrementa el rango dinámico de la cámara y se aproxima más a la percepción del ojo humano”, explica.

Actualmente, Jesús trabaja como freelance. Su pasión es viajar. Desde que tenía 23 años ha estado en África del Sur, Egipto, Marruecos y distintos países de América Central y del Sur. Acaba de regresar de la India, pero todavía se acuerda que aquel instante, en Magacela. Le hizo sentirse “muy bien, aunque pequeño, muy pequeño”. “Me parece un sitio extraordinario, lleno de gente peculiar, lugares misteriosos, leyendas y arte… Extremadura goza de muchos lugares así y casi nadie los conoce. Están a la altura de los sitios más interesantes que yo haya visto en cualquier parte del mundo.”

CEFERINO LÓPEZ - LA CLAVE ESTÁ EN LA COMPOSICIÓN
El fotógrafo y diseñador Ceferino López, Cefe desde el instante que lo conoces, es el autor de la mayor parte de la historia gráfica democrática del Festival de Mérida.

Ha cumplido 25 años moviéndose, silenciosamente y cámara al cuello, por las noches de ensayos y estrenos en el Teatro Romano, captando lo que nuestra retina cree ver. Desde hace más de diez, también fotografía las piezas del Museo Nacional de Arte Romano. Por eso, para este emeritense nacido en 1954, que le propusieran retratar a los jóvenes que encarnan la llamada “Generación del Estatuto” significó un desafío tan solo a efectos de composición.

“Los problemas habituales en el retrato individual”, comenta, son “el de reflejar la personalidad del retratado, añadiendo la visión personal que el fotógrafo tiene del mismo, además de los técnicos derivados de la iluminación”. En este caso, como era colectivo, estas premisas se trasladaban “a un personaje intangible, imaginado, que es el concepto de grupo, el nexo de varias personas que conforman un determinado concepto”. “La solución pasa generalmente por ubicarlos físicamente” en el espacio que “refleja el concepto que se persigue”, añade.

De ahí que la imagen se tomase en el hemiciclo de la Asamblea de Extremadura. “Trabajamos con luz ambiente, y la única dificultad fue la distribución de los jóvenes para que la composición fuera correcta”. Optó por un seis-ocho-tres.

Cefe no necesitó grandes retoques posteriores y se sintió satisfecho con “el uso de la tecnología digital en un ambiente poco luminoso, con los resultados tan buenos que proporcionaba, liberándome de focos, trípodes y demás complicaciones, que hacen la foto menos espontánea”.

A este pionero de la polaroid, y autodidacta sin tregua, se le considera uno de los grandes artistas de la fotografía extremeña contemporánea.

Sus imágenes forman parte de colecciones como la Polaroid (USA), el antiguo Museo Español de Arte Contemporáneo (MEAC), el IVAM de Valencia o el MEIAC de Badajoz.

PEDRO URANGA - ¿TE HAS FIJADO EN EL DETALLE?
Pedro Uranga es de pocas palabras cuando trabaja, porque toda su concentración está dedicada a la imagen. Si a este director de fotografía le preguntas por sus impresiones sobre la iglesia del Conventual de San Benito de Alcántara, donde tomó ésta, usaría solo tres: “perfección, simetría, amplitud”.

También le viene a la cabeza alguna más: “frío” y, quizás, “soledad”, por la solidez de unos muros levantados en el siglo XVI, que hoy pertenecen a la Fundación que lleva el mismo nombre y que adquieren vida cuando alguien los visita o cada verano, con el Festival de Teatro Clásico de Alcántara.

Pero cuando Perico, como lo llaman los amigos, está en pleno proceso creativo o le preguntas el porqué, y sobre todo el porqué de Extremadura, no hay quien lo pare.

Dice que desde los 18 años ve la vida a través de un visor y, aunque ya ha cumplido los 44 y ha desarrollado casi toda su carrera en Madrid, tanto en el cine, como en publicidad o en medios, conoce la región de norte a sur y la ha retratado a conciencia.

Su relación con esta tierra le viene de familia. Su tío es de Torremocha; su mujer, de Cáceres. Y es capaz de enumerar, sin pensarlo mucho, qué otros detalles le llamaron la atención de Alcántara, donde fotografió el reportaje “Del fraile al chef”. Por ejemplo, “el río, la presa, el puente romano que sigue siendo conexión entre Portugal y España, la cantera, los chozos, un nido de cigüeñas negras que se ha quedado sumergido…”.

Así, al detalle, es como trabaja este profesional que ha obtenido diversos premios en publicidad o en prensa documental. Cuenta que heredó de su padre la pasión por la fotografía y que su primera cámara fue una Canon AE-1.

Reconoce que la paciencia es una de las claves de sus imágenes. “Paciencia para esperar el mejor momento de luz”, para captar el movimiento apenas imperceptibles y crear un time-lapse. O para componer uno de esos cuidados “bodegones” que, incluso, pueden tener como protagonista a la inocencia de un bebé. Característica ésa, la naturalidad, que es la que persigue con su cámara.

TERESA BENÍTEZ - EL TIEMPO ES UN SÍMBOLO
Cuando Teresa Benítez, fotoperiodista de Badajoz, recibió el encargo de realizar un reportaje sobre mujeres extremeñas, quiso que cada una de ellas “mostrara algún elemento identificativo del ambiente en el que se desenvolvían laboralmente”. Elementos simbólicos que reflejasen su visión sobre la mujer. “Una mujer inquieta, que no tiene temor” a trabajar en sectores en los que apenas tenía presencia hasta hace unos años.

Como se trataba de un retrato colectivo, la fotografía se hizo en la sede de ORMEX (Organización Regional de Mujeres Empresarias Extremeñas). “A la hora de trabajar en grupo, por pequeño que sea, siempre va a requerir más tiempo, sólo coordinarlo ya requiere esfuerzo. Que exista un ambiente distendido y que todos puedan estar cómodos también es importante”, asegura.

Y, finalmente, fueron esos símbolos los que acabaron protagonizando la anécdota de la jornada. Teresa cuenta que “los envases que traía Cristina no pesaban nada, se caían. Y Susana llamó a un amigo que le trajo el precioso galgo que aparece en la imagen. Mientras organizábamos la foto, el animal comenzó a ponerse nervioso y hubo que calmarlo en varias ocasiones para poder posar”.

Aunque suele realizar trabajos de este tipo, como la Agenda del IMEX, éste lo recuerda con cariño: “De cada una de ellas recuerdo algo grato y agradable. Como tienen distintas edades y experiencias, me divertí… Lo mejor es que siempre aprendes algo”.

Teresa es pacense y autodidacta. Reconoce que su trabajo como reportera gráfica en El Periódico de Extremadura, entre 1994 y 2004, le ayudó a estar más en contacto con la realidad extremeña. Aunque hoy sigue colaborando con la prensa regional y nacional, ha desarrollado trabajos más artísticos, como la foto-fija de la película “Un novio para Yasmina”, las imágenes del Expotren de Marca Extremadura o una exposición colectiva en el MEIAC, con fotógrafas como Isabel Muñoz, Ouka Lele y Morgana Vargas Llosa.

Su peculiaridad geográfica ha provisto a Extremadura de una marca genética proclive al paso de viajeros; porque históricamente ha sido territorio intermedio, de paso; lo cual nos ha enriquecido en vez de disolvernos. El Norte extremeño mantiene la impronta de la reciedumbre castellana. El Oeste no puede entenderse sin la vecindad de Portugal. La parte oriental, con toda la comarca de los Montes y Las Villuercas, mira a La Mancha. Y el Sur, recibe marcadas influencias andaluzas. El propio título de Extremadura parece aludir no tanto a una topografía concreta como a una extremada realidad física y mental, pero nunca cerrada. Extremadura es transición, comunicación y realidad abierta. Abierta incluso al mar, aun siendo un bien que le falta, porque históricamente la región ha contado con sus navegantes, descubridores y relaciones diversas allende los mares.

La arteria principal que surca Extremadura de Norte a Sur, La Vía de la Plata, es posiblemente el itinerario histórico más antiguo de la Península Ibérica. Desde Artúrica Augusta, la actual Astorga, hasta Emérita Augusta, nuestra Mérida, sirvió a la romanización como ruta principal de comunicación. Siglos más tarde, se prolongaría hasta Sevilla por el sur y hasta Santiago de Compostela hacia el norte, merced a los peregrinos. Esta singular calzada supone para el viajero moderno un itinerario turístico, cultural, monumental y gastronómico que puede realizarse tomando como eje la A-66.

Hoy día es innegable la relación entre literatura y el turismo. Ambas actividades de algún modo nos llevan a mundos distintos, a formas de vida e historias que enriquecen nuestra forma de pensar y nos aportan felicidad. La diferencia es que los libros actúan solamente en nuestra imaginación, mientras que los viajes nos muestran la realidad. Sin embargo, literatura y turismo pueden funcionar muy bien unidos. Porque, convenientemente conjugados, libros y viajes nos aportan doble felicidad.

Nos llevan de una ciudad a otra, de un país a otro, por paisajes diversos y diferentes culturas. Esos viajes nos permiten salir de nuestra realidad, de lo cotidiano, y nos muestran la vastedad y la grandeza de este mundo. Pero hay también otro tipo de viajes, que se hacen sin medio de transporte, sin salir de nuestras casas y que, de una forma misteriosa, nos permiten alcanzar la extensión de los infinitos territorios de la imaginación. Esos viajes no se agotan, porque, entre otras cosas, son los que quizá haremos algún día físicamente. Y tales viajes, en tanto no se emprenden, aguardan en la paciencia de los estantes, en el silencio grave y estático de las bibliotecas o en las privadas librerías familiares. Porque hay itinerarios relatados, descritos en los tratados parsimoniosos de los científicos, de los buscadores intrépidos del origen de los ríos, de las grutas recónditas, de las tribus remotas… En las íntimas memorias de los peregrinos; en las biografías de santos, navegantes, soldados y mercaderes.

REALMENTE NO SABEMOS CUÁNDO COMENZÓ EL TURISMO, ENTENDIDO COMO AFICIÓN A VIAJAR POR PLACER.
Y no sólo hay viajes por el mapa de la tierra, sino que también hay viajes hacia las interioridades de la música, al color de una pintura, al solemne interior de las catedrales… Como los hay desgranado las concavidades del alma, hacia el fondo de una conversación. Porque el “viaje” existe cuando hay deseo de evadirse, de salir de uno mismo y escapar hacia lo “otro”, donde sabemos que la cotidianidad se rompe. Nos transportamos y nos dejamos arrastrar por el deseo de encontrar, descubrir, sorprendernos y gozar con lo nuevo y lo viejo.

Realmente no sabemos cuándo comenzó el turismo, entendido como afición a viajar por placer. Las personas han recorrido el mundo por pura curiosidad desde la más remota antigüedad. De hecho, se ha calificado a Herodoto como el primer gran reportero y el primer turista famoso. El célebre periodista y escritor polaco Ryszard Kapuszcinky, en su libro Viajes con Herodoto va mucho más allá y, haciendo uso de un término rabiosamente actual, llega a considerarlo “el primer globalista”.

En todo caso, literatura y grandes viajeros siempre fueron de la mano. En la antigua Grecia todos querían ser Aquiles, inspirados por la fuerza del personaje de la obra homérica: un semidiós, a la vez muy humano; casi invencible, pero emocionalmente vulnerable; decisivo, heroico, rebelde, al mismo tiempo que irracional, inestable y preso de su deseo de gloria. El mismo Alejandro Magno cargaba con las historias de la Iliada en su cabeza y viajó a Troya para ir personalmente a rendir tributo al lugar donde se decía estaba la tumba de Aquiles. Plutarco narra esta visita. Como el propio Herodoto nos cuenta la que hiciera en su tiempo el rey persa Jerjes, cuando ordenó el sacrificio a Atenea de mil vacas y los magos ofrecieron libaciones a los héroes.

Pero también Ulises resultaba enormemente sugestivo para los antiguos. Porque en su camino de vuelta a casa, después de la guerra de Troya, se ve envuelto por los dioses en un largo viaje lleno de peligros y aventuras. Después de aquello, muchos viajeros han ido en pos de su propia curiosidad para tratar de hallar aquella mítica Ítaca, la gruta del cíclope Polifemo, el sitio donde habitaba la maga Circe o las sirenas.

TAMPOCO FUE OLVIDADA LA AVENTURA DE ALEJANDRO MAGNO Y EL ENCANTO DE SU PERSONALIDAD PERDURÓ A TRAVÉS DE LOS SIGLOS.
Tampoco fue olvidada la aventura de Alejandro Magno y el encanto de su personalidad perduró a través de los siglos. Fue la Edad Media la que popularizó su historia, haciendo que llegara su conocimiento no sólo a grupos escogidos de gentes doctas, como había sucedido en el pasado, sino también a personas de cultura media y hasta a analfabetos. Se sabe que quien desencadenó este interés y fervor por la historia de Alejandro fue el arcipreste Leo de Nápoles, que en el siglo X viajó a Constantinopla y conoció un manuscrito griego que contenía la historia del Pseudo Calístenes, de la cual hizo una copia que llevó consigo de vuelta a Nápoles. La curiosidad se desató en Europa y muchos quisieron ir a conocer aquellos lejanos lugares de los viejos helenos.

Así se empezó a hablar con insistencia de las “maravillas de la Antigüedad”. Según un manuscrito de la época, la más impresionante de ellas era la famosa estatua gigante conocida como el Coloso de Rodas, dedicada a Helios, dios del sol. Algunos viajeros medievales llegaron hasta Egipto y, al admirarse ante la visión de las pirámides, trataron de interpretarlas a la luz de la Biblia, de manera que consideraron que habían sido los silos construidos por José para salvar a Egipto durante los siete años de hambre, leyenda que se reproduce en una de las cúpulas de la catedral de San Marcos en Venecia.

Desde Marco Polo, proliferaron en la literatura relatos sobre los viajes al Oriente. Las grandes rutas comerciales de la seda y las especias funcionaron desde sus inicios como vías de intercambio culturales entre Europa y lo que para los occidentales era un mundo exótico y lejano.

A lo largo del siglo XVIII navegantes, exploradores y naturalistas recorrieron el globo. Descubrieron sus tierras, elaboraron mapas y compusieron preciosos relatos describiendo costas, paisajes, razas humanas y desconocidas especies animales y vegetales. Se convirtieron en testigos de un mundo amplísimo hasta entonces desconocido. Y a la vez trataron de descifrarlo. James Cook, Daniel Defoe, Bernardin de Saint-Pierre, Emilio Salgari… Son tantos los escritores que nos han hecho soñar con tierras lejanas… Viajes, viajeros, personajes, paisajes exóticos… Los libros han hecho famosos muchos lugares de los que de otro modo no tendríamos noticias. Es habitual encontrarse a incontables viajeros que quieren visitar localizaciones de una novela que han leído, ruinas o monumentos que han pasado a la posteridad gracias la literatura. A esto se le viene llamando actualmente de manera amplia “turismo cultural”.

Pero los turistas de hoy ya no son solitarios aventureros, sino que se mueven por oleadas, en busca del gran imaginario colectivo proporcionado por los libros. En Edimburgo uno de los monumentos más visitados es el construido en honor a Sir Walter Scott. También está allí el museo de los escritores; una casa del siglo XVII donde se muestran manuscritos de Robert Burns, Robert Louis Stevenson, Arthur Conan Doyle y el propio Scott, entre otros. Y en Normandía, en el barrio Henriville, muy cerca del centro de la ciudad de Amiens y de su estación de tren, puede visitarse la casa museo de Julio Verne. Entre las piezas conservadas en ella destacan manuscritos, cartas, dibujos, grabados, libros, fotografías, muebles y piezas de la vajilla del autor, que reciben más de 30.000 visitas anuales. Y no hay pueblo en La Mancha que, recordando a Cervantes, no tenga una señalización que te indique a la entrada: “En un lugar de La Mancha…”. De la misma manera que se prodigan por miles las ventas, mesones y tabernas con la denominación “Don Quijote”.

Hoy el mundo asiste a una explosión de la memoria: archivos, museos, monumentos y otros bienes patrimoniales, tanto materiales como inmateriales, que son expresiones inequívocas de los esfuerzos orientados al rescate, la reinterpretación y la conservación del pasado, con el propósito de hacerlo comprensible en su relación con el presente. En las últimas décadas, sobre todo, el turismo se ha transformado en una actividad masiva que no ha dejado de aumentar.

Jorge Luis Borges dijo: “No soy lo que soy por lo que he escrito sino por lo que he leído”. Y algunos han ampliado el axioma, llegando a decir que “somos lo que leemos”. Digamos mejor que somos lo que conocemos, ya sea a través de los libros o de la experiencia directa. Viajar es leer el mundo.

Unos viajes los elegimos y otros no, porque parece que algunos de esos viajes de la imaginación nos eligen a nosotros. Unos los planeamos y preparamos las maletas; otros, en cambio, nos llegan en las páginas de los libros. Y son finalmente felices itinerarios hacia islas sosegadas o ciudades iluminadas; hacia una Itaca radiante o una Jerusalén celeste. Esos que suceden hacia adentro de nosotros mismos o hacia la descubierta del otro.

Extremadura tiene su propio carácter y su historia específica, debido tanto a la morfología del terreno, como a la pertenencia de los territorios a diversos poderíos; el Imperio Romano, los visigodos, los reinos, moros primero, cristianos después, las diócesis, las órdenes militares y los señoríos medievales, cuya extensión ocupaba una posición estratégica entre las mesetas de la parte central y las grandes vegas de la zona meridional de la península. Desde la alta Edad Media, ésta ha sido una zona de arraigados intereses personales que hicieron imposible durante siglos su verdadera unión política y administrativa. La abundancia de torres, fortalezas y castillos, que todavía hoy caracterizan nuestros paisajes, son el recuerdo de esas luchas, que obligaron a defender todas las poblaciones y todos los puntos estratégicos, tanto los del fondo de los valles (molinos, vados, puentes…), como los ubicados en las alturas.

LAS FORTIFICACIONES SON TESTIMONIOS PRIVILEGIADOS, AUNQUE EN BUENA MEDIDA OLVIDADOS, DE NUESTRO PASADO.
Construidas con piedra local, con adobe o con ladrillos, las fortificaciones surgen del terreno sin desentonar, pero sin mimetizarse, ostentando su carácter amenazador y romántico a la vez. Amenizan un singular horizonte, muy pintoresco y variado, por su fisonomía llana (Magacela, Benquerencia, Almorchón, Puebla de Alcocer…) o montuosa (Trevejo, Santibáñez el alto, Eljas…); por su soledad salvaje (Monfragüe, Azagala…) o por la presencia de importantes núcleos de población en las proximidades (Cáceres, Coria, Zafra, Trujillo, Fregenal de la Sierra, Jerez de los Caballeros…). Tenemos alcazabas árabes (Badajoz, Reina…), recintos murados (Galisteo, Plasencia…) y castillos mastodónticos (Medellín). Ellos son testimonios privilegiados, aunque en buena medida olvidados, de nuestro pasado.

A todo ese patrimonio histórico y artístico de Extremadura se le puede dotar de vida. El llamado turismo literario, el que viene motivado por la lectura de un relato, puede marcar el vínculo entre turismo e Historia, entendiendo que los restos materiales están transmitiendo el pasado y la novela histórica constituye un medio útil para recrear el pasado del hombre y formar el imaginario colectivo. Hoy día, sobre este tipo de turismo se ha definido un público viajero elitista, apasionado, que busca una Historia tangible. Porque, si bien la Historia es intangible, los monumentos y antigüedades ejercen su atractivo por el aspecto físico, la grandeza, la monumentalidad y la estética, pero también por considerarse una reliquia del pasado, y vivir los ambientes del pasado histórico constituye un momento de búsqueda, de libertad, de alejamiento hacia nuevos horizontes. Por eso se crea entre viajeros y literatos una conexión muy fuerte. Ya que el viajero sabe bien que el escritor ha contado con las fuentes de la Historia y que necesita de esos testigos, de esos testimonios para documentarse, ambientarse e inspirarse. La Historia surge, entonces y por primera vez, de forma nítida, a la vez que el monumento, los vestigios y objetos del pasado que conforman el concepto de Legado o Patrimonio adquieren vida y pleno significado.

ESTA REGIÓN POSIBILITA AL QUE LA VISITA UN PRECIOSO VIAJE POR EL TIEMPO.
Y Extremadura se hace especialmente visible en su patrimonio histórico-artístico, que guarda incontables tesoros, y nos posibilita un precioso viaje por el tiempo, en el que brotan muy vivos los recuerdos romanos, visigodos, musulmanes y cristianos, en las piedras de las ruinas, los cascos históricos medievales y renacentistas.

En mi caso particular, construir relatos que tengan como escenario Extremadura se basa en un proyecto personal: en la necesidad de desentrañar los signos geográficos, históricos, humanos, culturales y espirituales extremeños; la conveniencia de enraizarlos en su espacio y la obligación de englobar esta materia en términos atrayentes, divertidos, universales y generosos.

IMAGEN DE EXTREMADURA TUVO VISIÓN DE FUTURO, APOSTÓ POR SUS TRABAJOS Y…  NO HABIDO DECEPCIÓN ALGUNA PARA QUIENES CREYERON EN ESAS MISMAS OBRAS.

Este pequeño apunte autobiográfico para decir que, desde la lejanía, he necesitado de cuando en cuando de pistas, de “guías”, para conocer los rostros que conformaban el borgiano mapa de esta región de la que vivía alejado físicamente, pero de la que no estaba realmente lejos. Una de esas guías ha sido, sin duda, Imagen de Extremadura, y esta sección en particular cuando se trataba de nombres nuevos: “Creativos siglo XXI”. Sin “del siglo”. Sin “para el siglo”. A secas. Como una marca. Una marca joven dentro de Marca Extremadura.

No es poco relevante el hecho de que algunos de estos nombres hayan alcanzado un reconocimiento notable tras su aparición en estas páginas: Imagen de Extremadura tuvo visión de futuro, apostó por sus trabajos y… no ha habido decepción alguna para quienes creyeron en esas mismas obras: ahí están, por citar sólo dos ejemplos, Jimina Sabadú (galardonada, hace unas pocas semanas, con el Premio Lengua de Trapo de narrativa, y con críticas excelentes parsu primera novela) o Fermín Solís (consolidado con su novela gráfica En el laberinto de las tortugas, precisamente sobre Buñuel en las Hurdes).

Y lo más importante: número a número, entrega a entrega, leíamos alguno de estos perfiles, conocíamos sus trabajos, y sabíamos que, aunque no hubiera llegado esa posterior popularidad, ya “merecían la pena” (como, imagino, los de aquellos que tengan hueco en el futuro de Imagen de Extremadura). El rigor en la selección era evidente. Éste, añadido a la “suficiente” variedad, nos ha mostrado, a lo largo de muchos números, un mapa que coincide con el territorio, un mapa con suficientes rasgos propios como para reconocerlo, como para saber cuán exacto es, cuánto hay en cada nombre en mayúscula de todo lo que nos gusta también en minúscula.

Urbano Pérez Sánchez, Fulgencio Valares, Agustín Arribas, Delmar, Modesto García… Es decir, textos, imágenes, músicas, arquitecturas…. La lista, por suerte, continúa.

01 - Planificación y coordinación de contenidos

Las reuniones que ponen en marcha cada número de esta revista son ya míticas para muchos lectores: ¿que se publicará en la siguiente entrega? ¿Qué descubriremos en las nuevas páginas? ¿En qué localidad o paraje situará su relato el escritor Jesús Sánchez Adalid? ¿Qué o quiénes protagonizarán la portada? ¿Qué novedades descubriremos a la vuelta de una página cualquiera?

Cada número de Imagen de Extremadura es una sorpresa y a la vez una certeza: datos reales que surgen del día a día de la Comunidad extremeña.

Ése es uno de los principios de la revista: contar “lo que hay y lo que es”, como dijera el clásico.
El, digámoslo así, consejo editor, formado por los responsables de Marca Extremadura y algunos conocedores de la realidad extremeña, no tiene prejuicios y se interesa por temas muy distintos, como también lo hacen nuestros lectores: de la cultura joven a la cetrería, del trabajo en Bruselas -en pleno corazón de la Unión Europea- a los deportes de riesgo, de las nuevas empresas al papel de los extranjeros que ya se sienten tan extremeños como nosotros… Todos estos temas pasan por el filtro del rigor y de la comprobación de datos, al modo de las más prestigiosas publicaciones del mundo.

El papel de un verdadero “fact checker” es comprobar cada dato, asegurarse de que la información que se emite es veraz. Y el papel de quienes están al frente de Imagen de Extremadura es conseguir que estos datos sean leídos en artículos, reportajes y dossieres atractivos, bien escritos y bien ilustrados, ágiles y a la vez profundos. Ése es el reto en cada número.

02 - Redacción y elaboración de textos

Tras las reuniones dedicadas a los contenidos, que significan un sustancial intercambio de correos, de ajustes, de estudios y decisiones, donde finalmente se establece el enfoque de cada pieza escrita o fotografiada, pasamos al trabajo de los articulistas, redactores y editores.

¿Cuántas palabras tendrá este reportaje? ¿Cuál es el teléfono de este joven empresario innovador? Trasvase de información, y un listado de colaboradores entusiastas y puntuales.Un periodista telefonea a un bodeguero, un fotógrafo acuerda un viaje para ilustrar un texto sobre La Raya, ya están los permisos de tal o cual convento para pasar al interior y realizar algunas ilustraciones.

El proceso continúa.

Tras la entrega de los textos, llega su edición, el famoso “editing”. Pulcritud por encima de todo.
Los contenidos han de ser cuidados teniendo en cuenta una serie de reglas básicas, pero que conviene recordar siempre, incluidas las de la ortotipografía.

Se considera, por consenso, que el primer manual de ortotipografía fue la “Ortotypographie” de Jerónimo Hornschuch, publicada en latín en Leipzig en 1608. Desde entonces, esta disciplina estudia la combinación de la ortografía y la tipografía y concreta la forma en que la primera se aplica en obras impresas. Pues bien, todo ello es tenido muy en cuenta durante la elaboracion y corrección de estas páginas.

La versión electrónica
La versión electrónica de Imagen de Extremadura se anticipó, hace ya muchos números, a otras propuestas posteriores de lectura on line.

Está desarrollada ex profeso. Se trata de una solución profesional que reproduce casi el formato papel, de una forma visual y fiel al original, que ofrece todos los beneficios de aquél y agrega todo el potencial de las nuevas tecnologías. Esta versión aprovecha la inversión realizada en papel al tiempo que facilita una estrategia multicanal, con lo que puede incrementar la exposición de la revista a otros públicos a la vez que genera nuevas respuestas dentro del lector más tradicional.

Hasta hace muy poco ha sido, además, la única herramienta de este tipo diseñada íntegramente en Extremadura, lo que permite incorporar cualquier modificación, del tipo que sea.

Son muchos los lectores de Imagen de Extremadura que acceden a esta publicación desde los lugares más remotos del mundo. La versión electrónica es “su” revista.

03 - Diseño y maquetación de la revista

Como en cada paso del proceso de edición de esta revista, el equipo de diseño y maquetación trabaja duro, actualizándose cada poco.
El propio estilo se convierte en recurso y, por lo tanto, responde a una decisión de proyecto, donde la selección de una imagen o una ilustración depende de su capacidad para generar sentido.

Durante los últimos números se ha apostado, en el aspecto tipográfico, por el uso de una elegante “letra” helvética con todas sus varientes. Una tipografía que reúne atributos evidentes: claridad, orden, versatilidad y continua modernidad.

Por otra parte, la incorporación de un elemento gráfico, del que al principio, salvo en contadas ocasiones, carecía la revista: la ilustración, otorgó a Imagen de Extremadura un aspecto único y personal, que la diferencia claramente del resto de publicaciones existentes en nuestra Comunidad.

Número a número, Imagen de Extremadura ha contado con algunos de los mejores fotógrafos extremeños. Que han viajado de norte a sur, de este a oeste. Que han hecho noche esperando la mejor luz, que han bajado a las cuevas más profundas y han subido a los más altos campanarios para lograr la mejor imagen.

Cada fotógrafo ha recibido el encargo y ha sido informado del carácter del texto que debía “acompañar”. Había que lograr una simbiosis, y había que pensar también en crear, a la postre, uno de los mejores bancos de imágenes de Extremadura.

04 - Impresión y montaje de la publicación

El proceso de diseño e impresión de la revista, como otros aspectos fundamentales de la misma, salen a concurso público, y tras la resolución de éste se pone en marcha cada nueva etapa de Imagen de Extremadura, con un empuje renovado, con más ideas y propuestas, que la “repiensan”, que la enriquecen indudablemente.

Para seguir “escribiéndola”, “diseñándola”, “fotografiándola”… Y también para imprimirla y encuadernarla. El barniz de las cubiertas, el contraste de las imágenes, la cuidada encuadernación con lomo… detalles, pequeños y grandes, que buscaban poner en pie una publicación de referencia y no sólo un “producto” más.

Había que crear La Revista, es decir, el medio desde el que se expresaron algunos de los mejores creadores (y creativos) de Extremadura. Y, por supuesto, el soporte era para ello fundamental. Un soporte que tenía que nacer, en primer lugar, de una impresión (y aquí se nos permitirá el juego de palabras) excelente.

05 - Distribución y reparto de “Imagen de Extremadura”

Una distribución que lleva Imagen de Extremadura a, literalmente, todo el mundo, todos los países de la Tierra si es preciso… Como lema: el compromiso de ocuparnos con eficacia de la distribución íntegra de la revista, así como de la gestión de las suscripciones, envíos, stock, colaboradores, etc., a través de nuestro Call Center y de un acceso que Marca Extremadura habilitó para la gestión de los contactos de la revista.
Gracias a esta gestión se lleva a cabo un conocimiento exhaustivo de las suscripciones (altas, bajas, modificaciones y cancelaciones), de la totalidad de envíos (de papel y de la edición digital), de los contactos, del stock. Este sistema de gestión permite extraer informes exhaustivos (datos y tablas referidas al número de suscriptores por comunidades autónomas, por nacionalidades, por instituciones, personas que sólo desean recibir la versión on line, o en papel o las dos, controlar las devoluciones). Pocas publicaciones españolas cuentan con una distribución en diversos niveles tan fiel como la de Imagen de Extremadura.
Un extremeño de Buenos Aires recibe Imagen de Extremadura al mismo tiempo que un extremeño de Nueva York.

Un empresario alemán conoce cuáles son las denominaciones de origen del queso extremeño, y a continuación, por correo electrónico, realiza un pedido iniciático.  Casos así se producen cada poco.

Imagen de Extremadura es, en esos momentos, no sólo una revista, sino también un “catálogo” con los mejores productos de la región.
La distribución aplicada, en este tramo, a una difusión que va más allá de la primera lectura.

PRESENTACIÓN

Somos Extremadura. Lo dijeron Calderón, Almudena Cid, Huecco. Y ahora un largo listado de nombres menos conocidos pero igualmente relevantes. Pocas veces en la historia de nuestra Comunidad una campaña de comunicación (con ese lema tan plural: “Somos Extremadura”) había conciliado tantos aspectos diversos y había sumado tantos entusiasmos.

De los conceptos que enriquecían esa campaña y de las personas que la protagonizaban nos ocupamos en las páginas que siguen, donde quienes no suelen tener “voz pública” en otros espacios la tienen aquí y por extenso. Nuestra revista es de ellos, de todos los lectores…

A quienes también invitamos a reflexionar acerca de los valores de la región que destaca la exposición itinerante de igual título, “Somos Extremadura”, que ha puesto en marcha Marca Extremadura para que recorra toda nuestra geografía: valores como equilibrio, progreso o innovación.

AUTORES: Toñi Escobero y Javier Álvarez

He aquí diecinueve nombres, 19: una larga lista, sin duda, y tan plural como significativa. Una muestra de la nueva Extremadura, de la Extremadura de hoy. Gentes que se han comprometido, y que, nunca mejor dicho, dan la cara por ella. Son los protagonistas de la última campaña de Marca Extremadura, pero, ante todo, ciudadanos de este cambio de siglo, anónimos para muchos, cercanos y queridos para otros. Por volver a esa palabra tan relevante ahora: son los protagonistas de las transformaciones que ha vivido nuestra Comunidad desde la Democracia, y muy especialmente en estos últimos años.

Manuel Álvarez siempre quiso ser químico, y ahora lo ha conseguido, además de ser experto en Microbiología y Enología. Ha creado en Almendralejo una empresa que investiga aplicaciones para mejorar productos agroalimentarios, como el vino y el aceite, y tiene como producto estrella la levadura ecológica. Pese a ser el agroalimentario un sector históricamente inmovilista, afirma que la innovación -como la que él propone- es bien recibida, porque “hace ya unos años se comenzó a buscar el valor añadido a estos productos en Extremadura”.

Y Manuel tiene claro que aún hay mucho margen para la innovación en este campo, principalmente “en la formulación de alimentos funcionales, aprovechamiento de subproductos y extracción de principios activos”. Para eso hace falta talento, y este químico señala que al contrario de lo que ha ocurrido en épocas anteriores, actualmente “se queda mucho talento en Extremadura debido a las excelentes perspectivas”, a lo que se suma que “muchos de los que han salido están “volviendo a casa”.

De cara al futuro, lo tiene muy claro: “La innovación empresarial no es fundamental, es vital”. Sobre todo en un mercado global que hace imposible competir en precios y obliga a hacerlo en calidad, ofreciendo algún valor añadido. El que no dé ese paso, añade, sólo podrá competir en mercados locales. Para ello apuesta por un cambio en el modelo de ayudas a la I+D+i que facilite que las empresas puedan asumir esas inversiones.

De momento se va a aprobar una Ley de Ciencia, que a su juicio es necesaria si sirve para “acercar el conocimiento a la sociedad de forma que este conocimiento se traduzca en un beneficio a la sociedad”.

Manuel tiene claro que Extremadura tiene mucho margen de mejora porque tiene “una base excepcional”, sus valores naturales y su gente. “Extremadura ha pasado por muchas situaciones difíciles que han formado el carácter de sus habitantes, y los extremeños sabemos lo que es conseguir lo que tenemos a base de esfuerzo, a veces desproporcionado”. Algo que ha forjado “un carácter sólido, pero que nos permite disfrutar de nuestra tierra y llevar la cabeza bien alta”.

En su caso particular, siempre quiso desarrollar en Extremadura su proyecto vital y profesional y se considera “afortunado” por haber podido hacerlo.

Esta mujer jubilada de Santa Amalia es consciente de lo mucho que ha cambiado Extremadura desde que ella era una niña, especialmente en el mundo rural. En su caso, de pequeña no podía ir todos los días a la escuela porque, igual que su hermano, debía ayudar a su padre. Por eso, a los niños de hoy les lanza un mensaje: “Tenéis más suerte, vais todos los días a la escuela y os dan la oportunidad de seguir estudios superiores; tenéis calefacción en las clases, vuestros papás os llevan al ‘cole’ en coche; y los Reyes Magos os dejan muchas cosas”.

En todo este tiempo ha visto cómo mejoraban mucho las redes de transporte, pero por encima de todo destaca “la llegada de las nuevas tecnologías a los pueblos”, que “han proporcionado la globalización en todos los temas”. Por eso tiene claro que “Internet es el avance más importante de estos últimos años”. Se inició en las nuevas tecnologías el día que su hijo se dio de alta en Internet, y empujada por una curiosidad insaciable se apuntó a un curso de informática básica.

Después fue ampliando conocimientos en cursos impartidos por el Servicio Extremeño Público de Empleo para desempleados: Ofimática, Técnico Auxiliar en Diseño Gráfico, Experto en Autoedición, Diseñador de Web y Multimedia y Administrativo contable. Nada se le resistía, y cada curso que recibía la estimulaba a seguir formándose en otros para aportar esos conocimientos a las asociaciones culturales en las que trabaja sin ánimo de lucro, como Amigos de Santa Amalia o Raíces Amalienses.

“Si todos aportáramos parte de nuestro tiempo en trabajar en asociaciones en nuestros pueblos se conseguirían muchas actividades culturales, una sociedad participativa es una riqueza muy valiosa”, recalca. Con todo, Isabel afirma que vivir en un pueblo no le supone hoy ninguna cortapisa: en primer lugar, hay buenas carreteras; en segundo, con las nuevas tecnologías se siente “ciudadana del mundo”. Aboga por “profundizar en el conocimiento de nuestras raíces y conservar las tradiciones de la tierra”, ya que esto “nos ayuda a quererla y respetarla”.

Esta mujer de carácter resalta los avances en materia cultural, así como la labor de los Nuevos Centros del Conocimiento, que “cumplen una tarea informativa y de formación en las nuevas tecnologías importante para que las personas sientan esa inquietud fundamental para el aprendizaje”.

También habla de su participación en la campaña de Marca Extremadura, que le ha dado “la oportunidad de expresar mis sentimientos hacia lo que siento por esta tierra, por la cultura, las raíces y tradiciones a través de la música extremeña”. Destaca “el espíritu de la campaña”, que es -afirma- “unir a todos los extremeños, crear lazos, dar a conocer cosas positivas que pasan desapercibidas, quizá, por ser sencillas, pero que enlazadas adquieren fuerza cumpliendo una misión importante en nuestra sociedad”.

RAÚL VIROSTA

Raúl Virosta llegó por primera vez a Extremadura con 18 años, y fue entonces cuando visitó el ahora Parque Nacional de Monfragüe, también reconocido como Reserva de la Biosfera. Se encontró con “un lugar donde era posible ver animales salvajes en su hábitat y sin molestarlos, como si se tratara de un documental de naturaleza, pero donde el protagonista era yo”, rememora. Sus paisajes espectaculares le atraparon desde el primer momento, y poco a poco fue conociendo una Extremadura “muy exuberante, una alta calidad paisajística y, por supuesto, animales salvajes” que le acabaron “enganchando a esta tierra”. Una década después de su primera visita a la región decidió mudarse a Extremadura, donde fundó la empresa Monfragüe Vivo en 2002.

Para Raúl, el excelente grado de conservación del parque de Monfragüe se debe a una unión de factores, como que fuesen suelos poco productivos, lejos de los núcleos de población, y que estuviese formado por fincas privadas dedicadas sobre todo a la caza; además, afirma, de la gestión de la Junta y de la labor de los ecologistas impidiendo “un penoso proyecto de plantación de eucaliptos” en los años setenta. Él se encarga de acompañar a los visitantes de Monfragüe, y tiene claro que aún “no es suficientemente conocido”, por lo que apuesta por continuar con su promoción, que supone, añade, “una manera de divulgar y mediante la divulgación de sus valores naturales generaremos conciencia en la sociedad”.

Sobre la importancia de su declaración como Parque Nacional, Raúl Virosta resalta que “de alguna manera nos hemos convertido en una marca que no todas las regiones tienen, y considero que gracias a la ‘marca’ Monfragüe es posible que consigamos que haya más gente interesada en conocer Extremadura”. Y no se puede olvidar, insiste, que “el turismo debe ser una industria importante para Extremadura”. Eso sí, teniendo en cuenta que ese aumento de turistas no debe perjudicar al ecosistema, “uno de los grandes retos que tiene Monfragüe”.

“Es necesario que venga más gente a Monfragüe porque esto supondrá un aumento de la economía local, pero debemos tener muy claro que no vale hacerlo de cualquier manera y que debemos ser capaces de generar un modelo sostenible de visitas para garantizar el futuro”, asegura. Pero Virosta no es sólo un admirador de la belleza de Monfragüe, y destaca también la riqueza de otras zonas como La Vera, Las Hurdes, la Sierra de Gata, Las Villuercas y los Llanos de Cáceres.

En su opinión contar con estos recursos naturales “no es un regalo, sino una suerte que conlleva una gran responsabilidad, la de su conservación y mantenimiento”, aunque sin caer en el proteccionismo excesivo.

De cara al futuro, destaca la importancia de que se mantengan los núcleos rurales en estas zonas, y dice que “es fundamental conseguir que los pueblos no se abandonen y conseguir que sigamos existiendo personas que queremos vivir en entornos rurales, pero para ello es necesario garantizar una economía vinculada a los recursos rurales y el ecoturismo y turismo de Naturaleza”.

“La naturaleza es un valor en alza y tenemos que convencernos de eso, porque al final la naturaleza y la sostenibilidad de ésta se puede traducir en actividades económicas”, reflexiona Virosta. Sobre la campaña de Marca Extremadura, considera “un acierto” que se le haya dado “mucho valor a esa identificación con la gente que estamos aquí día a día”.

Lola Apolo, fisioterapeuta, y Concha Manzano, educadora especial, coincidieron en el momento y el lugar oportunos, con unas inquietudes compartidas y un sueño posible al que dieron forma. Se trataba de usar los caballos en terapias para niños con discapacidad. Un proyecto que echó a andar a partir de 2006. Su patrimonio en aquel momento era “el conocimiento y experiencia en terapias ecuestres, un par de caballos y sobre todo la ilusión por algo que creemos que debe existir en Extremadura, las terapias ecuestres y el caballo como un recurso al alcance de todos”.

A través de una beca del Gabinete de Iniciativa Joven -entidad que les apoyó desde el primer momento, recuerdan- consiguieron, por fin, empezar con las terapias en abril de 2007 en Valdebótoa. En estos poco más de tres años han conseguido, a través de esa asociación sin ánimo de lucro, desarrollar programas de terapias ecuestres, actividades de integración y equitación adaptada en Badajoz y Villafranca de los Barros con más de un centenar de usuarios.

Ellas tienen claro que Extremadura es el lugar ideal para una iniciativa como ésta, puesto que reúne el entorno natural, el clima, la cultura del mundo ecuestre… “y porque Extremadura es una región de oportunidades y hay mucho, mucho, por ofrecer, mucho por experimentar, y mucho por conocer”.

Aseguran que las políticas sociales están mejorando en la región y que cada vez se está intentando mejorar la atención a las personas con discapacidad, “pero aún no se ha conseguido el punto óptimo”. Quizás porque “no siempre se tiene en cuenta a la persona con discapacidad como lo que es una persona, desde un punto de vista integral, con unas necesidades físicas, educacionales, sociales, de ocio…”.

Donde sí se cumplen estas características es, por ejemplo, en los JEDES (Juegos Extremeños del Deporte Especial), “una buena apuesta”. En cuanto a la solidaridad y la disposición a colaborar con una iniciativa como la suya, no comparten que la sociedad extremeña sea poco solidaria, y recuerdan que su proyecto no funcionaría sin, precisamente, la colaboración y participación de voluntarios.

También hablan de su participación en la campaña de Marca Extremadura, que ha dado mucha más visibilidad a su iniciativa solidaria. Para ellas, “es una gran recompensa y reconocimiento a nuestro trabajo”, y con su contenido apuntan que se transmiten “unas cualidades de Extremadura muy reales y globales”, con “personas de todos los rangos de edades que están haciendo grandes cosas en Extremadura y que además quieren hacerlas en Extremadura por ser el lugar que les ofrece las oportunidades, que les escucha, que les proporciona paz y tranquilidad, seguridad, y que les aporta medios para desarrollarse como profesional y persona”.

María José Leyguarda, de 36 años, es agente de Empleo y Desarrollo Local de la Mancomunidad de Zafra-Río Bodión, concretamente en Puebla de Sancho Pérez, por lo que conoce bien la realidad de los pueblos extremeños.

Destaca, por encima de todo, que en las últimas décadas la Comunidad ha evolucionado mucho tanto en términos económicos como sociales. En el primer aspecto resalta el crecimiento del sector primario, que ha pasado a transformar, el desarrollo industrial y la apuesta por la innovación y por el sector servicios.

europeos llegados a la región hasta la fecha. María José tiene claro que ese desarrollo del que habla ha sido posible en gran parte gracias a esos fondos, pero también avisa de que hay que ser conscientes de que ese dinero “ayuda a iniciar los proyectos, pero luego hay que mantenerlos en el tiempo”, algo que a menudo se olvida. “Eso es lo más importante -recalca-, mantener esos proyectos en el entorno y en el tiempo, y ahí debemos aunar nuestros esfuerzos los extremeños”.Desde el punto de vista social, que es casi más importante, insiste en la importancia de que haya “más acceso a formación reglada y no reglada y más participación social”. Un ejemplo de esa facilidad de acceso a la formación lo constituye la extensión de las nuevas tecnologías por el mundo rural. Por su trabajo, además, conoce de primera mano qué se ha hecho con los fondos

¿Qué ocurrirá cuando dejen de llegar esas ayudas? En su opinión “todavía estamos a tiempo de crear una base”, y “los extremeños somos capaces de hacerlo”. Para ello considera que hay que apostar, como ya hacen muchas empresas de la región, “por productos y servicios de calidad, aprovechar el valor añadido de su entorno… y sólo así lo podremos conseguir”.

Y es que está convencida de que a pesar de todo las zonas rurales de Extremadura “sí tienen futuro”. “Pero todos los que trabajamos por y para Extremadura tenemos que hacer hincapié en la formación, y sólo así podremos mantener las estructuras en el territorio”. “Extremadura es única, por su gente, por su tierra, por lo que hay en ella, y ahora tenemos que disfrutarlo y que venderlo”, afirma.

José Luis Huertas es ingeniero informático y lidera en Cáceres un proyecto para aumentar la seguridad en las operaciones tecnológicas a través de soluciones biométricas, esto es, usando como medida de reconocimiento elementos únicos como son el iris, la voz y la geometría de las manos. Tiene claro que esta iniciativa -en la que trabaja con José Eulalio Arias, Miguel González, Abraham Holgado y Rodrigo Sánchez- “habría sido mucho más difícil” de desarrollar en Extremadura hace apenas unos años.

“Creo que en los últimos años se ha avanzado muchísimo en la potenciación del emprendimiento, la investigación, el desarrollo y la innovación en la región, lo que ha hecho que nos sintamos muy apoyados con nuestro proyecto”, asegura. Así, explica que nuestra comunidad autónoma se ha convertido “en un referente nacional” en todo lo relacionado con las nuevas tecnologías, al tiempo que avisa de la necesidad de avanzar en la misma línea que hasta ahora para evitar perder ese terreno ganado. José Luis destaca que su iniciativa es una de esas que “contribuyen a retener y atraer el talento a la región, que es lo que se necesita para generar proyectos de calidad que puedan competir internacionalmente”.

Cree que en algunos aspectos quizás hubiese sido más sencillo desarrollar su idea en Madrid o en Barcelona, e incluso en otro país, pero finalmente han decidido “apostar por tener una visión global pero hacerlo desde aquí, desde Extremadura, no sólo porque creamos que Extremadura es una gran región para innovar sino también porque queremos aportar nuestro granito de arena al progreso de la misma”.

De cara al futuro, apunta que “es muy importante el papel que debe jugar la Universidad de Extremadura” junto con otros organismos como los Centros de Investigación o el Parque Científico y Tecnológico “para que exista un puente eficaz entre la investigación que se realiza en los laboratorios de la universidad y las necesidades de empresas, de forma que los resultados acaben poniéndose en valor y revirtiendo en el progreso de la sociedad, y no queden como meros logros académicos”.

En cualquier caso, confía en que los futuros emprendedores “contarán con un tejido aún más desarrollado para convertir sus ideas en proyectos viables que generen valor para la región”. Sobre la nueva campaña de Marca Extremadura, se muestra “orgulloso” de haber sido elegido para formar parte de la misma, y opina que se ha acertado al “dar a conocer la calidad humana, capacidad e iniciativas de la gente de esta tierra, y no sólo nuestros recursos naturales o históricos, que quizá son ya más conocidos”.

Juan Ruiz había trabajado en otros países, pero siempre había tenido muy claro que su objetivo era regresar a Extremadura. Su idea era aprovechar su juventud para conocer otras culturas e idiomas, y aprovechar esas experiencias “para después volver a casa y desarrollar mi carrera profesional aquí aplicando todos los conocimientos adquiridos en el extranjero”. Y es que Extremadura le ofrece “calidad de vida en el sentido más amplio de la palabra”.

Juan explica que viviendo en el extranjero “quedan patentes algunas de nuestras carencias pero sobre todo se aprende a valorar todas nuestras virtudes” y mientras las carencias son fáciles de suplir “nuestras virtudes son muy difíciles de alcanzar para otros territorios”. En esos años descubrió que Extremadura aún no es muy conocida fuera de las fronteras españolas, algo que cree que puede cambiar porque “en Extremadura contamos con jóvenes cada vez mejor preparados con más experiencias y menos complejos, y ellos podrían posicionarnos como una región dinámica y vanguardista sin perder nuestro carácter hospitalario”. Algo a lo que está colaborando, añade, propuestas como la del Gabinete de Iniciativa Joven.

A su regreso a esta comunidad autónoma se encontró con que la región había avanzado mucho en diversos ámbitos, como la creación de colegios e institutos bilingües. El cambio más importante que ha notado es el de las infraestructuras, que “además de acercarnos al mundo y presentarnos ante éste como una región moderna, ha posibilitado la creación de nuevos negocios y puestos de trabajo”.

Para Juan Extremadura es “el mejor sitio” para criar un hijo, y ése fue, precisamente, uno de los argumentos que más peso tuvo a la hora de decidirse a regresar. Fue entonces cuando este emprendedor creó Baby Erasmus, el primer centro bilingüe de Educación Infantil de Extremadura. “No creo que ningún niño de España tenga ventajas sobre los extremeños”, asegura, aunque lamenta que a día de hoy todavía hay demasiado talento “que se pierde”. Y eso que está convencido de que en Extremadura hay muchas más oportunidades de negocio que en otros sitios porque hay muchos más proyectos por desarrollar.

“Creo que Extremadura tiene un potencial enorme para crear todo tipo de negocios” a pesar de las dificultades que se encuentra un emprendedor en el proceso. En su caso fue una guardería bilingüe, “el mejor regalo que le puedo hacer a mi hija Paula”. Considera que aprender un segundo idioma a una edad precoz supone una estimulación temprana de las capacidades del niño, y esto añadido a la capacidad de comunicarse en dos idiomas supone una ventaja competitiva enorme para nuestros hijos de cara al futuro.

En cuanto a la campaña de Marca Extremadura, la califica de “ejemplar” porque “en Extremadura siempre ha habido y habrá miles de ciudadanos anónimos que con su trabajo y esfuerzo han contribuido a hacer de esta región un lugar mucho mejor para vivir”.

Cuando este fotógrafo peruano llegó a España hace seis años no sabía demasiado de Extremadura aparte de que Pizarro era extremeño y el clima, según creía, “era muy duro”. Se afincó en Mérida, y reconoce que el cambio fue brutal. Desde el idioma -pese a compartirlo, notó mucho la diferencia en acento y expresiones- a detalles como lo largos que eran los días aquí.

Todo le impactaba. Hasta la amabilidad de la gente. Y sobre todo el Patrimonio, porque los restos romanos y los castillos sólo los conocía por libros y películas. Así que ir por la calle y encontrarse el Foro Romano… y luego el Templo de Diana, la Alcazaba… cruzar por un puente romano… “De verdad: aquel día me quedé sin palabras”. También le “enamoró” la gastronomía extremeña: el jamón, el vino, la caldereta, el gazpacho… hasta las migas que un pastor le enseñó a cocinar. Recuerda que desde el primer momento los extremeños lo recibieron con los brazos abiertos y “jamás” se ha sentido discriminado por ser extranjero.

De hecho, conoce a muchos inmigrantes que residen en Extremadura “y todos están contentos… La mayoría terminan por afincarse aquí, y esto es señal que esta tierra nos ofrece todo lo necesario (y más) para llevar una vida digna”. Lleva apenas seis años en la Comunidad, pero percibe que las cosas han cambiado mucho. Desde la apuesta por la creatividad y la imaginación en las empresas hasta la infraestructuras.

Por su trabajo como fotógrafo profesional está muy pendiente de proyectos novedosos, y por eso se atreve a afirmar que “Extremadura es sinónimo de innovación y desarrollo”. “Yo respiro que se están rompiendo los estigmas que decían que Extremadura sólo era agricultura y poco más”, insiste. Por encima de todo destaca de la Comunidad “la gente, la calidad de vida y el patrimonio que tiene”, y como fotógrafo se declara admirador de “las vistas que proporcionan los altos de los castillos, las dehesas, el entorno de naturaleza del Valle del Jerte y la Sierra de Gata”.

Jorge afirma que se emocionó cuando le propusieron formar parte de la última campaña de Marca Extremadura, porque nunca imaginó que le llamarían “para ser parte de una campaña a favor de la región”, algo que agradece profundamente.

Para él, estos vídeos “transmiten un mensaje real y positivo de la región, contagian el entusiasmo de los que apostamos por esta tierra, y en ellos se respira el profundo agradecimiento por las oportunidades que se nos brindan y el ánimo para seguir adelante trabajando”.

Santiago Béjar es un ejemplo de superación ante la adversidad, de constancia y, sobre todo, de mucho trabajo. Nació en Casar de Palomero el 27 de febrero de 1923, y fue uno de los miles de extremeños a los que la falta de oportunidades obligó a marcharse de su tierra a pesar de que ya había formado una familia.

Primero en Francia y luego en Holanda, intentaba siempre regresar a su casa, a su hogar, era “una obsesión”, pero la falta de estudios y de posibilidades de empleo en su pueblo, y a veces de un poco de suerte, le impedía conseguirlo una y otra vez, por lo que siempre acababa marchándose de nuevo.

Tras el fallecimiento de su mujer se encontró viudo y con cinco hijos que mantener, por lo que, tras un tiempo establecido en la región, viajó a Holanda a seguir ganándose la vida a costa de tener que separarse de casi todos sus vástagos.

En el extranjero trabajó en prácticamente todos los ámbitos posibles. Desde ayudante de cocina a trabajador de un hotel pasando por peluquero y campesino.

Finalmente cumplió su sueño y pudo volver a Extremadura. Se instaló en Plasencia, y allí, cuando ya había pasado las sesenta primaveras, de pronto decidió que quería tocar un instrumento tradicional, el tamboril. Su padre también lo tocaba, pero Santiago asegura que de pequeño ni siquiera le gustaba la música.

Pero había llegado su momento y se puso a estudiar, “aunque no como esa gente que pasa doce años en un conservatorio”. Hoy, a sus 87 años, es uno de los tamborileros extremeños más veteranos y queridos, tanto que la Asociación Cultural de Tamborileros Norte de Extremadura lleva su nombre. Y, según explica su familia, “la música es lo que le da ganas de vivir”.

Viaja por toda la Comunidad con su agrupación folclórica, y en ocasiones incluso a otras regiones (en septiembre estuvo en Madrid).

Desde que volvió a Extremadura no ha parado un momento, y aún se encuentra lleno de energía, sobre todo tras superar una grave enfermedad el pasado año. Santiago es un gran defensor del folclore de su tierra y anima a los jóvenes a que no dejen que esa rica tradición musical se acabe perdiendo. Para este veterano tamborilero estas canciones, “más de 1.000”, asegura, son una herencia que ha pasado de generación en generación.

Nació y creció, hasta los 12 años, en Granollers, Barcelona. Francisco del Pozo es un hijo más de la emigración de los años sesenta, cuyo padre regresó a su pueblo, Castuera, a tiempo para ver terminar de madurar a sus hijos en tierras extremeñas. Y como él, Francisco del Pozo, hoy, con 41 años, es empresario y un convencido de que Extremadura es una inversión rentable, sobre todo en sectores como el suyo, el de las energías renovables. De hecho preside la Asociación Empresarial de Energías Renovables de Extremadura (Aerex), con sede en Castuera, que aglutina a medio centenar de pequeños y medianos inversores en este campo. Su llegada a las renovables fue casi puro azar. El negocio hotelero que gestiona el grupo de empresas de la familia en el municipio de la comarca de La Serena, hotel Barón del Pozo, parecía un candidato ideal para convertirse en energéticamente autosuficiente con placas solares, de manera que montaron una pequeña instalación de 100 kilowatios.

Aquello les llevó a indagar en el sector y descubrieron el “enorme potencial” económico que escondía la región en energías renovables.

Era 2004, en pleno desarrollo de la inversión energética. “Nosotros nos apuntamos al carro”, explica Del Pozo. Al poco tiempo, de aquella primera iniciativa casera pasaron a construir dos parques fotovoltaicos de 1,6 megawatios, en Castuera, y de 2,7 megawatios, en Valverde de Leganés. Un tercero, aún más ambicioso, de 20 megawatios, está en proyecto en Castuera. A estos se suman otros eólicos y de biogás, también en proyecto.

Como le ocurrió a la familia Del Pozo, el potencial energético extremeño empezó a atraer a muchos otros inversores, y ante el riesgo de que los grandes grupos financieros de fuera de la región se comieran el pastel, los extremeños decidieron unirse. “Los pequeños inversores estábamos algo desamparados y necesitábamos tener fuerza ante otros potentes competidores para que la riqueza que podía generar el sector no saliera de la región. Porque Extremadura tiene un potencial enorme. Hay que aprovecharlo y que redunde en los extremeños”, declara Del Pozo.

Él preside ahora este colectivo empresarial, cargo desde el que proclama que Extremadura es “puntera y líder” europea en energía fotovoltaica, y lo será a nivel mundial en energía termosolar. “Estamos en primera línea”, asegura sin dudarlo. Empresarios como él intuyeron el alcance de este sector en la región y apostaron por su desarrollo. A ellos les representa Del Pozo en la campaña de Marca Extremadura.

Cuenta sin remilgos que cuando de niño llegaba en verano de vacaciones a Extremadura, a muchas casas no llegaba aún el agua corriente. “Ahora, ¿en qué pueblo no hay piscina? Si España ha cambiado un 50%, nuestra región lo ha hecho un 90%. No tiene nada que envidiar a ninguna otra región de Europa o del mundo. Como me dijo un amigo americano, si seguimos así podemos ser como Suiza”. A sus 41 años y a punto de iniciar estudios universitarios de Administración y Dirección de Empresas, porque la formación, dice, es “esencial”, Francisco del Pozo cree que los extremeños “podemos hacerlo”. “Se nos están quitando los complejos”, añade. Y a ello contribuyen campañas como la de Marca Extremadura. Aporta un último dato: “Mis hijos, y los de la mayoría, ya no tendrán que emigrar por obligación”.

BELÉN LÓPEZ

A Belén López le gusta hacer feliz a la gente. “Es lo más gratificante y satisfactorio de mi trabajo”, reconoce. Y ése es el servicio que vende la empresa que creó hace dos años en Casas del Castañar, Jertextrem: felicidad a través del deporte, la diversión y el riesgo. A sus 27 años, esta malagueña encarna la imagen de una Extremadura joven y suficientemente preparada y, sobre todo, llena de oportunidades. Por eso ha sido elegida como uno de los rostros de la nueva campaña de Marca Extremadura. Ella ha conseguido en esta Comunidad su sueño: convertir su “hobby en una forma de vida” y “disfrutar con el trabajo que hago”. Creó Jertextrem como una empresa de turismo activo, especializada en actividades de aventura como la espeleología, el descenso de barrancos, el piragüismo, el senderismo o la escalada, que se desarrollan en el Valle del Jerte.

Descubrió la comarca durante su etapa de universitaria en Cáceres. Estudió Ciencias del Deporte. Aunque trabajó durante esos años como guía de aventuras en las provincias de Granada y Huesca, ya veía en Extremadura, y especialmente en el Jerte, “un potencial” que pocas zonas de España tenían. Aquí, pensó entonces, podría iniciar su propia aventura personal y profesional.

“Extremadura sigue siendo la gran desconocida como destino turístico y los visitantes no se esperan lo que encuentran”, explica. Así que, con el deseo de contribuir a cambiar esta impresión, y con el apoyo logístico de Fomento de Emprendedores, que le cedió las instalaciones para ubicar la oficina, o el financiero del Gabinete de Iniciativa Joven, puso en marcha Jertextrem. “Las ayudas fueron fundamentales -afirma-, sin ellas nos hubiera costado mucho más arrancar”. Corría 2008 y ya se hablaba de crisis, por lo que para muchos montar una empresa con la que se avecinaba rayaba entre la locura y la temeridad. Belén López no se acobardó y el tiempo, de momento, le ha dado la razón. “La empresa ha tenido mucha aceptación y yo hago un balance muy positivo. La zona lo necesitaba y no nos hemos equivocado”. Ser pionera en la comarca ha jugado también a su favor. Cuando desembarcó en Casas del Castañar con su juventud, sus rastas, la ilusión de quien empieza y todos los aparejos de sus deportes, nadie se había aventurado aún a explorar esa vía de negonegocio turístico en el Valle del Jerte. “Podía ser un hándicap, porque muchos no se esperan que estas actividades puedan realizarse aquí, pero yo me lo planteé como un reto”, cuenta.

Hoy, el divertido y completo descenso de la garganta de los Papúos es una de las actividades más solicitadas por los turistas aventureros que llegan al valle en busca de nuevas experiencias con las que cargar sus mochilas.

Cuando ella y su pareja llegaron a Casas de Castañar, los vecinos les acogieron con la “hospitalidad” que, dice, “caracteriza a los extremeños”. “Al principio éramos un poco los forasteros, pero hemos ido conociendo gente y haciendo amistades sinceras. La gente en Extremadura es muy abierta, y en un pueblo se nota más. Hasta te traen fruta de temporada a tu casa”.

Así que en este pueblo de menos de mil habitantes, Belén López ha encontrado un hogar, que le brinda tranquilidad a un paso de la naturaleza. Y no echa de menos la ciudad ni nada que ésta pueda brindar y, si es por necesidad, “Plasencia está a menos de veinte minutos”. Pero para los momentos de felicidad, ella ya sabe dónde y cómo encontrarlos.

Un paréntesis al cáncer. Eso es lo que ponen 45 jóvenes voluntarios y universitarios de Badajoz en la existencia herida de los niños ingresados en la Unidad de Oncología del hospital Materno-Infantil de la capital pacense, y en la de sus padres. Durante dos horas y media cada día, los voluntarios animan, entretienen, divierten o imparten clases a los niños enfermos, mientras a sus padres les regalan tiempo libre lejos de las paredes del hospital “para tomar un café, dar un paseo, poner una lavadora… para que olviden unos y otros el sufrimiento”, explica José Antonio Rosa, fundador de esta iniciativa que lleva por nombre Dando calor, una de tantas que siembran de solidaridad la geografía extremeña.

José Antonio Rosa, natural de Villafranca de los Barros, de 32 años, casado, padre recientemente por tercera vez, profesor en el colegio de los maristas de la capital pacense y psicólogo de la Asociación Oncológica Extremeña, es la imagen de la última campaña de Marca Extremadura de esos miles de ciudadanos anónimos que hacen día a día una Extremadura con más corazón, sensible con los que sufren, solidaria con los más débiles.

“No sólo me ha gustado ser la voz de esos muchos extremeños que llevan en la mente y en el corazón la labor de ayudar a quienes lo necesitan, sino que me compromete aún más con lo que hago”, asegura.

“El anuncio -añade- refleja la sensibilidad extremeña ante el sufrimiento de los demás. Cualquiera de nosotros puede aportar mucha vida a ese dolor y, de hecho, la respuesta en la región es abrumadora”.

Dando calor nació como un programa “de respiro familiar”, para que los niños estén ocupados y entretenidos con juegos, actividades o clases de apoyo escolar mientras sus padres se dedican a sí mismo u otras tareas. Una plataforma que coordina a grupos vinculados a la diócesis de Badajoz con la asociación oncológica lo hizo posible. “Se aunaron voluntades de ayudar a los demás con la necesidad de ocio que había en el hospital”, detalla su promotor. Ya existía la plataforma de voluntariado juvenil Dando color a la vida, que atendía a otros colectivos, y hoy es la que nutre el equipo humano de este proyecto.

Al cabo de cuatro años, el trabajo ha transformado a los 45 voluntarios que se turnan para visitar a los niños y cubrir la jornada diaria. “No son únicamente manos, sino un objetivo. Esta experiencia les está aportando una serie de valores que les hacen cambiar actitudes y les aportan recursos para afrontar su propia vida”, afirma Rosa.

De este grupo, seis son maestras e imparten las clases de apoyo escolar a los hospitalizados dentro del programa Educando que es gerundio.

También existe un equipo específico de fiestas y cada quince días organiza alguna actividad divertida para “romper la rutina”. A ello contribuyen también las visitas esporádicas de caras populares, como la de la cantante Rosanna o la de los integrantes del grupo Los Despitaos. “La oxigenación es enorme, tanto para los enfermos como para los niños. Se relajan y su estado de ánimo cambia, y eso afecta de alguna forma a su recuperación. Los propios médicos consideran el proyecto como parte del tratamiento”, explica Rosa. Ése es el propósito de Dando calor: regalar dos horas y media al día para olvidar el cáncer.

A los 17 años, muestra ingenio e imaginación. Joaquín Tamayo, estudiante del instituto Menéndez Valdés de Villafranca de los Barros, imagina por ejemplo que en 2030, en Extremadura, todos los libros de textos serán gratuitos en Internet aprovechando el software de acceso libre, o que toda la energía que se produce con el funcionamiento de las máquinas de los gimnasios se recuperará, se acumulará y se aprovechará gracias a una bobina que la transformará. Las dos ideas están recogidas en Calorías por energías y Educación gratuita, no fortuita, un proyecto realizado por Tamayo y su compañero Baltasar Viniegra, premiado en el sexto concurso Imagina Extremadura en el 2030, que organiza anualmente el Gabinete de Iniciativa Joven en colaboración con los Espacios de Creación para estimular la creatividad de los jóvenes extremeños.

A Joaquín Tamayo le introdujo en la ciencia y la robótica su profesor de Tecnología García Álvarez Grajera hace dos años. El Espacio de Creación Joven de Villafranca facilitó el escenario para que el joven villafranqués participara en concursos de ideas poniendo en práctica diversos experimentos con su equipo Los Solfamidas.
El nombre del grupo está tomado de una banda musical que aparece en la serie animada Los Simpson, y está formado por nueve jóvenes de 15 a 18 años. En él, Tamayo ejerce de entrenador. Los Solfamidas ideó, por ejemplo, un sistema que mejora la eficiencia energética de los automóviles híbridos mediante unas placas denominadas peltier (utilizadas en los frigoríficos para la refrigeración) que se colocan en el tubo de escape y convierten el calor que desprende la evacuación de gases en energía.
Una empresa de Barcelona llegó a mostrar interés por el invento e incluso el proyecto llevó al equipo a Estambul para competir, en representación de Extremadura, en el torneo internacional de ingenio juvenil y robótica First Lego League.

“La gasolina es un combustible que tarde o temprano se agotará y hay que buscar otras opciones, como ésta, viable y económica”, explica Tamayo, convencido de que el aprovechamiento de la energía es el reto del siglo XXI.

Aún le queda un año para terminar el bachillerato, pero ya se ve el siguiente en la universidad estudiando Ingeniería Industrial para seguir cultivando su ingenio. Y después, se imagina a sí mismo en Extremadura, antes del 2030, con su propia empresa, investigando y desarrollando sus proyectos de robótica e innovación.
Ideas no le faltan y está seguro de que algún día las hará realidad en Extremadura. “Hay muchos jóvenes extremeños con imaginación y con ganas de hacer cosas innovadoras. Estamos viendo que nos están ayudando y apoyando desde las instituciones. Estoy convencido de que podemos desarrollar muchas ideas aquí porque la región tiene un gran potencial y muchos campos inexplorados”, asegura. Tamayo representa a esos jóvenes en cuyas mentes se construye la Extremadura del futuro.

JOSÉ MAESTRO

“Soy payaso. Siempre quise serlo”, asegura José Maestro (Plasencia, 1970). En realidad, iba para sastre por seguir los pasos de su padre. Estudió para ello e incluso gestionó su propio negocio de sastrería a medida durante seis años, pero se impuso la vocación de hacer reír a los demás.

“Me gustaba mucho la sastrería, pero nunca dejé el teatro y al final opté por él. Ya era payaso cuando me hice sastre”, explica.
Aunque nació en Plasencia, Maestro lleva toda la vida en Navalmoral de la Mata, y muy cerca de allí, en Talayuela, ha desarrollado su vocación y fundado una familia que acaba de dar la bienvenida a su segundo hijo.

Talayuela es la sede de la “apuesta de un grupo de gente por hacer algo original y diferente”, explica. En su opinión, en Extremadura han sido muchos los que se han empeñado en sacar adelante ideas singulares “y eso queda patente en la campaña de Marca Extremadura”.

En 1997, José Maestro se alió con Javier Ceballos para crear Asaco Producciones y promover espectáculos de teatro en la calle, especialmente circo. Tres años después montaron el centro El Quinto Pino junto a un tercer socio, José Carlos García, un escenario fijo para sus producciones situado en medio de un inmenso pinar de 500 años de antigüedad. “Es como una especie de casa del payaso”, detalla Maestro, donde ensayan, crean sus espectáculos y los muestran al público, generalmente escolar, en actividades organizadas.

El proyecto se completó hace dos años con El hotel de la risa, similar a un albergue para grupos, que programa espectáculos y actividades relacionadas con el circo en plena naturaleza. Allí se desarrolla este verano el campamento Circo en la naturaleza, en el que conviven cincuenta niños extremeños y alaveses.

“Nos ha llevado hasta aquí un sueño -dice Maestro-, el sueño de hacer lo que nos gusta. Los primeros años fueron difíciles. No sabíamos si íbamos a salir adelante. Pero al final hemos encontrado nuestro hueco y creemos que estamos aportando algo nuevo al campo del ocio aderezado con la risa”. Este “sueño” da empleo fijo a doce personas. Pero en temporada de máxima actividad pueden trabajar hasta veinte.

Quizás de lo que más orgulloso se siente este payaso extremeño es de su colaboración con la ONG Payasos Sin Fronteras, con la que ha viajado hasta Irak, Guatemala, Nicaragua o los campamentos saharauis, entre otros destinos, para hacer sonreír a niños que apenas tienen motivo para hacerlo. “Llevamos la saludable terapia de la risa donde más la necesitan”, dice, aunque en general, según su opinión, “cada vez hay menos risa en el mundo y demasiadas prisas e incapacidad para disfrutar”.

Eso sí, cree que en Extremadura “nos reímos más que la media”. “Yo tengo mucha esperanza puesta en la región. Nosotros apostamos y creemos en Extremadura. Por eso pusimos en marcha este proyecto innovador y tenemos a nuestros hijos aquí”, afirma.

Asaco Producciones, El Quinto Pino o el Hotel de la Risa no son fruto de una sola persona, aclara, sino de la implicación de varias. Y lo compara con la evolución de Extremadura que, a su juicio, es fruto de “la apuesta de todos los extremeños” y hasta de un puñado de payasos empeñados en provocar la risa.

ANA MONTALVO

“En Mérida, la arqueología forma parte de nosotros, de nuestras vidas”. Lo dice una arqueóloga emeritense, Ana Montalvo, para quien es imposible sustraerse al pasado en una ciudad como la capital autonómica extremeña. “Continuamente tus padres te hablan de cosas que han ido encontrando aquí y allí. Hasta mi abuelo participó en las excavaciones del teatro romano. Todo el mundo tiene algún vínculo con la arqueología”, cuenta. No es extraño, por lo tanto, que desde que recuerde deseara excavar en las entrañas de Extremadura para desenterrar nuevas huellas de su historia.

Nada más licenciarse en la Universidad de Salamanca, empezó a trabajar en yacimientos urbanos para el Ayuntamiento de Mérida. Participó, por ejemplo, en las excavaciones del circo romano, el proyecto del que más emoción le produce hablar “porque era el gran olvidado de la ciudad”, y contribuir a sacarlo a la luz fue “magnífico”.

Desde 1998, su trabajo se ha centrado en la recuperación de la Vía de la Plata romana, como coordinadora de todas las actuaciones arqueológicas del proyecto Alba Plata, el más ambicioso que ha llevado a cabo la Junta de Extremadura. “Cuando empezamos, era un proyecto singular, no sólo en la región sino en el resto del país. No se había planificado una actuación de tal envergadura”, explica.

No puede enumerar las veces que ha transitado durante doce años por la calzada que los romanos convirtieron en eje vertebrador de la península ibérica. “No he hecho otra cosa”, dice. En este periodo ha sido testigo de la recuperación de la vía y de su entorno. “Al principio de iniciarse los trabajos, cuando veíamos a un peregrino era como un día de fiesta para nosotros. Ahora, es casi imposible no encontrarte con nadie. Y los 43 pueblos por los que discurre la calzada viven ahora de cara a ella. Antes, hablabas de la Vía de la Plata y parecía cosa de eruditos”, comenta.

El proyecto Alba Plata no sólo ha significado la recuperación de la calzada en sí, sino la creación de diversas infraestructuras turísticas y culturales en el entorno. Así, se han construido albergues o centros de interpretación, lo que ha devuelto la vida a muchos de los municipios por los que discurre, y que han encontrado en ella “una fuente de riqueza y de futuro”.

Del resultado, dice estar “muy satisfecha”. No en vano, el proyecto ha recibido varias distinciones europeas, entre ellas el premio a la conservación del paisaje cultural, concedido por la organización Europa Nostra, que aglutina a varias oenegés que velan por el patrimonio europeo.

Alba Plata desarrolla actualmente su segunda fase para ampliar el conocimiento de la historia de la vía en todas sus facetas. Siguen recuperándose la calzada y yacimientos, y se construyen dos albergues en San Gil y Alcuéscar, y un centro de interpretación en Los Santos de Maimona sobre la industria de esta localidad. “Lo mejor que se ha hecho en esta iniciativa es que no se planteó únicamente como una excavación, sino que el proyecto da igual importancia a la protección y a la divulgación”.

Por eso entiende que la campaña de Marca Extremadura haya puesto su foco en la Vía de la Plata. “Si hay una cosa por la que destaque esta región es por su patrimonio y Extremadura somos todos -reflexiona-. Los que estamos y los que estuvieron. También aquellos extremeños de hace dos mil años”.

JUAN MOLERO

Nunca imaginó que trabajaría en el sector del ajo, sin embargo siempre ha deseado un puesto como el que ostenta ahora: gerente de una cooperativa. Juan Molero, sevillano de nacimiento, aunque extremeño por parte de madre, natural ésta de Aceuchal, gestiona desde hace un año y medio la Cooperativa Extremeña de Ajos de Aceuchal, formada por 41 agricultores. En las 200 hectáreas de cultivos que explotan, y que están distribuidas entre Olivenza, Badajoz y Portugal, trabajan cincuenta personas. En temporada de máxima actividad el número de empleados llega a setenta.

Juan Molero tiene 31 años. Estudió Gestión y Dirección de Empresas en Sevilla y se especializó en economía social y cooperativa. Siempre estuvo vinculado a Aceuchal y al campo por tradición familiar, aunque a otros sectores del mismo. De hecho, es socio de cooperativas de uva y aceituna, los productos emblemáticos de la comarca de Tierra de Barros. El ajo es el gran desconocidodel campo extremeño a pesar de que la región es la tercera productora nacional con seis millones de kilos anuales. De ellos, dos millones proceden de esta cooperativa y se distribuyen en el mercado nacional -actualmente la cooperativa tiene como clientes a Eroski y Leclerc y está en negociaciones con Carrefour- y también en Argelia, Portugal o Italia. “La campaña de Marca Extremadura ha sido muy grata en ese sentido, porque no es un sector muy conocido y pone en valor las cosas que se están haciendo en el campo extremeño”, destaca Molero.

La agrupación de Aceuchal, que cultiva la variedad de ajo spring (morado), busca abrir nuevos mercados y vías de comercialización. Para ello se ha puesto en manos de Juan Molero, quien confía, sobre todo, en las expectativas de la innovación que permita, por ejemplo, crear atractivos envases y mejorar sus ventas. A través del Instituto Tecnológico Agroalimentario de Extremadura (Itaex) y el Centro Tecnológico Agroalimentario (Cetaex) se investiga en una nueva línea de productos, como crema de ajo, dirigidos a industrias cárnicas y de embutidos, o sistemas de envasados específicos para la hostelería y la restauración.

La innovación es el futuro del campo si se quiere calidad para competir. Así lo entiende Molero, quien considera que el sector agrario ha experimentado “un gran avance”. Prueba de ello, asegura, es la agrupación de los agricultores en estas cooperativas -la de Aceuchal se fundó hace cinco años- o la “modernización radical” de muchas de las explotaciones.

A pesar de ello, “aún se podrían hacer muchas más cosas, porque hay mucho potencial, pero falta un cambio de mentalidad. El mundo agrario es muy complicado y los cambios, difíciles. Aún es un sector tradicional”, sostiene.

En las reuniones de la Unión Extremeña de Cooperativas Agrarias (Unexca), que agrupa a 250 cooperativas de la región, Juan Molero es el gerente más joven. “No es algo común”, reconoce. Y por ello mismo, un síntoma de que algo está cambiando en el campo extremeño.

Su nombre y apellido hablan sin duda de su procedencia, el País Vasco. Nació en Irún hace 28 años, pero hace dos cambió el paisaje del norte por el extremeño. La música trasladó en noviembre del 2008 a Ohiane Igerabide hasta Badajoz, en cuyo conservatorio imparte clases de arpa.

“Me surgió la oportunidad laboral y decidí venirme. No conocía Extremadura y una vez aquí me sorprendió sobre todo su paisaje y su naturaleza, tan inalterada. Tenía una imagen de una tierra más seca, no tan bonita”, explica.

Llegó acompañada, por supuesto, de su arpa. Empezó a tocarla a los 8 años. Cuando sus padres la invitaron a estudiar música, ella eligió este instrumento de cuerda, uno de los más antiguos que se conocen, por su sonoridad. “La escuché en la radio y me pareció tan dulce que me decidí por ella”, cuenta.

Veinte años después enseña a tocar este instrumento a quince niños de Badajoz de entre 7 y 18 años, la mayoría chicas. “No es que sea un instrumento femenino -explica-, e incluso ha habido muchos artistas de arpa varones, pero a los chicos les suelen gustar otros sonidos”.

En la campaña promocional Somos Extremadura, Igerabide es la imagen de esos extremeños de adopción a los que ha conquistado esta tierra en los últimos años. “En Extremadura -señala-, se acoge muy bien a la gente de fuera, al menos a la vasca”. Su participación en la campaña de Marca Extremadura fue toda una “sorpresa” para ella misma, porque es “muy tímida”, pero lo hizo por la difusión del arpa y el fin de la iniciativa publicitaria.

En el anuncio se la puede ver por las calles de la ciudad empujando su arpa de casi dos metros de altura y cuarenta kilos de peso sobre una plataforma móvil. Poco a poco, sus vecinos se han ido acostumbrando a verla arrastrando ese armatoste con ruedas y ella se ha integrando en la vida de la ciudad.

Además de las clases, forma parte de dos grupos musicales: Ensemble XX-XXI, de música contemporánea, y Guadianart Ensemble, que interpreta un repertorio más general. Con ambas formaciones ha ofrecido conciertos en Badajoz y Mérida y espera hacerlo muy pronto en otros lugares de la geografía extremeña e incluso exterior.
Su actividad en estos grupos le ha permitido conocer la agenda musical de la ciudad y el entorno, y se ha sorprendido. “Hay bastante actividad musical. Yo me esperaba que estuviera más parada, porque creía que no había demasiada tradición. Sin embargo, hay varios ciclos de conciertos, de la Sociedad Filarmónica de Badajoz, la Orquesta de Extremadura…”. Es precisamente esta última, en su opinión, la que ha revolucionado esa agenda llenándola aún más de contenido.

Además del trabajo en el conservatorio, sus proyectos musicales más personales la atan a Badajoz. “Subo una vez al mes al País Vasco a ver a mi familia y mis amigos -incluso a tocar con otro grupo del que sigue siendo integrante allí-, pero ahora prefiero estar aquí, y tengo intención de continuar al menos unos cuantos años”.

Cada noche, Julia Guillén se pone su uniforme blanco y vela el sueño de los ancianos internos de Nuestro Hogar, la residencia de la tercera edad de Brozas.

A Manolita la ayuda a acostarse. Con Sofía y Maricruz charla de la familia y cosas del día, lo mismo que hacía con Lorenza cada noche hasta hace veinte días, en que falleció. “Le tenía mucho aprecio. Se les coge mucho cariño porque a veces somos como un familiar para ellos”, afirma Guillén.

Así que ella acude al trabajo como si fuera a visitar a sus propios abuelos y termina la jornada con la satisfacción de “haber ayudado a una persona que lo necesita”.

“Es muy gratificante atender a los mayores. Cuando nacemos, cuando somos niños, tenemos un montón de gente a nuestro alrededor, pero al envejecer, parece que nos abandonan y se llega a un punto que hasta parecemos un estorbo”, lamenta. Por eso valora tanto lo que hace como auxiliar de Gerontología en este pequeño centro brocense, que sirve de hogar a cuarenta ancianos, a los que regala unos minutos de “felicidad”.

Guillén tiene 38 años y toda su vida ha transcurrido en Navas del Madroño, un pueblecito cacereño cercano a Brozas y Arroyo de la Luz de poco más de 1.600 habitantes. Allí ha crecido y ha formado una familia. Allí, entre Navas y Brozas, está casi todo su mundo. La ciudad apenas le atrae y menos ahora “que ha cambiado todo tanto en el mundo rural”, asegura. “Todavía hay dificultades -reconoce-, pero no es como hace unos años. Aquí, por ejemplo, antes no había trabajo para nosotras y ahora hay servicio de ayuda a domicilio para dependientes y personas mayores, pisos tutelados y residencias de ancianos, centro de salud… en los que podemos trabajar. Muchos todavía tienen que irse fuera, claro, pero ya no es igual”. Incluso la vida de las mujeres ha ganado en independencia y modernidad, aunque sobre la igualdad aún hay terreno sin labrar en algunas mentalidades. Sin embargo, “tengo por norma no amedrentarme por nada”.

De su vida en un pueblo destaca sobre todo la tranquilidad, la falta de prisas o la cercanía del campo. “Los servicios en general -señala esta auxiliar- han evolucionado muchísimo. Todo tiene su tiempo y se va avanzando despacito, pero vivir hoy en un pueblo extremeño no es como hacerlo hace cuarenta años. Se ha ganado en comodidad y en calidad de vida. Incluso los recursos para las personas mayores han dado un paso de gigante”. No en vano, recuerda que actualmente mucha gente abandona las ciudades para vivir en los pueblos.

Julia Guillén se siente especialmente orgullosa de representar a su tierra en la campaña de Marca Extremadura y a todos esos extremeños anónimos que, como ella, tienen trabajos sencillos, vidas sencillas, pero que aportan “su granito de arena” al desarrollo y el bienestar de la comunidad.

“Ha sido una forma de valorar mi trabajo, y con ello el de todos esos ciudadanos anónimos, porque todos hacemos y somos Extremadura”, sintetiza copiando el eslogan de la campaña.

EVA ROMERO

Acaba de llegar de un casting. El director teatral Denis Rafter y el actor y productor extremeño Vicente Moirón buscan a la actriz principal del próximo montaje de Teatro del Noctámbulo, La decisión de John, de Mike Bartlet, y Eva Romero (Guareña, 1977) fue preseleccionada para hacer las pruebas junto a otras 39 actrices.

Quiere vivir sobre un escenario y trabajar con una compañía y en una producción importantes. Con el mismo énfasis que ha puesto en los ensayos, intenta que sus alumnos de la Escuela Municipal de Teatro de Guareña, “amen tanto el teatro” como ella. “El teatro es mi vida, una fuente inagotable de aprendizaje, una herramienta de civilización y socialización, que se convierte en arte cuando hay talento”.

Eva Romero estudió Filología Hispánica en Cáceres y en ese periodo inició sus contactos con el teatro a través de cursos y talleres, que le dieron una primera formación amateur. En 2004 se matriculó en la Escuela de Arte Dramático y ya entonces impartía clases de teatro en la escuela municipal de su pueblo a grupos de mujeres, niños y jóvenes. Con los más jóvenes realizó sus primeros montajes, El Principito y Caligramas, que obtuvieron diversos premios autonómicos e incluso nacionales en los galardones anuales del Ministerio de Cultura.

Actualmente, la escuela que ella dirige cuenta con diez grupos de alumnos, unos 150, de edades que oscilan entre los 3 o 4 años y los 76. Amas de casa, niños, jóvenes o discapacitados, con los que ha creado un grupo especial de integración, han encontrado en el teatro una nueva “herramienta de desarrollo personal y de ocio”, explica Romero. Todos ellos reciben clases gratuitas de formación teatral y cada año ponen en pie algún montaje que representan en el festival Escénicas de la localidad, que dura diez días y que organiza la escuela.

Está especialmente orgullosa de que en su pueblo haya niños que les lloren más a sus madres por apuntarse a las clases de teatro, que tienen lista de espera, que por el fútbol. “Año a año se han ido creando adeptos, incluso dos o tres alumnos completan sus estudios a nivel profesional”, señala Romero.

Por eso, “es una suerte” hacer teatro en Guareña, dada la afición que existe. “Me faltan manos”, reconoce. Así, con poco más de 7.000 habitantes, Guareña y su escuela forman una cantera de aficionados al teatro, cuya labor ha querido destacar la campaña Somos Extremadura.

“Nunca pensé que mi historia de vida y de trabajo pudiera ser protagonista de algo así”, asegura Romero. Así que ha sido un “honor” participar en estos anuncios “que ayudan a conocer Extremadura, ofreciendo un abanico muy variado de gentes que hacen cosas interesantes y que dan una imagen atípica y alejada de los tópicos de siempre”.

Tópicos, en su opinión, como que los pueblos carecen de actividades culturales o interés por la cultura. Este pequeño municipio es sólo un botón de muestra. De hecho a Eva Romero no le tienta vivir en una gran ciudad. “Aquí tengo la tranquilidad que necesito, y este exceso de trabajo no podría asumirlo en otro lugar”, asegura. Sólo subirse a un gran escenario la arrancaría de Guareña, aunque nunca definitivamente.

TEXTO: J.R. Alonso de la Torre

Cada vez que Amelio Retortillo golpea la chapa con su martillo, y lo hace 2.000 veces con cada pieza, se cumple un rito ancestral: el esfuerzo del cencerrero por conseguir su obra. Los cencerros de Amelio no son una obra maestra y él no es un revolucionario, pero es su obra y su afán, y en la cadencia diaria de cada obra y de cada afán se va creando Extremadura de sol a sol. Amelio hace la revolución en Montehermoso y la bailarina Elena Lucas la realiza en Casar de Cáceres buscando nuevos pasos, intentando rasgar el aire de una manera nueva con su danza. La revolución es así, una cosa de gente sencilla, anónima, que se preocupa de hacer bien su trabajo, sea el que sea.

Amelia Coloma es bodeguera en Alvarado. Su padre fue pionero en la búsqueda de nuevas variedades de uva que sacaran Extremadura de lo monovarietal, del sota, caballo y rey de la pardina y el tempranillo. Esta bodeguera consigue tintos como el Coloma Merlot y el Coloma Garnacha que las guías puntúan muy alto y los importadores buscan con determinación. Amelia es una revolucionaria anónima del vino en una región rica en bodegas y proyectos como el de Paco Moreno, que regresó a su tierra tras perfeccionar riojas y albariños para crear un tinto estrella en Almendralejo, o como el de Antonio Garzón, el último bodeguero llegado al club. Antonio es representante de farmacia, pero también saca su tinto nuevo en su nueva bodega de Riolobos.

En Cáceres hay una tienda especializada en trajes de novio. Escoger los cortes, arriesgar con los modelos, probar, aconsejar… Actos revolucionarios sencillos que realiza con dedicación Jesús Lucas. La misma que pone en cada corte de pelo Sandra Beites, peluquera de Piornal, que estudia, ayuda en el bar de la familia y da mechas y lo hace todo con esmero.

La vida es una revolución permanente y los cambios duraderos son los que se consiguen a base de pequeños detalles. Los que mima el investigador Jorge Ruiz en el laboratorio de Veterinaria de la UEX buscando nuevas posibilidades en la alimentación, los que retrata José A. González Carrillo en Olivenza para confeccionar sus libros de fotografía, los que inspiran al pianista Guillermo Iriarte para componer en Cáceres sus conciertos, que se escuchan luego en toda Europa.

Anonimato creador de Ana Hernández del Amo en su estudio de pintora tras formarse en las escuelas de bellas artes de Sevilla y Barcelona y en la Academia de España de Roma. Anonimato empresarial de Jorge Gruart confeccionando revolucionarios tapones de corcho en Mérida. Anonimato de José Vicente Granado, que fue cura, que ha dejado de serlo, que era teólogo y lo sigue siendo, que preside uno de los ayuntamientos más pequeñitos de Extremadura, Pescueza, con el objetivo primero de que el pueblo no se quede vacío.

Angelines Gómez es payasa y tiene una familia de payasas. Pocos actos tan revolucionarios como ser payasa en Miajadas, como recorrer con sus hijas los pueblos de Extremadura desde hace tantos años llevando la risa inteligente a las escuelas, a las plazas. Esmeralda Blanco es abogada, es solidaria, es cooperante, trabaja en el restaurante de su familia de Badajoz y en cada labor pone la vida. Y el alma, como hace Pedro García, director de la banda de música de Llerena, inventando continuamente procedimientos para que los músicos jóvenes no se cansen y se enrollen con marchas y pasodobles.

Extremadura está llena de revolucionarios de la cotidianeidad a los que nadie conoce fuera de su entorno. Procuran ir más allá de lo consabido, de la inercia… En su labor callada anida un germen de cambio, una simiente de evolución que parece no valorarse si no se conoce. Pero es que los pueblos evolucionan calladamente, sin necesidad de megafonías. Aunque no te publicites, existes… Existe Pablo Ramiro, ingeniero forestal e impulsor con un grupo de socios de un huerto ecológico que nutre por Internet a sus clientes. Existe Laura Baquero, joven arquitecta de Navalmoral, recién regresada a su tierra después de formarse por el mundo y adalid entusiasta de la arquitectura con conciencia, con sentido. Existe Víktor Vehemencia, productor musical de grupos de rock, de conciertos grandes y pequeños, de zarzuelas y de libro-discos.

Concha de Miguel investigando sobre el vino en Badajoz. Abelardo Martín trascendiendo la mera labor de constructor con iniciativas deportivas y culturales en Cáceres. Diego Vigeriego elaborando uno de los aceites más ricos y sorprendentes de Extremadura, jugo de arbequinas envasado en botellas llegadas de Trento… O Luis Clemente, deportista, profesor, ciclista, periodista deportivo… Y Diego González, poeta, novelista, periodista, productor de televisión…

Extremadura rebosa de gentes anónimas que hacen funcionar la región. No son los iluminados ni los vips ni los rostros populares quienes salvan los países. Hay jóvenes que quieren irse a vivir a Madrid para vivir cerca de los famosos. Ilusos de la fama: solo en el silencio se fraguan las verdades, la autenticidad, el progreso. Silencio del arquitecto Joaquín Bohórquez editando su revista de arquitectura, Habitex, un ejemplo de rigor y aportación. Silencio de Marisol Borrella, anónima en Casar de Cáceres, ermitaña, cuidando a la Virgen del Prado y sirviendo gastronomía regional de verdad en el campo de la ermita. Silencio de Julián López, tantos años en el Horno San Fernando de Cáceres, revolucionando la pastelería extremeña.

Higinio es guarda forestal en Helechosa de los Montes. Luis García es profesor universitario y ha creado un negocio hostelero que es referencia en la parte antigua de Cáceres. Fernando Masa es médico y sus avances e investigaciones han convertido la Unidad del Sueño del Hospital San Pedro de Alcántara en referencia nacional. Sara Míguez compone y enseña música. Milagros es guía turístico en Cáceres. Juanfran, director y locutor de la radio municipal de Ribera del Fresno. Javier vende coches en un concesionario. José Marcelo Muriel es ingeniero y dirige una empresa puntera de automoción. Tino es sacerdote. Juan Carlos Rincón, teniente coronel. Felipe Salgado, pescadero… Todos ellos son extremeños anónimos, revolucionarios de las cosas bien hechas, tipos normales, gente corriente. Gracias a ellos, Extremadura es una marca, un proyecto en común, un ejemplo de convivencia sin presunciones ni alharacas. Hombres y mujeres con sentido común.

Al norte y al sur de la región, una revolución silenciosa va procurando que las cosas se hagan bien, sin más, sin pretensiones deslumbrantes. Casos sencillos los de estos 40 revolucionarios anónimos, desde Francisco Javier Camisón, al norte, que anima uno de los envites culturales más interesantes y escondidos de la región, Proyecto M, en Zarza de Granadilla, hasta Manuel González Sousa, muy al sur, cartero de Cheles y editor con su mujer de una revista fronteriza, Raya-Raia Viva, en Valencia de Mombuey.

TEXTO: Andrés Manzano

Una exposición recorre Extremadura. O, mejor dicho, algo más que una exposición recorre buena parte de la geografía extremeña, con una palaba en mayúscula como lema posible: Realidad. Dicho de otro modo, es la realidad extremeña la que viaja en paneles y vídeos, en la voz y en los gestos de muchas personas. “Somos Extremadura”, además de la campaña de comunicación que ha protagonizado este número de ‘Imagen de Extremadura’, y buena parte del anterior, dada su relevancia, es también una perfecta muestra, puesta en pie por Marca Extremadura, de qué somos hoy y de cómo hemos evolucionado (¡por fin!) en estos últimos años.

“Entra” uno en el espacio de esta exposición como si llegara a una verdadera plaza pública, a un ágora del conocimiento y del encuentro. Los títulos o lemas de los diferentes paneles abren enseguida los sentidos y la mente: “sensaciones”, “innovación”, “sabores”, “participación”… y “futuro”.

El concepto que resume el carácter de Extremadura y de sus gentes, tan bien definido aquí, es el de “equilibrio”, verdadero leit motiv de esta exposición. Y se opone a algunas de las prácticas, propias de modelos obsoletos, que están en el origen de la situación de crisis mundial que padecemos… Sí, es cierto: el modelo de desarrollo que Extremadura viene proponiendo desde hace años está presidido por el equilibrio.

Equilibrio social: con políticas de igualdad que permiten la nivelación entre clases. Equilibrio económico: con iniciativas que incentivan la pequeña y mediana empresa al tiempo que apoyan industrias tractoras en sectores claves. Equilibrio medioambiental: con medidas de conservación natural compatibles con el desarrollo económico y humano. Equilibrio generacional: con programas que acompañan el esfuerzo actual de los adultos con la participación de los jóvenes en el futuro. Equilibrio territorial: con un poblamiento racional en una red de pequeñas ciudades y localidades con equipamientos suficientes. Y equilibrio vital: con tiempo para las cosas que queremos.

La exposición muestra también las diferentes etapas del proyecto político, social y económico de transformación de la Comunidad impulsado por la Junta de Extremadura desde 1983, e iniciado en 1979 por los primeros ayuntamientos democráticos de la región: las reformas sociales; la dotación de infraestructuras; la inversión productiva, con la consiguiente creación de empleo, etc. Pero, sin duda, uno de los aspectos más interesantes es el gran acopio de datos que ofrece. No hay aquí prospectivas ingenuas o repasos bienintencionados y partidistas, sino realidades, y esto, más que ofrecer un “espacio”, nunca mejor dicho, para la autocomplacencia de los visitantes, los incita a pensar en cuánto se ha logrado durante estos últimos años, y a seguir, sin alharacas, una de las evoluciones más sorprendentes de la Europa moderna: la de una región que ha llegado al Primer Mundo desde parámetros propios del Tercero.

Como decía, los lemas, las evocadoras claves, anticipan los datos y nos hacen reflexionar: “oportunidades para la innovación”, “la tierra de los tesoros compartidos”, “un paisaje de sensaciones”, “la riqueza gastronómica”… Sí, “¡cómo hemos cambiado!”.

Al recorrer los diferentes espacios de la exposición queda clara la estrategia que Marca Extremadura desarrolla desde 2006, y que ha consistido en mostrar primero la nueva Comunidad que hemos construido entre todos los extremeños, reflexionando sobre lo que hace diferente a Extremadura, invitando a buscar ese equilibrio que antes citaba y reflejando nuestra filosofía vital. Así nacía “Tiempo para las cosas por las que vivimos”. Y, a partir de ahí, construyendo esa imagen de marca, esa identidad de Extremadura, con la implicación de todas las generaciones de extremeños: “Todos somos Marca Extremadura”, un llamamiento a construir esa imagen que queremos que se tenga de nosotros para, bajo esta seña de identidad, mostrarnos como “Somos Extremadura”, la tarjeta de presentación de Extremadura al mundo.

NOTICIAS

MARCA EXTREMADURA PREMIADA POR LA DENOMINACIÓN DE ORIGEN TORTA DEL CASAR
La Denominación de Origen Torta del Casar ha premiado a Marca Extremadura por difundir la imagen de nuestra Comunidad tanto dentro como fuera de ella, y por emplear este prestigioso queso, que se cuenta entre los más famosos del mundo, como uno de los elementos culturales fundamentales de la región.

Dicho premio, que concede cada año la Denominación de Origen dentro de las actividades de la Semana de la Torta del Casar, ha sido concedido también este año a Caja Extremadura y al conocido cocinero cacereño Eustaquio Blanco, a título póstumo.

En la entrega de los galardones, la Vicepresidenta de la Junta de Extremadura, Dolores Pallero, recordó el destacado papel que ocupa la Torta del Casar como seña de identidad de nuestra gastronomía y marca de calidad de la región. En el mismo acto, la Vicepresidenta recordó que la importancia de un proyecto “de todos los extremeños” como Marca de Extremadura -que surgió para terminar con tópicos que han condicionado nuestro pasado; que nació, no para terminar con una mala imagen, sino para suplir la falta de imagen- hace necesario que perdure en el tiempo.

MARCA EXTREMADURA SE ALZA CON EL PREMIO A LA PROMOCIÓN DE EXTREMADURA
Marca Extremadura ha obtenido el Premio a la Promoción de Extremadura en la decimoquinta edición de los Premios Empresario Extremeño, promovidos por el diario El Periódico Extremadura.

Este galardón reconoce a Marca Extremadura como una de las iniciativas de difusión más relevantes de nuestra Comunidad.

En la imagen de Marca Extremadura, que más que un nombre o símbolo es el sello de identidad de Extremadura, no sólo se engloba la riqueza de sus pueblos y de sus gentes, sino aquellos valores emocionales que son la esencia de la región… Esta fusión de elementos ha creado una identidad corporativa que tiene como objetivo ser el sello de la Comunidad, y que pasa a formar parte de sus “rasgos” de identificación, del mismo modo que lo son ya su bandera, su escudo o su himno.